LO INSÓLITO EN LAS
PINTURAS DE VERÓNICA RIEDEL
Las
imágenes suspendidas de Verónica Riedel son las mismas que
habitan los predios del sueño, es decir, de lo insólito.
Esta artista guatemalteca trabaja ciertos símbolos,
situándolos fuera del contexto habitual, cambiando el
espectro cromático generalmente utilizado y desarticulando
en esos objetos lo que nosotros pensábamos que sabíamos
sobre ellos.
Sus imágenes se sustentan
por sí mismas, y podemos tomarlas en el sentido propio o
natural de las cosas o, en vez, irnos con ella a jugar a
los símbolo. Asistir con ella a vivir esa
exploración intensa que de nuestra capacidad de imaginar,
es decir, de fabular.
Porque además, en las
imágenes insólitas de Verónica Riedel interviene siempre
la duda. Aquella, la de Magritte. ¿Es lo que vemos
lo que es, o es esa otra cosa que imaginamos ser?
Verónica Riedel nos deja
realizar ese magnífico ejercicio primigenio de la duda,
pero también nos permite nombrar (ese don que Dios da al
hombre de condición paradisíaca) y así podemos asignar una
palabra inaudita a ese ser que recorre con nosotros el
viaje de sus sueños. Puede tratarse de un pez o de un ser
elegido por ella entre el vasto reino animal y elevado,
con particular y personal encanto a la categoría de
símbolo.
FERNANDO UREÑA RIB
Verónica
Riedel
El Viaje
Carol Damián
Las obras de la artista guatemalteca
Verónica Riedel, de ricas texturas y ejecutadas con
técnicas mixtas, hacen referencia a los viajes de la vida
como si se tratara de poemas visuales colmados de las
rítmicas cadencias de signos y símbolos. Algunas de sus
pinturas incluyen escrituras, algunas legibles y otras no,
y otras presentan marcas que conjuran elementos en
diferentes estadios entre el ser y el no ser.
Los objetos que describe pueden ser referencias obvias
a ese viaje-botes, canoas, relojes, hojas temblorosas y
semillas ávidas de regeneración. Las texturas representan
a la tierra, lo tangible; las figuras geométricas
representan valores, o sea, lo intangible.
Tanto unas como las otras representan símbolos del paso
a través de la vida con el que todos los seres se
enfrentan mientras se esfuerzan por alcanzar un objetivo o
meta final y concretar sus propias esperanzas y
aspiraciones. Para muchos, se trata de la gloria celestial
o de una existencia espiritual superior; para otros, se
trata de algo menos perceptible.
El viaje requiere una preparación tanto espiritual como
física, y la búsqueda de este equilibrio es lo que informa
la obra de Riedel. Los signos y símbolos que aparecen en
las pinturas de Verónica Riedel, y de hecho en las obras
de muchos artistas a lo largo de la historia, le permiten
al espectador ir mucho más allá de lo que le permitirían
las palabras en su aproximación a los aspectos más
místicos y efímeros de la vida.
La pintura actúa como un lenguaje verbal que capta los
estadios primigenios del pensamiento, y en las superficies
de texturas toscas de las obras de Riedel, las marcas
remiten al más primitivo de los impulsos humanos.
Dominadas por las tonalidades de la tierra, cuyo fin es
resaltar su relación con los fenómenos de la naturaleza,
cada una transmite un mensaje acerca de la vida. Al mismo
tiempo, su rudimentaria naturalidad, sumada a los objetos
casi banales que comparten la composición, deriva en un
efecto "no arte" que enmascara la sofisticación de la
técnica y la elocuencia del mensaje inherentes a cada
imagen. Las configuraciones aparentemente fortuitas de las
superficies cubiertas de collages que semejan guijarros,
palos, sogas, figuras grabadas y marcas prehistóricas han
sido, en realidad, cuidadosamente diseñadas para inspirar
al espectador y que éste contemple un sistema personal de
valores que afecta nuestras elecciones a lo largo del
viaje de la vida.