F ernando
Ureña Rib que tan sueltamente (cuando lo decide) manipula el retrato,
el feísmo y la caricatura psicosocial, en su vertiente onírica
preserva siempre los cánones hegelianos de lo bello y de una poética
de la armonía. Si introduce la nota "extraña" dentro de la belleza
esta se sitúa en las variaciones direccionales y estructurales de los
cuadros, no en una ruptura estética. Me adelantaré en el tiempo,
observando que se trata de una constante, ayer en la figuración, hoy
en la abstracción.
L as
imágenes de Fernando Ureña Rib a otro nivel de lectura, se presentan a
la vez como menos racionales y pobladas de analogías (puede repetirse
aún la misma figura en un mismo cuadro) menos lógicamente descifrables
y más abiertas a la intuición. Fue sintomático el título de "Diálogos
Secretos" que el artista dio a una exposición mixta de dibujos y
pintura, del 1984. Nosotros la llamamos, recordando a Julio Cortázar
"Las Armas Secretas", agresión subconsciente de una fascinación
lancinante.
Como
en el sueño, los símbolos se combinaban y se sucedían, actuando la
tela a modo de telón de la psiquis y de sus obsesiones idílicas. Aquel
onirismo de ensoñaciones encantadoras se concretaban en un mundo de
mutaciones y metamorfosis donde el ave, enigmático por expresión y
definición, se inscribía míticamente en la teogonía del artista. Más
aún el ave, según Carl Jung el símbolo más apropiado de trascendencia,
puede interpretarse como un médium, dotado de una visión espiritual,
alegoría del viaje liberador por el inconsciente. Como tal se
convierte en el símbolo del onirismo por excelencia en la creación de
Fernando Ureña Rib.
Creemos
que para compenetrarnos plenamente con esa etapa jungiana de "sincronicidad",
que funde inconográficamente impresiones interiores y exteriores,
voluntarias e intuitivas, despiertas y adormecidas, conviene escuchar
al propio pintor: "Una visión anticipada que fusiona lo vivido y el
puro azar. Así, durante el proceso que conforma su existencia, cada
cuadro formula las leyes que descubro lentamente y que obedezco
llevado por una fascinación intensiva mientras madura, mientras
alcanza su autonomía expresiva, el cuadro clama, exige, rechaza.
Despide y demanda una energía".
E n
la pintura de Fernando Ureña Rib, al igual en otros artistas que
visualizan sus voces interiores, son esas voces, esos protagonistas,
esas metamorfosis plásticas, lo que se impone a la actuación
consciente, se adueñan del oficio y lo aplican, llevando las
encomiendas y punciones de la psique a una determinada solución
pictórica.
MARIANNE DE TOLENTINO
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