Encuentro con Zilia Sánchez
Domingo, 20 de Marzo de 2005
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Por Ileana Delgado Castro
Sensualidad, erotismo, poesía. Tres elementos clave que, junto con
la abstracción, son los eternos cómplices en la obra de Zilia
Sánchez, destacada artista cubana que exhibe en estos días algunas
de sus impactantes piezas tridimensionales en Galería 356, en Hato
Rey. Una obra -definida como minimalista- que, esencialmente, ella
la concibe fragmentando formas y metáforas poéticas.
“Es esa cosa pura de la composición mía que, a pesar de no ser
geométrica, se siente la geometría”, afirma Sánchez, quien
recientemente quedó finalista en la selección para la próxima
Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia, que se
celebrará del 12 de junio al 6 de noviembre de este año.
Pero más que minimalista, a esa parte del arte y del movimiento -que
ella dice coincide con ser de las Antillas-, Sánchez le llama “encuentrismo”.
Según dice, el arte está en todas partes y cuando va por ahí “ve,
encuentra cosas”, comenta la artista, radicada en Puerto Rico hace
más de 30 años.
La artista “encontró” lo que definiría su obra desde muy temprano en
su carrera, a finales de los años 50. Según cuenta, uno de sus
refugios para pintar o meditar era la azotea del edificio donde
vivía -un lugar donde también se tendía ropa a secar. Un día, el
viento movió una sábana y al tropezar con un tubo, ella cuenta que
vio “algo fantástico”. Así nació un Cristo, su primera pieza en
relieve y sus comienzos en este tipo de trabajo artístico. Sin
embargo, cuando lo presentó en Cuba, se lo rechazaron.
“No entendieron mi expresión, me fui lejos, demasiado lejos para el
momento”, dice Sánchez, una simpática y muy modesta mujer, de
complexión petite y cálida mirada, que sin duda contrasta con el
imponente tamaño de las piezas que generalmente trabaja. Esa primera
escultura le abrió una ventana que le permitió darse cuenta de por
dónde se tenía que ir.
“Fue el momento de encontrarme con la tela y sentir la escultura
-que no es más que un medio de la pintura encontrando la tercera
dimensión”, afirma la artista, quien salió de Cuba a principios de
los años 60, con una beca para estudiar arte en Canadá. Desde allí
emprendió una travesía que la llevó a Nueva York -una experiencia
que dice le permitió cobrar conciencia de su sensibilidad
latinoamericana-, Madrid, París y, finalmente, Puerto Rico. “No pude
quedarme en ninguno de esos sitios, hacía mucho frío. Estaba
buscando un lugar más cálido, algo más parecido a mi país, por eso
me quedé aquí”.
Aquí “encontró” el espacio necesario para su arte -sus pinturas y
esculturas. Encontró la casita donde tiene su taller de trabajo en
Santurce que, según dice, es muy parecida a la casa que tenía su
abuela en Cojimar, Cuba -“un espacio que vive en la memoria y que se
repite aquí”. Además de encontrarse con amigos artistas y tener la
oportunidad de ser profesora en la Liga de Arte, en San Juan,
experiencia que le recuerda sus años como estudiante en La Habana.
La larga y prolífica trayectoria de Sánchez también la ha llevado a
un recorrido por diversos movimientos internacionales dentro de la
pintura y la escultura. Desde una rigurosa formación académica
inicial en la Academia San Alejandro, en La Habana, y dos semestres
de arquitectura, estudios en el área de la conservación en España y
una fase de expresionismo abstracto en Nueva York -donde exploró la
sensualidad de la figura humana a través de imágenes sobre telas con
forma, paneles de madera, tablas y plástico-, hasta que se movió de
la fase de pinturas bidimensionales sobre tela a los relieves y a
los objetos en tres dimensiones.
La experiencia en Nueva York, dice Sánchez, fue bastante
desalentadora. Especialmente, porque llegó con muchas ilusiones y
proyectos. “En 1967, en Nueva York me rechazaron cuatro piezas en
relieve. Creo que mi expresión abstracta iba mucho más allá del
momento y no la entendieron”, dice la artista de expresivos ojos
verdes y cabellera rojiza. Fue una época muy difícil en la que tuvo
que hacer diversos trabajos en fábricas para poder subsistir. Pero
su intención de continuar era muy firme, a pesar de que dice que en
esa época era muy tímida e insegura.
“Me sentía muy mal por el rechazo, especialmente porque estaba
convencida de que eran buenas”, cuenta Sánchez a la vez que asegura
que una de las personas que más le ayudó a superar esto fue su gran
amigo, el escritor cubano ya fallecido Severo Sarduy.
“Fue la persona que realmente me ayudó y me dio ánimos para seguir
adelante. Me hizo fuerte y me ayudó a entender. Era un gran poeta y
escritor que también amaba mucho la pintura. Era una persona de una
gran dimensión y personalidad”, dice con admiración Sánchez.
