ARTE PUERTORRIQUEÑO

 

  • ABDÍAS MÉNDEZ NÚÑEZ

  • ADA BOBONIC

  • AIXA REQUENA

  • ANEY BURGOS

  • ÁNGEL RAMA

  • ARNALDO MORALES

  • ARNALDO ROCHE

  • ABELARDO DÍAZ ALFARO

  • ANTONIO MARTORELL

  • ANA LYDIA VEGA

  • CARLOS ARNALDO MEYNERS

  • CARLOS DÁVILA

  • CARLOS LÓPEZ DZUR

  • CARMEN ALICIA PADILLA

  • CONSUELO GOTAY

  • DHARA RIVERA

  • DOMINGO GARCÍA

  • ELIAZIM ESCOBAR

  • EMILIO DÍAZ VALCARCEL

  • ERNESTO PUJOLS

  • FÉLIX GONZÁLEZ TORRES

  • FRANCISCO MATOS PAOLI

  • FRANCISCO OLLER

  • FRANCISCO RONDÓN

  • JAIME SUAREZ

  • JOHN BETANCOURT

  • JOSÉ CAMPECHE

  • JOSÉ LUÍS GONZÁLEZ

  • JUAN SÁNCHEZ

  • JULIO ROSADO DEL VALLE

  • LORENZO HOMAR

  • LUÍS HERNÁNDEZ CRUZ

  • MARI MATER O'NEILL

  • MARIBEL T. SUAREZ

  • MAYRA SANTOS FEBRES

  • MELQUÍADES ROSARIO SASTRE

  • MYRNA BÁEZ

  • NÉSTOR OTERO

  • NOEMÍ RUÍZ

  • NICK QUIJANO

  • RAFAEL RAMÍREZ

  • RAFAEL RIVERA ROSA

  • RAFAEL TRELLES

  • RAFAEL TUFINO

  • ROSA LUISA MÁRQUEZ

  • ROSARIO FERRÉ

  • PEDRO JUAN SOTO

  • PEPÓN OSORIO

  • VÍCTOR VÁSQUEZ

  • SANDRA NEUS

  • TONY BECHARA

 

UREÑA RIB

OBRA PICTÓRICA

 

 

 

 

 

CUENTOS

 

LIBROS DE UREÑA RIB

ESCRITORES Y POETAS DOMINICANOS

 

ABELARDO VICIOSO

ABIL PERALTA AGUERO

AÍDA CARTAGENA PORTALATIN

ANDRÉS L. MATEO

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

CAMILA HENRÍQUEZ UREÑA

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX

FRANKLIN MIESES BURGOS

FERNANDO VALERIO HOLGUIN

FERNANDO UREÑA RIB

FLÉRIDA DE NOLASCO

HILMA CONTRERAS

JEANNETTE MILLER

JOSÉ ALCÁNTARA ALMÁNZAR

JOSÉ MÁRMOL

JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

JULIA ÁLVAREZ

JUAN BOSCH

junot díaz

MANUEL DEL CABRAL

MANUEL RUEDA

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

MARÍA UGARTE

MÁXIMO AVILÉS BLONDA

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

EFRAÍM CASTILLO

HILMA CONTRERAS

IGNACIO NOVA

JEANNETTE MILLER

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

PEDRO MIR

PEDRO PEIX

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

SALOMÉ UREÑA

tony raful

 

VIRGILIO DÍAZ GRULLON

 

 

 

ARTE PUERTORRIQUEÑO

 

Arte puertorriqueño de cara al milenio

Identidad, alteridad y travestismo1

 

AYDEE VANEGAS

 

 

 

 

ARTE PUERTORRIQUEÑO

Arte puertorriqueño de cara al milenio: Identidad, alteridad y travestismo1
Haydee Venegas



 
Identidad

Desde su descubrimiento en 1493 Puerto Rico fue colonia española hasta que en 1898, nuestro territorio fue cedido a los norteamericanos. Durante estos cien años en los que ha sido botín de guerra, colonia y desde 1952 Estado Libre Asociado, Puerto Rico ha mantenido una cultura, costumbres y lenguaje que se han ido transformando y adaptando hasta crear una sólida y vibrante cultura caribeña hispanohablante. El puertorriqueño ha vivido quinientos años de historia en los cuales sólo ha conocido un sistema, el colonial. Desde que la conciencia del criollo se desarrolla en el siglo pasado, nos hemos hecho la eterna pregunta, qué o quiénes somos.

El tema principal de la década de los ochenta fue la revisión de esta larga búsqueda de la identidad en todas sus acepciones, principalmente la socio-política. Por muchos años el puertorriqueño se ha preguntado quién es. Por muchos años ha querido ser el otro. ¿Ser o no ser puertorriqueño? ¿Ser o no ser español? ¿Ser o no ser africano? ¿Ser o no ser norteamericano? Estas preguntas vitales que no han tenido ni tienen respuesta, mantienen a un pueblo dividido en un complicado embrollo político.

Continuamente, el puertorriqueño busca formas de ser incluido en importantes eventos, otras veces vemos con dolor, como nos excluyen. Nuestro mayor orgullo es ver desfilar el equipo olímpico. El pueblo se desborda para recibir los ganadores de medallas en estos eventos internacionales. Los recibimientos a nuestras tres "Miss Universe" han sido históricos. Por otra parte, se nos rechaza la afiliación en la UNESCO perdiendo así la participación de tan importante foro de intercambio cultural. Una de las consignas políticas que más ha calado en nuestra mente es que Puerto Rico tiene "lo mejor de dos mundos".2

El arte puertorriqueño ha sufrido por décadas, ese proceso de búsqueda de la puertorriqueñidad. Durante las últimas cuatro décadas se ha buscado inspiración tanto en movimientos internacionales como en nuestras raíces, yendo de un extremo a otro. Cuando Marta Traba publica en 1971 Propuesta polémica sobre el arte puertorriqueño, critica nuestro eclecticismo y afirma que el arte puertorriqueño tiene una "incapacidad de escoger entre actitudes muchas veces antagónicas, aquellas que convienen a un sistema peculiar de expresión".3 Edward Lucie Smith, se niega a incluir el arte puertorriqueño en su libro Latin American Art por que "se le hace difícil trazar una línea absoluta ente el arte del siglo veinte de Puerto Rico y el de los Estados Unidos".4

A pesar de todo, puedo afirmar que en estas últimas cuatro décadas ha habido brillantes artistas que han sobrepasado las fronteras del colonialismo y/o la alteridad, y se mantienen produciendo un arte de carácter, drama y autenticidad como lo son Myrna Báez, Rafael Ferrer, Domingo García, Luis Hernández Cruz, Antonio Martorell, Francisco Rodón, Julio Rosado del Valle o Noemí Ruiz.


