Por Jimmy Sierra
En la República Dominicana, desde 1961, año del ajusticiamiento del dictador
Trujillo, existe un sólido movimiento teatral. Hay una veintena de salas
importantes en el país, entre las que se destacan el Teatro Nacional, el Palacio
de Bellas Artes y Casa de Teatro, en la capital, Santo Domingo. Además, el
Teatro Popular del Centro, en Santiago de los Caballeros, el Teatro de La Vega y
la Sala Cándido Bidó, en Bonao.
En el país se produce varios centenares de montajes al año, así como varios
festivales y temporadas de teatro nacionales. También, a menudo se celebra un
festival internacional.
El promedio de un boleto de entrada es de alrededor de unos cinco dólares.
En la actualidad, operan unos 30 grupos de teatro, diseminados por todo el país.
El grupo que ha tenido más éxito es el “Grupo Nuevo Teatro”.
El dramaturgo más importante del país es Franklin Domínguez.
El director más importante es Rafael Villalona.
Hay varios premios de teatro. El más importante es el Premio Nacional de Teatro.
BREVE ESQUEMA HISTÓRICO
Antecedentes
Los primeros habitantes de la isla, los indios taínos, desarrollaban cierto tipo
de representación dramática, por medio de festividades, generalmente religiosas
–los areitos, en las cuales rendían tributo a sus dioses.
Pero la primera persona que hizo una verdadera representación teatral, un
entremés, lo fue Cristóbal de Llerena, quien nació en Santo Domingo a mediados
del siglo XVI.
Sin duda que, durante los dos siglos siguientes los habitantes de la isla
disfrutaron de diversas manifestaciones dramáticas, pero no fue hasta la
fundación de La Trinitaria, grupo que buscaba la independencia plena de la parte
española, a partir de 1838, cuando se evidenció la necesidad de utilizar la
escena como recurso para hacer conciencia de la población acerca de la
problemática existente. Fue así como los trinitarios fundaron “La Filantrópica”,
organización destinada a continuar por medio del arte escénico la lucha
desplegada en procura del a independencia.
La Filantrópica montó varias obras en el sentido expuesto, entre las que figuran
“Bruto o Roma Libre”, “La viuda de Padilla” y “Un día del año 23 en Cadiz”.
La conquista de la independencia en 1844 y, posteriormente, la restauración de
la misma en 1865, luego de la anexión a España, fueron hechos que favorecieron
el desarrollo de las diversas manifestaciones artísticas, incluido el teatro el
cual, sin embargo, acusó notorias debilidades.
No fue sino hasta la instalación del régimen dictatorial de Trujillo cuando se
creó una estructura oficial, el “Teatro Escuela de Arte Nacional”. Este
organismo, como se comprende, no permitió el libre desarrollo de las ideas.
Aunque sentó las bases para la formación técnica de numerosos jóvenes que,
posteriormente, desarrollarían sus inquietudes de una manera diferente. Tal es
el caso de Franklin Domínguez, Rafael Gil Castro, Niní Germán, Monina Solá,
Máximo Aviles Blonda y otros.
De igual forma, durante la “Era de Trujillo” funcionó el “Cuadro Experimental
María Martínez”, cuyo nombre era un tributo a la esposa del dictador. Ambas
entidades implicaron el montaje de numerosas obras del teatro universal,
permitiendo el desarrollo de aquellos que participaban en ellas.
El ajusticiamiento del dictador, el 30 de mayo de 1961, significó el comienzo de
un fértil período de producción artística que, obviamente, incluyó el teatro.
Los jóvenes más avanzados forman entonces el grupo “Arte y Liberación” y el
“Movimiento Cultural Universitario” (MCU), para elevar el nivel de conciencia de
la población por medio del arte. En lo concerniente al teatro podemos destacar
aquí a Rafael Villalona, Delta Soto y Miguel Alfonseca.
De un modo particular, durante los siete meses que duró el gobierno del PRD,
encabezado por el profesor Juan Bosch, se hizo hincapié en el desarrollo de las
artes y las letras.
Pero el 25 de septiembre de 1963 Bosch fue derrocado por medio de un golpe de
Estado que instaló en el poder a un gobierno colegiado, el Triunvirato.
El 9 de enero de 1964, Franklin Domínguez montó “Se busca un hombre honesto” y
“Tribunal de confiscaciones”, abarrotando el Palacio de Bellas Artes, llevando
el montaje, posteriormente, a todo el país, estableciendo un record que no ha
sido superado.
Las razones de un éxito tan marcado hay que buscarlas en que ambas obras
recogían de manera aguda las palpitaciones sociales del momento, ridiculizando
los políticos corruptos.
El auge no se detiene y otros directores y dramaturgos continúan llevando a
escena de un modo sistemático producciones de cierta calidad. Entre ellos, cabe
citar a Don Rafael Gil Castro, Máximo Avilés Blonda e Ivan García.
Todo ello, a pesar de la represión imperante durante el triunvirato.
Pero, a su vez, el triunvirato es hecho saltar en pedazos por la ira popular el
24 de abril de 1965, iniciándose la “guerra patria”, a consecuencia de la
segunda intervención norteamericana a Santo Domingo, que comenzó el 28 de abril
del mismo año.
En plena guerra, artistas revolucionarios formaron el “Frente de Artistas y
Escritores Constitucionalistas” que se dedicó a mantener en alto la moral de los
combatientes revolucionarios, defendiendo la soberanía nacional. Durante este
período varios de estos artistas se dedican a recorrer los distintos “comandos”,
pequeñas unidades de combate, con pequeñas obras de carácter democrático.
Concluida “la guerra de abril” e instalado el gobierno provisional de García
Godoy se produjo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo un gran salto
cualitativo, al tomar el control de la academia las fuerzas más progresistas.
