Una
profusa vegetación
tropical se apodera de los espacios pictóricos del cubano Wilfredo Lam y
va devorándolo todo en su implacable paso. Palmas delirantes,
cocoteros ansiosos y una hojarasca estilizada se adueñan de los objetos
y de los hombres sin que sea posible escapar de sus redes, de su madeja
de signos, de sus tótem, de sus pájaros sagrados de picos puntiagudos y
que de pronto son pájaros transformados en en galipotes, en fantasmas
asustados de su propia sombra delirante.
El universo de Wilfredo Lam
transcurre en estas querellas del hombre con la naturaleza, del hombre
con lo desconocido, de la magia ineludible de la selva y de los sexos
atávicos o impúdicos del Caribe. Un Caribe ancestral, primigenio y un
Caribe que descubre a cada paso, no sin nostalgia, los caprichos de la
civilización. Wilfredo Lam es sin dudas uno de los pintores cubanos de
mayor fuerza dramática y de más peso, tanto en el fondo, como en la
forma exuberante y poderosa de los trópicos.
FERNANDO UREÑA RIB