Travestismo

En la búsqueda de la identidad, varios artistas de mediados de la década de los ochenta comenzaron a reinventarse, disfrazarse y a mostrarnos esa posibilidad camaleónica que poseen los artistas, que procede del pueblo mismo. En la trilogía, Hay que soñar azul, Hay que disfrazarse y Azabache, de 1986, Arnaldo Roche se retrata como un negro de ojos azules, tez blanca y/o cabello rubio. Marimater O'Neill y Carlos Collazo se auto-retratan uno al otro intercambiando sus estilos en la pintura Autorretrato X: It's not me (1989). Héctor Méndez Caratini, con su lente antropológico, realiza un inventario de ese gran abanico de disfraces de nuestras tradiciones y carnavales. Por su parte, Antonio Martorell se convierte en actor, dramaturgo, escritor, se promueve como recitador de brindis de duelos y artista; y para cada uno de estos roles crea su vestimenta.

Los noventa traen aún más libertades y problemas. Al acercarse el nuevo milenio, el centenario de la invasión norteamericana y un posible referéndum que intenta cambiar el estatus político y convertirnos en estado de la Nación Norteamericana, nuestros artistas se sienten obligados a reexaminar nuestras raíces y a tratar de entendernos como pueblo. Ante la conflictiva definición política, asumen múltiples posturas, se convierten en camaleones, cambian identidades, transgreden los géneros. Conscientemente travisten la identidad, aunque se sientan incómodos en ese nuevo espacio indeterminado.

El pueblo también busca nuevas vías. El "spanglish"5 cae en desuso. Se percibe un intento de eliminar estas palabras inventadas y de buscar un mayor casticismo del español. El puertorriqueño educado, la mayoría de ellos en universidades norteamericanas, cuando no encuentra la palabra correcta o cuando cree que lo dicho tendrá más claridad, recurre a intercalar en una misma conversación frases u oraciones completas en inglés y retoma la conversación en un español gramaticalmente correcto. Se comienza a cambiar de un idioma a otro con bastante naturalidad y la mayor de las veces no nos apercibimos de ello.6 Planteamos que en un intento de subsistir como pueblo caribeño, se asume la dualidad o fragmentación cultural a la que hemos sido expuestos por los últimos cien años.

Pero una dualidad análoga la poseían ya nuestros tradicionales santos de vestir, que pueden ser vestidos tanto de santo como de santa. En el mundo actual la poseen también los juguetes llamados "transformers" que siendo un automóvil, en segundos se convierten en robot o un monstruo y vuelven a ser autos sin dejar de ser juguetes. También la vemos en los hologramas, en cuyo reflejo se pueden ver dos imágenes diferentes que cambian de una a otra dependiendo de cómo se mueva. Estas maravillas del diseño y la tecnología moderna nos muestran claramente que sí se puede ser dos o tres cosas a la misma vez.

Hay algo claro: siempre fuimos poli-mulatos. Somos parte de la mescolanza de razas y lenguas que por quinientos años ha existido en el Caribe. Se vive la dicotomía de ser puertorriqueño, hablar español, sentirse latinoamericano y portar pasaporte norteamericano. Por nuestras venas corre sangre de las tres razas. Los más blancos oyen las congas y se les altera el esqueleto y se les encrespa el pelo lacio. La bomba, la plena y la salsa, viven insertadas en nuestra tradición. Comer paella periódicamente es necesario para tocar base con las raíces hispanas. El defender nuestra lengua española ha sido vital durante cien años. Llevar los niños los domingos después de misa a McDonalds al igual que ver cable TV, oír rock y rap y celebrar Thanksgiving son parte de nuestra actual tradición.

El puertorriqueño postmodernista, ante la imposibilidad o quizás haya que decir ya, la inutilidad, de definir su identidad, descubre de cara al milenio que ser y ser, es la respuesta. Es ahí donde nuestros artistas plásticos, obedeciendo a su misión de visionarios, intervienen y nos ofrecen una multiplicidad de opciones a la respuesta.


Arte actual

I. La década de los 80
Desde principios de la década se venían gestando grandes cambios. Uno de los más visibles fue la creciente inestabilidad administrativa del Instituto de Cultura Puertorriqueña.7 Al perder el respaldo oficial, se crearon y/o fortalecieron agrupaciones de artistas que sirvieron de foro, de apoyo a la clase artística y de intercambio de ideas. Entre ellos se encuentra la Hermandad de Artistas Gráficos (1981), el Congreso de Artistas Abstractos de Puerto Rico (1981-2), la Asociación de Escultores de Puerto Rico (198//) y la Asociación de Mujeres Artistas de Puerto Rico (1982).8

El Museo de Arte de Ponce9 se convierte en el más dinámico centro de exhibiciones, organiza una serie de importantes muestras de los principales maestros locales, los más destacados jóvenes y las retrospectivas, del maestro del siglo XIX, Francisco Oller en 1983 y José Campeche, máximo exponente del siglo XVIII, en 1986. El Museo de la Universidad de Puerto Rico10 concentra sus esfuerzos en una serie de magníficas colectivas itinerantes que estudian el proceso histórico de la gráfica, el cartel, y la pintura puertorriqueña. Por su parte la Liga de Estudiantes de Arte11 comienza un activo programa de conciertos y performances de medianoche a la misma vez que da cabida en su sala a los artistas de más vanguardia. El intercambio propiciado por la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, continuó siendo importante para el desarrollo de nuestro arte. Las aperturas de Casa Candina,12 (1980-1992) que por muchos años fue un importante centro de estudios y exhibición de cerámica; del primer Museo de Arte Contemporáneo13 (1988) y la creación del Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (1988) fueron vitales para este cambio que floreció en el segundo lustro de la década de los 80.

Aunque ya en 1967 Rafael Ferrer, acompañado de Robert Morris, realizaron diez instalaciones, performances y happenings en el Colegio Universitario de Mayagüez, y a fines de los 70, un pequeño grupo de jóvenes artistas y estudiantes entre los que se encontraban Félix González Torres y Dhara Rivera hicieron varias instalaciones, estas formas de arte no cobraron fuerza entre nuestros artistas locales hasta entrada la década.

