GUILLO PÉREZ escudriña el paisaje y lo
reconstruye a partir de una serie de símbolos que propios de su
cultura y de su pueblo. La
palma, la caña, la choza campesina y sobre todo el gallo de pelea,
son tomados como elementos compositivos que cimientan sus estudios
cromáticos. Sin el más leve asomo de temor, los azules de cobalto
se arrojan irreverentes sobre amarillos de cadmio, sobre rojos alizarinos, sobre verdes que parecen sacados directamente de la mar
turquesa.
Cada
obra es, pues, un planteamiento de posibilidades infinitas. El
contraste luminoso de las formas no es secundario a la elección de
su temática, casi siempre bucólica, cálida, tropical y etérea. Más
que el paisaje, Guillo Pérez pinta las reverberaciones del paisaje, las ondas de
calor en las que el paisaje vibra, se estremece y canta.
Se
trata, por tanto, de una cierta "poética" del paisaje. El pintor ha
abandonado los gruesos empastes de sus pinturas de postguerra y en
la madurez optó por una materia más trasparente en la cual el
énfasis es puesto en los aspectos gestuales de la imagen. Ahora no
es el gallo el que canta, el que canta es él.
Fernando Ureña Rib
GUILLO PEREZ
Cursó
estudios de pintura y se graduó en la Escuela de
Artes de Santiago de los Caballeros en el año 1950.
Prefiere el óleo sobre tela, usando espátula para
lograr fuertes empastes. Su estilo es
expresionista-abstracto.
Actualmente trabaja en un estilo más estructurado,
ordenando en la tela símbolos reconocibles. Temas
tratados: monumentos coloniales, (monumentos de
Jerusalén), marinas, figuras, paisajes, flores,
hojas de plátanos y gallos. Ha realizado treinta
exposiciones individuales en la República Dominicana
y en el extranjero, y a la vez ha participado en
exposiciones colectivas internacionales. Sus temas
de los ingenios (carretas, bueyes y caseríos)
permiten una visualidad contemplativa y poética de
impresionante luminosidad del ambiente.
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