Para
acercarnos al mundo impulsivo, sexual e intuitivo de Raúl
Recio conviene detenerse en los haikus o poemas visuales japoneses que encierran en su
grata brevedad los enigmas del ser y la naturaleza.
Raúl Recio no niega nada.
Todo lo afirma. El trópico, el paisaje, la vida feroz del lobo y
la aparente ternura de la Caperucita roja. Todo en él es
volcán, lava ardiente, mar sacudido por el huracán, palmeras que
se entregan al viento. Raúl Recio es un pintor joven de gran
madurez. Viajero incansable y hábil conversador, de Raúl Recio
emana una carismática energía que refleja simultáneamente una
crítica del hombre, de la sociedad y una celebración auténtica
de la existencia.
FERNANDO UREÑA RIB