Solo el gran visionario incomprendido, Antonio Navia, nos enfrentó a tres magníficas experiencias a principios de la década del ochenta; con sus instalaciones/perfomances, la impresionante representación de un Hoyo negro (1983) en la Liga de Estudiantes de Arte, Homenaje a Oller (1983) en el Museo de Ponce y Nubestratos en el Colegio Regional de Humacao (1985). Muy temprano en la década realizo unos bellos dibujos que afirmaba eran diseños o planos para construir computadoras capaces de predecir el futuro y transmutar y traspasar la materia. El viernes 8 de marzo de 1991 a las 4:32 A.M. comenzó a dibujar en computadora los planos del funcionamiento de su cerebro. Por mes y medio, hasta que la computadora se quemó, fue concentrándose en cada una de las áreas de la estructura cerebral y las dibujó. Todavía nadie cree en estos dibujos, todos dudan de su capacidad, personalmente he sido tildada de demente por solo creer en la sinceridad de la intención del artista. De todas maneras, los dibujos son impresionantes. Cuando en 1968 intentó ganarse la vida haciendo consultas síquicas por teléfono, tampoco le creyeron, fuimos muy pocos los que vivimos esta extraña aventura. Desgraciadamente nadie ha visto su obra en los últimos cinco años.

El 1984 es un importante año que marca el comienzo de un gran cambio en el arte puertorriqueño. Es en este año que Antonio Martorell regresa a su patria luego de seis años en México, Marimater O'Neill obtiene un bachillerato de Cooper Union y Arnaldo Roche, una Maestría del Chicago Art Institute. Los tres artistas intervienen activamente en el campo de las artes de Puerto Rico, comenzando una concientización, e impartiendo frescura a nuestro ambiente artístico; también ayudaron a fortalecer el mercado. Un año más tarde, Carlos Collazo, que había permanecido siempre en Puerto Rico y que nos impresionaba con su precoz madurez artística, conmueve a la crítica con su exposición Bodegón Escenografía del crimen en Galería Palomas, 1985 y continuó impresionándonos hasta su temprana muerte en 1991. Por su parte Nick Quijáno logra interesar a los miembros de la Asociación Americana de Directores de Museos de Arte, con la exposición, Elementos de la vida criolla en 1985-86 en el Museo de Bellas Artes de San Juan.

Tan pronto Martorell llega a Puerto Rico, organiza junto a Rosa Luisa Márquez, profesora visitante de teatro del Colegio Universitario de Cayey, el grupo de Teatreros Ambulantes. Esta fusión de la plástica con el teatro llevará a Martorell a realizar obras de gran impacto que abren las puertas a un trabajo colectivo y se entrega de lleno a las instalaciones y performances, estableciendo así un continuo.

Arnaldo Roche, luego de su exposición Actos Compulsivos, en el Museo de Arte de Ponce (1984), comienza una vertiginosa carrera. Tres años más tarde es seleccionado para las importantes colectivas en Estados Unidos: Hispanic Art in the Unites States y Art of the Fantastic y representado a Puerto Rico en la Bienal de Sao Paulo.

Néstor Otero y Néstor Millán también regresan a Puerto Rico después de haber logrado abrirse un camino en Nueva York. El primero, que trabaja una obra más conceptual, siempre nos asombra con su sofisticada conceptualización, aunque exhibe muy poco. Su obra Los Cuatro Elementos (1996), fue muy bien recibida por la crítica en la pasada Bienal de Sao Paulo. Millán, que se destacó al principio como fotógrafo, en los últimos años viene experimentando con la gráfica y la pintura. Crea unos espacios íntimos de una especial sensibilidad homoerótica.

Por más de veinte años Héctor Méndez Caratini, se ha dedicado a documentar fotográficamente las tradiciones, religiosidad, festividades, arquitectura y todos los elementos que constituyen la historia visual puertorriqueña. Sus primeros ensayos fotográficos, en los 70, fueron sobre personalidades como Pablo Casals y Luis Muñoz Marín; tradiciones que se perdían como El Artesano y su Ambiente (1975-76), El ayer: recuerdos de un Puerto Rico Olvidado, (1978) y documentaciones históricas como Petroglifos de Boriquen, (1977) y las Haciendas de Cafetaleras (1988-90). Ya para comienzos de la década del 80 concentra en elementos de la religiosidad popular. Las investigaciones incluyen la serie de Los Vejigantes, de los carnavales de Ponce y de las fiestas de Santiago Apóstol en Loiza Aldea y las máscara de Santos Inocentes del pueblo de Hatillo. Su principal interés en ésta década fue rescatar y mostrar la riqueza de la aportación de los negros a nuestra cultura. Esto lo ha llevado a viajar por todo el caribe y Brasil para documentar y comparar la religiosidad popular de los grupos negros de estos países con las nuestras. En Salvador de Bahía fotografió a los Orixás; en Venezuela el culto a María Lionza, en Martinica documentó los cultos hindúes de Marianman y en la República Dominicana realizó un ensayo antropológico, sobre las religiones de los haitianos que cortan la caña, titulado Gagá y Vudú. Las tres fotografías presentadas en esta exposición pertenecen a este último estudio. Del rojo de su sombra (1992) muestra al Mayor Gagá en trance. Los impresionantes ojos inflamados contrastan con el resto de los objetos en la composición. Tambores rituales, el cuello de collar bordado, a mano, con espejos y lentejuelas y el tocado de lazos a color producto del comercio extranjero, nos hablan de los elementos culturales de la tradición africana. Viella, Reina de la Alcancía del Gagá, posa orgullosa, con un huevo en la mano, frente al altar y con su banderín y demás atributos. El brillante colorido caribeño que tiene sus raíces en la Africa negra, se manifiesta en todo su esplendor en Saludo ritual de los mayores con los "Palitos" o "Jong". En estos años el lente de Méndez Caratini ha visto como desaparecen tradiciones y como otras se enriquecen con la evolución. La tradición ni la cultura son estáticas y el fotógrafo nos regala un documento extraordinario que refleja estos cambios. Actualmente trabaja en un ensayo que tiene que ver con el centenario de la invasión de los norteamericanos. Para Ser o no ser (1997-8) está retratando todas las actividades, manifestaciones y protestas a favor y en contra que conmemora la presencia norteamericana en Puerto Rico y otras que muestran los efectos de esta presencia en nuestra vida cotidiana. Méndez Caratini es posiblemente el artista puertorriqueño que ha participado en más exhibiciones individuales y colectivas en el extranjero. Sus fotografías han viajado el mundo entero. También como Director del Consejo Puertorriqueño de Fotografía, se ha dedicado a promover la labor fotográfica de otros compañeros de profesión. Con mucho trabajo ha organizado exposiciones, foros de fotografía en Puerto Rico y coordinado la participación de nuestros fotógrafos en el exterior. En estas exposiciones participan fotógrafos de la talla de Carlos Arnaldo Meyners, John Betancourt, Nitza Luna, Rafael Ramírez, Sandra Reus, y Víctor Vázquez entre otros.