Fue de esta manera que, a partir de principios del año 1966, se decidió dar un
gran impulso a las artes, formándose el coro y la rondalla universitaria, así
como el Grupo de Teatro de la UASD”, bajo la dirección de Máximo Avilés Blonda.
Y, en 1969, al regresar de la URSS, Rafael Villalona fundó, junto a Delta Soto y
otros actores, el grupo Nuevo Teatro que se convirtió en la primera y más
importante agrupación teatral, desde el mismo momento en que comenzó sus
actividades, montando en Bellas Artes “Los ojos grises del ahorcado”, de Rafael
Añez Bergés.
En el mismo 1969, Joseph Cáceres, por medio del Teatro Estudio del Movimiento
Cultural Universitario, presentó Tataibá.
Numerosos directores prosiguieron desarrollando el teatro en el país, entre los
que merece citarse a Niní Germán, Iván García, Giovanny Cruz, Bienvenido
Miranda, Maricusa Ornes, Reynaldo Disla y Jaime Lucero.
También, Rubén Echavarría, Flor de Bethania Abreu, Germana Quintana, Onix Báez,
Ignacio y Basilio Nova, Manuel Chapuseaux, Angel Mejía y Danilo Tavera.
Salvador Pérez Martínez, por su parte, formó el Teatro Rodante, montando “Este
cura” y “La farsa justicia del señor corregidor”, obras con las cuales ha
recorrido varias veces el país.
A comienzos de los años 70s el actor y director venezolano Rómulo Rivas montó
“El hombre de la rata” y, desde entonces, inició una fructífera labor de
divulgación teatral. Fruto de este esfuerzo fueron los grupos “Gayumba”,
“Gratey” y “El tercer grupo” que dieron un gran impulso al arte escénico.
En el mismo 1975 Jimmy Sierra había formado el grupo “Proyecciones” que inicia
el teatro popular callejero en el país, mediante las “Jornadas de Teatro en la
Calle”. Y en febrero de 1976, aniversario del nacimiento del padre de la patria
presentó “Duarte Musical”, comenzando el teatro musical en el país y obteniendo
el primer premio del I Festival de Teatro organizado por la Secretaría de
Educación, coordinado por Frank Lendorf y Víctor Pujos. Sierra inició en este
grupo, en la parte musical, a Julio Sabala quien saltaría desde aquí al circo
“Los muchachos” y, luego, a la fama mundial.
Jaime Lucero, con su Teatro Popular Folkórico Dominicano pone en escena “Cuentos
del callejón de la Yaya” y, más tarde, “Los gavilleros”, ambas con gran éxito.
Reynando Disla, es uno de los creadores más fértiles, no solamente como
director, sino también como dramaturgo, ofreciendo una amplia producción, con
títulos que incluyen “Callejón tres casa cinco”, “Del público”, “Rudi” y “Bolo
Francisco”, que mereció el premio del concurso Casa de Las Américas, en el área
de Teatro.
Haffe Serulle dirigió el Teatro UASD y, desde allí, desarrolló una importante
labor, continuando la mejor tradición del teatro de avanzada. Entre sus éxitos
más aclamados figuran “El caso Jacobo”, -en colaboración, y la “Leyenda de un
pueblo que nació sin cabeza”.
Ramón Pareja, de su lado, es otro ejemplo de directores extranjeros que han
venido al país a hacer teatro. Su montaje de “Marat-Sade” fue el más aplaudido
durante mucho tiempo. A este le siguió “La cocina”, con menos repercusión. Sin
embargo, su versión de “Sueño de una noche de verano” le valió varias censuras:
algunos le acusaron de plagiar el esquema escenográfico de “Cementerio de
automóviles”. Y, peor aún, creó una situación de crisis al exigir que, para
hacer el montaje, se desmantelara por completo la sala principal de la
Cinemateca Nacional –en ese momento en suspenso. Como consecuencia de esto se
quitaron todas las butacas del local y varios camiones cargados de arena
terminaron por transformar la cinemateca en un lugar baldío. La cinemateca,
después de este montaje, desapareció durante casi quince años, reapareciendo
apenas hace unos meses.
EL GRUPO TEATRAL MÁS IMPORTANTE
Cuando regresaron al país, en 1969, Rafael Villalona y Delta Soto se propusieron
“hacer del actor un profesional”. Para ello, introdujeron el método de
Stanislavsky que cambió radicalmente la forma de hacer teatro en la República
Dominicana.
La primera demostración en este sentido la ofrecieron al enriquecer de manera
dramática un texto de Rafael Añes Bergés, “Los ojos grises del ahorcado”. A
continuación, abordaron una serie de obras, técnicas y autores con un éxito
mayor. Entre estas obras puede citarse a “Pirámide 149”, “Los invasores”,
“Proceso por la sombra de un burro”, “La ópera de tres centavos”, “Las sillas”,
“Casa de muñecas” y “Un tranvía llamado deseo”.
Además de ser el grupo de teatro de más calidad del país, Rafael Villalona, su
director, ocupa el primer lugar entre los directores dominicanos de todos los
tiempos.
EL DRAMATURGO MÁS IMPORTANTE
Franklin Domínguez tiene más de cincuenta años dedicados al teatro, participando
de todas las faces del proceso creativo: elaboración de la obra, actuación y
dirección, destacándose en todas ellas. Ha escrito más de 70 obras, ha actuado
en más de 500 y dirigido cerca de 60.
Ha ganado ocho veces el Premio Nacional de Teatro.
Sus obras han sido montadas en todos los continentes.
Su obra más premiada es la comedia “La broma del senador”, traducida a varios
idiomas.
Su monólogo “El último instante” fue traducida al chino.