Fuerzas vectoriales opuestas se encuentran
muchas veces en la obra pictórica del dominicano José Rincón Mora. El
bien y el mal, lo sagrado y lo sacrílego, lo espiritual y lo carnal,
la fe y la desesperanza; y aún los aspectos más violentos y oscuros
del ser humano encuentran sus vórtices en la obra de este pintor que
reside largas temporadas en la ciudad de Munich, Alemania.
La ternura de una mirada puede ser convulsionada por arrebatos de
ira o de pasión y el espectador participa a gusto en este juego que
pone a prueba tanto sus sentidos como su percepción moral. Una muestra
excelente de Rincón Mora fue aquella que presentó en el Museo de Arte
Moderno sobre Los Siete Pecados Capitales. La tremenda fuerza
expresiva de sus pinturas jamás podría ser soslayada.
Rincón Mora es, ciertamente, uno de los artistas más sobresalientes
de la República Dominicana. Su conocimiento y su destreza tocan casi
todos los oficios de las bellas artes, incluyendo la arquitectura, las
artes gráficas, el vitral y la cerámica. Hermosos son sus trabajos de
sillería, sus vitrales para diversas catedrales europeas y
dominicanas.
Una efervescencia propia de la mocedad arrastra el color y persuade
al espectador estremecido y aturdido ante el tremendo caudal de
energía que emana de sus pinturas.