Víctor Vázquez, es el otro fotógrafo de más exposición internacional. Estudió sicología. Este conocimiento lo ayuda a penetrar con una asombrosa intensidad en el sujeto retratado. Actualmente realiza una serie de foto-instalaciones que tienen que ver con ritos de la santería. En esta década surge un sinnúmero de jóvenes pintores comprometidos que han continuado su actividad y compromiso. Carlos Dávila Rinaldi, criado en bases aéreas norteamericanas, conoce el mundo en su niñez. Al regresar a Puerto Rico pasa por un proceso de búsqueda de este mundo que conoció durante las breves visitas a los abuelos. Sus pinturas mezclan el neo-expresionismo con un pop caribeño. Ha trabajado varios temas, que van del ruido de nuestras carreteras, la violencia, las drogas, la locura hasta los indocumentados. Sus obras están llenas de energía y colorido.

Otra gran colorista lo es Nora Rodríguez Vallés, artista de profundo pensamiento y una simpática ironía. Este juego de lo irónico que se convierte en algo terriblemente serio se manifiesta en una de sus más mordaces pinturas, Domineichon. Esta obra le ganó medalla de oro en la Segunda Bienal de Pintura de Santo Domingo, (1994). En ella muestra una página de un cuaderno de un niño en el que ha tomado un dictado en inglés. La cita que trata sobre el colonialismo y la dominación es del filósofo francés, Michael Foucault o "Michel Fucó" forma en que el niño redacta el inglés utilizando la gramática castellana. La forma onomatopeíca en que se escribe la cita, y el significado del texto, evoca la complejidad del ser puertorriqueño.

Rafael Rivera Rosa, grabador y pintor, posee una larga carrera. Comenzó en la década del 60. Este año es uno de los artistas homenajeados en la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y el Caribe. Su pintura cobra fuerza en ésta década. Realiza un cautivante estudio de las máscaras tradicionales y las transforma en una mascarada moderna. También dedica parte de su producción al tema de la ecología.

Otros dos pintores que traen una revisión al surrealismo caribeño los son Zeno y Rafael Trelles. Sus alucinantes composiciones proyectan un sugerente surrealismo tropical.

El grabado, aunque pierde el respaldo del público, tiene en estas últimas dos décadas a varios exponentes: Haydee Landing y Martín García, quienes han participado y ganado importantes premios internacionales, ayudando así a mantener viva una tradición.

La escultura tiene también un gran momento en esta década. Pablo Rubio es invitado a varios simposios internacionales de escultura, incluyendo el de las olimpiadas de Corea.

Jaime Suárez abre un campo en la cerámica artística y la eleva al nivel de la pintura y escultura. Sus instalaciones y objetos en barro son adquiridos por importantes museos, entre ellos el Metropolitan Museum of Art. Melquiades Rosario en la escultura en madera también se abre paso. Logra ser invitado a participar en eventos en Argentina, Perú y otros países. Sus impresionantes construcciones realizadas con pedazos de madera sobrantes de los aserraderos, poseen una fuerza primitiva, casi pre-histórica. La tradición de una escultura fuerte continúa en la próxima década con Carmen Inés Blondet, y la aparición de otros jóvenes como Ramón Berríos, y Linda Pintor.


II. La década de los 90


Entrando a la década de los 90, el arte puertorriqueño se vio fortalecido por toda la efervescencia de los 80. A principios de la década, son las galerías comerciales las que asumen la responsabilidad de la promoción de nuestro arte, mientras que las agrupaciones de artistas comienzan a desaparecer. Las galerías Botello, Luigi Marrozini y Raíces envían a sus artistas a participar en bienales y ferias, a conseguir galerías en el exterior y participar en una gran serie de exhibiciones itinerantes. Los artistas individualmente logran obtener becas, grants y apoyo de mecenas para costearse sus participaciones en eventos de importancia internacional. Surge un creciente número de coleccionistas importantes, mientras que el Instituto de Cultura Puertorriqueña continúa sus altas y bajas.

Las celebraciones de los 500 años de los descubrimientos, América (1992) y Puerto Rico (1993), la construcción del Pabellón de la Feria Sevilla (1992-3) y la visita de los miembros de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (1993), se convirtieron en excelentes excusas para organizar memorables exposiciones. Queda inaugurado en el 92 el Museo de las Américas,14 que junto al Museo de Arte Contemporáneo ha hecho una excelente aportación en esta década.

La Escuela de Artes Plásticas15 se convierte en foco de producción de una nueva generación de artistas jóvenes, los Novísimos,16 que han logrado imponerse. Dos de los artistas puertorriqueños seleccionados para esta exposición dos son egresados de la Escuela de Artes Plásticas y otros dos son profesores.

El trabajo comenzado por Martorell desde temprano en la década del 60, experimenta una transformación en la década de los noventa. En 1992 se monta en la guagua aérea,17 que ahora tiene regreso, y establece el puente entre la isla y lo que se puede llamar la segunda capital de Puerto Rico, Nueva York. Su educación como diplomático y su multiplicidad de intereses se refleja en una diversidad de técnicas y temas. Martorell ha trabajado en casi todos los medios artísticos conocidos y posiblemente en algunos todavía no aceptados como tal, aunque se resiste a la cibernética. También ha incursionado en todos los temas vitales de la contemporaneidad. Como un renacentista, ha abordado todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana, social y política puertorriqueña en su serie de casas. En los últimos años amplía su mirada al Caribe. Con obras como Casaribe Caricasa, (1992), dedicada al descubrimiento de América invita al público, a pisar el colorido mapa caribeño mientras que se ve reflejado en una serie de espejos rotos cuyos pedazos escriben las palabras, Discover, recover, uncover y cover-up. El espectador se convierte en un sorprendido partícipe del mismo proceso colonial que la obra denuncia. En Caribordados y Mundillo Desencajado de 1997, obras realizadas por tejedoras boricuas, crea un nuevo orden o geografía caribeña y mundial. La instalación Blanca Snow (1998), nos habla de este transformarse del puertorriqueño. La mítica princesa del cuento se convierte en matrona puertorriqueña. La geografía boricua adquiere una nueva dimensión, el gran mapa por el cual se camina se transforma y trastoca tanto en la geografía como en los nombres de los pueblos que la conforman. Elementos de nostalgia, precariedad, generaciones de luchadores, tradiciones familiares, tradiciones populares, se interelacionan dentro de un complicado ritual a la memoria. Para la obra que se presenta en esta exposición redactó un provocativo texto definitorio de la caribeñidad, que fue escribiendo en tres idiomas, sobre paños que cuelgan del techo formando un ambiente en el cual el espectador puede penetrar. En esta obra une dos de sus grandes talentos, el de brillante escritor con el de excelente calígrafo. Palabra y forma permiten la entrada al mágico mundo caribeño, un mundo que habla muchas lenguas que luchan por hacer presente su voz, que es multi cultural, que parece pero no es paraíso. El texto, que sirve de diseño y puede ser también leído, captura la atención e invita a la reflexión. La sensualidad del movimiento de los paños provoca sensaciones marinas y tal vez alguno sienta el calor o respire los olores a exóticas flores caribeñas.