El erotismo caribeño
La palabra “erotismo” relacionada con su obra, dice Sánchez, le hizo
mucho daño al principio, porque se le daba otra connotación. “Muchas
veces, cuando la gente veía las formas -por ejemplo, los pezones-,
le chocaba mucho, pensaban que era muy atrevido”, comenta.
Según dice, la estética minimalista en sus obras se basa más en un
erotismo caribeño asociado a las formas femeninas. Y aunque es
defensora a ultranza de la mujer y sus derechos, ya no se considera
feminista “porque se ha convertido en algo muy político”. Pero es
consciente del poder que tiene el prototipo femenino en la historia
del arte y la cultura. Así, por medio de la descripción puramente
abstracta, lo relaciona con elementos esenciales -pechos, pezones,
contornos redondeados...
Esa aproximación que tiende a revelar la esencia de la forma
femenina enfatiza no sólo su existencia sino también su evolución de
objeto real a objeto esculpido, comenta Sánchez. Pero también ha
estado muy cerca de todo lo que tiene que ver con la mitología, con
historias relacionadas a la mujer. “Porque las mujeres estuvimos muy
excluidas en muchos aspectos hasta mediados del siglo XX. Quizás por
eso se me consideraba una rebelde”, agrega la artista, quien también
tiene dos de sus piezas en el Museo de Arte de Ponce (MAP) y una
escultura en cemento en el Museo de Arte de Puerto Rico -que está
restaurando en estos días.
Cuando construye sus esculturas o sus piezas en relieve, afirma
Sánchez, no está pendiente de si es un seno, una cadera o un pezón.
Es así, dice, porque en el minimalismo está limitada a las formas
originales, el cono, la esfera o el cilindro, objetos que pueden
reflejar alguna característica femenina -un vientre o un seno, por
ejemplo, pero también una montaña.
Para ella, el propósito de las imágenes con forma, con sus
protuberancias y sus perfiles modelados, es crear una metáfora de la
humanidad con referencia a su sensualidad. En ese sentido, el cuerpo
femenino se transforma en expresión de la naturaleza.
“Yo recuerdo mucho la sensualidad cubana. Pero a la misma vez,
cuando trabajo, busco relieve porque es una dimensión donde las
formas se ven más reales”, explica Sánchez, autora de imponentes
obras como Topologías Eróticas, Eros, Antígona, Las Amazonas, Lunar
o la serie Soy isla, compréndelo y retírate, entre muchas otras.
Afirma que cuando trabaja una pieza tiene que tocarla mucho,
sentirla, “manosearla”, porque además, quiere que ésta tenga la
impresión de sus manos. Considera que ahí estriba su pureza. “Yo
tengo que tocar mucho esa pieza, no puedo dejar de tocarla, quizás
es por ser caribeña”.
Lo mismo le sucede con las líneas de su obra que, según dice, son
trazos libres. “Es un gestual, lo que me sale del gesto en el
momento en que estoy trabajando”, indica Sánchez, una artista que se
ha mantenido activa por más de cuatro décadas, diseñando, dibujando
y construyendo. Por eso acude a diario a su humilde y hermoso taller
santurcino, rodeada de obras y muchas de sus maquetas. Allí dibuja,
diseña, construye y estira las telas sobre las cuales modelará las
sensuales formas que caracterizan sus obras.
Más que nada, está convencida de que el arte es una concepción
total. Por eso le gusta concebir su obra para que mire al espectador
y no el efecto contrario. “No sé si lo consigo porque es como todo
en la vida, se pone algo ahí y a todo el mundo no le sugiere lo
mismo”, dice.
Sánchez no hace exposiciones con mucha frecuencia porque no es fácil
exhibir sus piezas, sobre todo, por su tamaño. Pero este año espera
lograr hacer una en el Museo de las Américas, en el Viejo San Juan,
“el lugar ideal para exhibir mis obras por el espacio que tiene”.
En estos momentos está trabajando afanosamente la serie Adentro para
esa exposición. Serían las mismas que enviará a la Bienal de
Venecia. “Me estoy preparando por si acaso”, dice con una sonrisa.
“Adentro es un trabajo en el que exploro la idea de ver y buscar el
significado real detrás de lo que se ve a simple vista”, explica
Sánchez.
Mientras tanto, sigue sorprendiendo al público con sus “atrevidas”
esculturas, sus piezas tridimensionales y sus pinturas en relieve. Y
aunque es más conocida por sus telas modeladas sobre madera, sus
imponentes esculturas también son consideradas únicas -tanto por su
estilo como por su temática.
Según dice, éste es el mundo que le apasiona, “es su vida”, lo que
la mantiene vibrante y a tono con los tiempos. De hecho, afirma que
las obras que trabaja las hace con su presupuesto “para complacer
mis sentimientos y mi ánimo, y no por una necesidad de producción”.
RD