Arnaldo Roche, que desde sus tempranos autorretratos había desarrollado el discurso personal de lo que es ser puertorriqueño, amplía su visión y comienza a entrar en la década de los 90 en otras áreas de la historia y socio-política puertorriqueña, este gran paralelismo cultural. No le interesa entrar en controversias políticas, su planteamiento es entender y enfrentarnos a esta dualidad o dicotomía que nos afecta y ayudar a mostrar el camino de nuestra sobrevivencia. En sus pinturas señala las principales preocupaciones del fin de milenio, con un estilo expresionista y utilizando una iconografía caribeña. Buscando el norte (1993) forma parte de la exploración del colonizado, la alteridad que nos ha afectado por años. Eclipse total del sol (1991) muestra el congreso norteamericano y su poder de eclipsarnos al igual que Padre dime si me amas (1995) donde los capitolios de Puerto Rico y Estados Unidos se distinguen en segundo plano mientras que el padre es transmutado en un mono que juega indiferente el tradicional juego de la cuerda. En Quinientos años sin una oreja (1993), se disfraza de Van Gogh para recordarnos que durante los quinientos años desde nuestro descubrimiento por los españoles todavía no estamos atentos a lo que nos es vital. En Imperio de Pantaleón18 (1991), se apropia de la imagen del niño sin brazos de una pintura de José Campeche, y la transforma en una especie de macho cabrío, para presentar a un Puerto Rico, que aunque inválido por su indefinido estatus político, se siente orgulloso y poderoso. Obras tan desgarradoras como La isla de los miedos (1993), Refugio de los exilados (1994) y Dime si estoy listo para un sacrificio cultural (1994), tratan los más candentes temas de nuestra sociedad, el miedo a un futuro incierto, la terrible invasión de indocumentados dominicanos que llegan a nuestras playas diariamente y el peligro de una anexión a los Estados Unidos. Su última exposición titulada, Entre la Vida y la Muerte, se refiere al gobierno de las tres B instituido en el siglo XIX para mantener contento al pueblo y evitar la rebelión, Las B se refieren a Baile, Botella y Baraja, las mismas prácticas de nuestro actual gobierno. Las dos obras seleccionadas para ésta exposición son una del comienzo de la década y la otra del pasado año. En You tell me if this is not an omen (1991), la figura del artista se entrecruza o transmuta con una especie de dragón mientras que varias máscaras flotan en las esquinas de la composición. Algo parecido ocurre en El hombre pulpo (1996-7). En esta obra, Roche se representa mitad hombre y mitad pulpo. Mientras que el hombre se aferra a una estrella de mar que a su vez es la estrella de la bandera puertorriqueña, el pulpo con sus ocho tentáculos intenta apropiarse de todo el resto de la composición.

Mari Mater O'Neill se ha destacado como una gran colorista, ha trabajado además en teatro, realizado ambientaciones, videos, diseños gráficos y desarrollado un importante trabajo en computadoras. Posee su propio periódico en el Internet, el Cuarto del Quenepón.19 En sus pinturas va en búsqueda de los símbolos de nuestra tierra para entenderlos e internalizarlos. En El Castillo del Morro (1992), principal punto de defensa en época de la dominación española y hoy máxima atracción turística, y la serie de Mapas (1993), escudriña los más recónditos problemas de la sociedad. En otras obras como en Juegos de Poder y Buscando Casa, utiliza la multiplicidad de imágenes para hablarnos de la multiplicidad cultural puertorriqueña. El pequeño cementerio de Culebra (1992) es la obra que más la acerca al colorido caribeño y a la defensa de la ecología, aunque en realidad nos habla del enterramiento de nuestra cultura. En la serie Paisajes en fuego (1992-3) aparece el fuego y el agua como elemento purificador. Y su propio retrato como diosa capaz de apaciguar las fuerzas de la naturaleza/política destructora.

Dhara Rivera se establece permanentemente en Puerto Rico en 1993. Pasa un largo tiempo realizando bocetos que nunca llegaron a ser obras terminadas (1985-88). Los tres años en los que se dedica a la introspección son vitales para su forma de crear. Rivera trabaja como una escritora, siente que en su obra va entretejiendo historias que tienen muchos niveles de interpretación y que a la misma vez son un continuo. Una tras otra, sus obras se van confeccionando como capítulos de una novela por entregas y cada una se alimenta de la otra. En 1992 muestra en el Museo de Arte e Historia una serie de libros. Cada libro realizado en un material diferente; cristal, cerámica, cuero, recoge elementos de la literatura. Poemas de César Vallejo, Luis Palés Matos, León Felipe se entrecruzan y dan un nuevo sentido al objeto libro. No son libros para la lectura. Estos libros nos hablan del amor y terror a la palabra y tratan de capturar lo que uno desea contener y dejar libre lo que se fuga. Para la serie titulada "Soft Columns" (1995), utiliza tamices de tejer en los que aprisiona telas a las que le dibuja cicatrices. Cicatrices como escritura, hilando las historias de nuestras abuelas. Historias que se repiten, que se construyen y deconstruyen, que hablan de penas, que a la misma vez le dan sentido a la existencia. En su serie de ositos, utiliza el suave juguete infantil, y lo transmuta en un engañoso objeto realizado en cemento. Lo dulce del recuerdo, se entreteje con lo terrible de la infancia, lo duro de la vida, lo aterrador del convertirse en adulto. Los osos de Rivera se multiplican, y son aprisionados por cadenas que los atan. Para la obra que se presenta en esta exposición utilizó una serie de probetas encontradas, las cuales rellena de cemento, destruyendo el original, para convertirlas en fantasmas de lo que alguna vez fueron. Los objetos originales, encontrados en un almacén abandonado, pertenecieron al buque Heráclito y habían sido utilizados para hacer experimentos a las aguas de los mares del caribe.

Luego de haber completado una maestría en Bellas Artes de la Universidad de Yale, Charles Juhasz-Alvarado, regresa a la isla a enseñar en la Escuela de Artes Plásticas (1995). De Juhasz-Alvarado se ha dicho que "El signo más evidente en su obra parece ser el de la transgresión de los significados y usos habituales atribuidos a los objetos"20 La obra que se presenta en esta exposición, Travestoys (1994), fue parte de su proyecto de tesis de maestría. La pieza, está compuesta de tres elementos que interaccionan con el público. El esqueleto o réplica de juguete para ensamblar, de un enorme avión de madera modelo Focke-Wulf alemán, instalado en posición de ataque "camicasi."21 Una serie de imágenes impresas sobre papel, que se le entregan al público, con propuestas de diversos disfraces para revestir la estructura. Amenazado por el avión, una maqueta de Hammond Hall, edificio que alberga la facultad de escultura de Yale. La réplica del egregio edificio reviste un nuevo uso, el de un prostíbulo moderno. Este burdel, según el artista "está abierto a tantas formas de transacciones de lívido como la fantasía sea capaz de imaginar." En él hay espacios para una clínica/farmacia, un centro de cuidado de niños, una biblioteca, un gimnasio, un misterioso "grotto", varias barras, escenarios, pista de baile, restaurante con menú afrodisiaco, habitaciones individuales, además de rampas para impedidos. Las habitaciones del burdel están representadas por diez gavetas. Cada una de gavetas ha sido elaborada por un artista puertorriqueño contemporáneo que Juhasz-Alvarado comisionó para que infiltraran su obra. En los últimos dos años ha estado fascinado con el comején. Las termitas tropicales, incansables escultores de madera, que trabajan a escondidas moviéndose a oscuras dentro de túneles y devorando toda la madera que encuentra a su paso. A pesar de que se les considera el enemigo número uno en realidad son necesarias para el ecosistema tropical ya que solo atacan árboles enfermos. El comején le ha servido de metáfora de la imaginativa puertorriqueña. Como el mismo artista plantea: "Nuestra cultura continúa desarrollándose intensamente aun bajo la agresiva influencia de políticas imperialistas de asimilación y homogeneización cultural". Actualmente construye una enorme réplica en madera del módulo lunar del Apollo II. Voluptuosos nidos de comején arropan totalmente la pieza. La cultura de conquista espacial siendo infiltrada y reconquistada por la termita tropical. El público tendrá acceso físico al interior de uno de los nidos. También realiza un enorme avión en madera, un "jet" privado, que por turbinas tiene congas con bocinas por las cuales se escucha un pegajoso son caribeño. Físicamente Juhasz-Alvarado trabaja desde el otro lado, crea objetos de la cultura del norte y los traviste e infiltra de tal manera que sus atributos actuales son puramente caribeños.

Cuatro mujeres jóvenes realizan profundos estudios de la puertorriqueñidad y nos los presentan en sus instalaciones y objetos. Ada Bobonis teje estupendas crisálidas, nudos y racimos, con una enorme carga erótica. Anex Burgos, realiza pequeños mundos, donde el amor y la tentación son los protagonistas. Ana Rosa Rivera, va en búsqueda de los detalles arquitectónicos del siglo pasado y las manualidades de nuestras abuelas y las re-interpreta para adaptarlas a sus instalaciones. La magia y el misterio del pasado se mezclan en una serie de gavetas que nos hablan de recuerdos de tiempos pasados y un futuro en continua evolución. Mientras que Aixa Requena, utiliza la fotografía impresa sobre enormes telas las cuales interviene y transforma en un sofisticado juego de significados y significantes. En Canción festiva para ser llorada, utiliza el título de dos poemas de Palés Matos, el otro es Burundanga22 Este enorme banderín que intenta resumir cien años de historia, está lleno de fotografías históricas y algunas de su niñez. Todas las fotos han sido manipuladas e integradas a una serie de objetos símbolos de la historia, nuestra bandera, un candado esclavista, el pasaporte americano y la estatua de la libertad.
 


Los que se incluyen y los que se excluyen


En esta última década Puerto Rico se disputa con Cuba la nacionalidad de tres hijos por nacimiento cubanos y por adopción puertorriqueños, Felix González Torres, Rosa Irigoyen y Ernesto Pujol. Los tres se graduaron en la Universidad de Puerto Rico. González Torres tuvo una corta pero fructífera carrera, desgraciadamente murió en 1995 dejando un impresionante legado. Irigoyen y Pujol examinan su niñez en Cuba, los problemas que les causó la diáspora y la adaptación cultural a sus nuevos ambientes. Ambos han creado unos códigos similares. En sus obras, de estilos que rayan uno en lo clásico y la otra en lo barroco, aparecen las mismas imágenes: aviones, maletas y palmas.

Ernesto Pujol, va primero a su natal Cuba donde rescata y decodifica la cultura patriarcal machista de la clase blanca oligárquica hacendada en la cual nació. A su regreso en Puerto Rico, intenta recuperar los contradictorios recuerdos de su niñez y adolescencia de un país bi cultural donde para convertirse en macho puertorriqueño se tenía que jugar a los indios y vaqueros y copiar las hazañas de los programas americanos que veía en la televisión. Actualmente realiza un estudio para una instalación sobre la historia de la caña y su importancia para el caribe.

Rosa Irigoyen, viene realizando una serie de instalaciones que tienen que ver con su partida de Cuba en avión. Crea su propio Pasaporte a la memoria y trabaja con la metáfora del cuento infantil de Pedro Pan, como se le llamó al movimiento de sacar niños de Cuba. Su última instalación, Tránsitos y peaje (1997), dividida en tres, trata de su salida de Cuba en 1961, visita a Cuba y regreso a Puerto Rico en 1997. En la primera se destrozan las ilusiones, los recuerdos, se pierde un país, una familia y hasta sus queridas dormilonas. En la segunda visita a Cuba se confirman las pérdidas y al regreso, la aduana le incauta los puros cubanos. La pérdida sufrida, el peaje que se paga. La aduana como el lugar donde se transita de un estado físico a otro, donde se confirman las pérdidas, donde se pierden las pertenencias, donde se mueve uno de un estado mental a otro. Actualmente realiza una serie de Escotillas,(1997). En ellas incluye mapas antiguos, los que trastoca, reestructura y reviste de un nuevo significante. Los mapas dejan de ser documentos históricos para enfrentarnos al cambiante mundo de hoy. Las escotillas que se usan en barcos y aviones para mirar hacia afuera, son usadas por Irigoyen para la introspección. Son una mirada al mundo caribeño, a este constante viaje al fluir de un estado a otro.

Tenemos también el fenómeno de los artistas puertorriqueños nacidos y criados en Nueva York, que en los últimos años se han interesado en mostrar sus obras en la patria de sus padres: José Morales y Juan Sánchez son los que más exhiben en la Isla. Ambos se inspiran en la vida cotidiana del Barrio, mezclada con elementos de la iconografía boricua.23 La obra de ambos examina el bi-culturalismo en el que se criaron y nos confronta con la brutal vida cotidiana en el Barrio latino de Nueva York y a la gran nostalgia que sienten por su patria.

Los magníficos grabados, dibujos y pinturas de Juan Sánchez están repletos de símbolos de la cultura cotidiana, todos con el brillante colorido caribeño que es verdaderamente más intenso en la nostalgia. Mientras que José Morales retoma imágenes de la plástica puertorriqueña que por su importancia se convierten también en símbolos de la puertorriqueñidad, se apropia y deconstruye obras de tres de los principales artistas puertorriqueños. Las vírgenes de José Campeche, que eran copiadas de láminas devocionarias, aparecen en su obra Lámina (1995); los Plátanos Verdes de Francisco Oller, principal pintor del siglo XIX son radiografiados, reinterpretados y deconstruidos en El sobreviviente (1994), De una caja y En la brisa (1996). Morales también nos da su interpretación El Velorio (1996), en esta nueva versión el muerto es la cultura. Se apropia también de El pan nuestro (1907), la obra principal de Ramón Frade un pintor de principios de siglo. En camino (1996) le sirve de símbolo a la deconstrucción de nuestra cultura.

El tercer grupo de artistas que sufren la "bi-residencialidad", son los que han decidido radicar fuera del país, muchos de ellos logrando destacarse en el difícil mundo del arte. El primero fue Rafi Ferrer (1966), seguido de Edgard Franceschi (1968), Pepón Osorio (1974), René Santos (1976), Diógenes Ballester (1984) y desde hace dos años Anaida Hernández y Arnaldo Morales.

La carrera de Pepón esta última década ha sido vertiginosa. Estudió sociología y estableció una doble carrera de artista performero y creador de instalaciones. La exageración de sus diseños y lo abigarrado de sus superficies tienen hondas raíces en las decoraciones del Barrio hispano de Nueva York. Sus temas son representaciones de la vida cotidiana del West Side. Van desde la escenificación de un crimen de 1993, hasta reproducir una común barbería del Barrio de 1994. En Badge of Honor (1996) representa los cuartos de un padre que está en la cárcel y el de su hijo, en ambos existen monitores que permiten una conversación entre ellos donde se manifiestan sus más hondas penas anhelos y corajes.

Anaida Hernández, en solo dos años ha logrado la inclusión en importantes eventos y exposiciones. Actualmente trabaja en una instalación para el New Museum of Contemporary Arts titulada Moving Violations. Deja de un lado su tema principal que ha sido la violencia de la mujer, para trabajar un laberinto donde se investigan los juegos ilegales: el casino, la entrada de indocumentados y los intercambios culturales.

Hacia París partió, en el verano pasado, el fogoso Heriberto Nieves. Sus dramáticas y a la misma vez poéticas composiciones están realizadas en los materiales tradicionales de las construcciones de la arquitectura vernácula puertorriqueña: madera, zinc y brea. Nieves entra en un mundo donde mezcla la tecnología, la tradición y la introspección con una visión muy rica del futuro.

No debemos olvidar a Eliazim Escobar, preso político, que desde la prisión continúa enviándonos sus pinturas y principalmente publicando ensayos en una impresionante serie de ediciones norteamericanas que estudian la postmodernidad. La fuerza de su color y de su pensamiento marca a todo el que lo ve o lo lee.


III. De cara al Milenio

Los novísimos


Los artistas que han surgido ya entrada la década, han sido catalogados por el crítico Manuel Alvarez Lezama como los Novísimos. El grupo más joven graduados, casi todos, de la Escuela de Artes Plásticas en los últimos cuatro años, mantiene una gran movilidad. Tienen todos menos de 30 años y nacieron en un Puerto Rico en pleno crecimiento económico.

Arnaldo Morales, uno de los más originales artistas puertorriqueños actuales, tomó al país por sorpresa con sus máquinas perversas. Las dos exhibiciones realizadas en el año y medio de su graduación, recibieron premio de la Asociación de Críticos de Arte, como la mejor exposición de escultura, 1995 y la mejor exposición individual, 1996. Estas máquinas superfluas, solo capaces de hacer horripilantes sonidos, parar los pelos de punta, moverse de un lado a otro sin llegar a ninguno, escupir agua caliente, o simplemente mostrar visualmente la electricidad, nos conmueven por su inútil belleza. El tamaño y movimiento de sus máquinas ha crecido en proporción a la ciudad donde las construye, Nueva York. Ahora inmensas grúas se acercan amenazantes al espectador que cree va ha ser recogido por una gran palanca y vuelven a su lugar, creando sensaciones de impotencia entre los que pensaron ser devorados por el gran monstruo. Las mismas sensaciones de impotencia que sufren los puertorriqueños ante la nación norteamericana y su poder en nuestra isla.

Ramón Berríos
, es un enamorado de la piedra, material que ha logrado dominar. Sus sensuales formas crean un seductor juego con el espectador, que se ve invitado a participar de ellas y descubrir su misterio.

Aaron Salabarias, comenzó una fructífera carrera como grabador. Mezclaba temas de la religiosidad con elementos de la vida cotidiana puertorriqueña. Para sus tempranos grabados se apropiaba de imágenes religiosas, como los sagrados corazones y las últimas cenas, las transfería a la obra utilizando un engañoso juego romántico de transparencias. La fuerza de la monocromía pone de manifiesto la brutal realidad que estos grabados encierran. Al trasladarse a Nueva York, donde estudió la maestría en artes, su obra sufre una transformación. Entra en el mundo de las instalaciones, además de que comienza a añadir color a sus obras. Para su proyecto de graduación utilizó el tema del diluvio universal, con el que mezcla objetos plásticos que representan la cultura norteamericana.

Carlos Rivera vive obsesionado con la criminalidad que arropa al país. Sus pinturas e instalaciones muestran horrendos crímenes, pistolas, diablillos, puntos de drogas, matones y todo tipo de parafernalia para el crimen. Sus desgarradoras imágenes cobran fuerza con los intensos colores primarios. Rivera nos enfrenta a la violenta realidad que se vive en muchas de las calles de este pseudo paraíso.

Edra Soto, la magnífica colorista, actualmente está estudiando una maestría en el Chicago Art Institute. Su primera exposición, a sólo meses de graduarse, fue un gran éxito comercial. Luego pasó un año en París como recipiente de la Beca Arana. Soto tiene una extraña capacidad de crear unas obras de estupendo colorido, complicado significante y alta ingenuidad.

Otro extraordinario colorista es Rabindranat Díaz. Su primera exposición individual le ganó el premio de mejor primera exposición de la Asociación de Críticos de Arte de Puerto Rico, 1996. La mayoría de las obras en esta exposición tenían títulos en bilingüe como LaStress Gracias y Best society of esposas perfectas. Todas sus obras poseen un doble significado para lograrlo recurre a un sofisticado humor. Sus graciosas imágenes esconden una mordaz verdad. Actualmente prepara su segunda exposición.

Guillermo A. Calzadilla es un joven muy intenso y altamente intelectual que en unión a su compañera, Jeniffer Allora, crean bajo el nombre de Allora y Calzadilla. Su principal tema es la indiferencia que sufre nuestra juventud. Este "espectáculo de la indiferencia" es provocado por el ritmo acelerado de la información y la tecnología, el consumismo, la violencia en la televisión, la pérdida de la unión familiar y las comunicaciones. Su deseo: "Ir más allá de la Postmodernidad mediante un ejercicio estético que prueba los límites de la indiferencia." Romper los límites de la indiferencia es su meta. Engañar, distraer y seducir al espectador ante una obra en la cual no puede permanecer indiferente, ha sido la ardua tarea trazada. Para ello cuidadosamente buscan formas y técnicas dentro del dibujo y la pintura. Con una precisión casi imposible realizan perfectos dibujos que aparentan ser fotografías, objetos reales o personas atrapadas en la superficie. Este engañoso juego, que aunque rápidamente se descubre, mantiene al espectador debatiendo sobre su verdadero origen, queriendo saber más, y en ocasiones esperando a que, los objetos y personas, salgan de su encierro y se conviertan en una realidad virtual ante nuestros ojos. En sus pinturas juegan con la neutralidad del color y la tecnología para crear tibieza capaz de interesar al espectador. Utilizan pinturas de carro para crear superficies que funcionan como si fueran espejos donde el espectador se ve reflejado y es obligado a observar su propia indiferencia y reflexionar sobre ella. En la serie Writing Landscapes (1996-7) mediante el minucioso dibujo de pequeñas hojas, crean una escritura inteligible. Estas pinturas se convierten en poemas que denuncian la destrucción del ambiente. Otro de sus temas es "el melodrama de la carne". Es aquí donde el género, la sexualidad y la auto-identificación entran en el juego. Trae a la vida carne pintada y la dota de cualidades humanas, estableciendo una relación entre lo bello, lo grotesco y el consumerismo mediante un espectáculo travestista.24 La obra presentada en la exposición Dance Floor (1997), representa un grupo de jóvenes bailando en una discoteca. El espectador que puede caminar sobre la pista de baile, observa el espectáculo, como si estuviera en un piso más alto. Esta impresión la logra utilizando la antiquísima técnica del dibujo en escorzo. Calzadilla siempre ha dicho "Me parece que es más fácil encontrar un medio nuevo que encontrar nuevos usos para uno viejo. La sutileza del dibujo, la claridad de las figuras, el realismo de sus posiciones y las sombras de las figuras, confunden y a la misma vez convierten el espectáculo en uno real. Pero nos preguntamos,¿Qué es real? Nada lo es. ¿Qué es irreal? ¡Nada!, todo parece real. Esta obra abre la posibilidad a la meditación sobre nuestro tiempo, nos induce a la reflexión y a concentrar en la manera que reaccionamos a la información.

Freddie Mercado, es a primera vista el gran travestista de los artistas seleccionados para esta exposición. Mediante el uso de paños, encajes y extravagantes vestidos, Mercado, transforma su propio cuerpo en una obra de arte viviente. Continuamente los residentes del Viejo San Juan esperamos verlo llegar a las aperturas de exhibiciones y demás actos culturales, para admirar su singular vestimenta de Menina o dama victoriana caribeña. Sin embargo el no se siente travestista, su transformación y vestimenta responden más a su filosofía de vida, a una necesidad interna de dejar su verdadero yo andrógino expresarse y de transgredir los parámetros tradicionales de vestimenta. Siempre se supo diferente, siempre se supo único y lo es. Luego de una búsqueda interna dejó que su ser andrógino se manifestara con toda la agudeza e ingeniosidad de la que es capaz. El proceso de transformación se hace con extremo cuidado, en ocasiones puede tomarle tanto que termina sobre las dos de la madrugada y a esa hora comienza a desvestirse, con la egoísta sensación de saber que su nueva creación fue solo disfrutada por él. Cuando logra tener lista la obra y salir a la calle a tiempo, hace su entrada como diosa caribeña barroca, e impone con su formidable presencia. Nunca pasa desapercibido. Integra maravillosamente su dual personalidad propia y nos hace pensar en la dualidad cultural colectiva. Sus dibujos preparatorios y osados diseños nos muestran la seriedad de su planteamiento a la misma vez que nos muestra su atinado uso de colores. Crea unas muñecas llenas de prendas, encajes y vestimentas tan fantásticas como las propias. Para la apertura de la presente exhibición preparó un performance titulado Coco barroco. Se inspiró en la extravagancia, lujo y frivolidad del siglo XVIII y la majestuosidad de la presencia caribeña. Utilizando una mezcla de música caribeña y barroca, se va transformando por medio de cambios en los paños, encajes y prendas utilizadas. Para la foto que le tomaron en el Yunque, Freddie Mercado utilizó, cual si fuera un espejo, una hoja de yagrumo. Es significativo el uso de esta hoja, única en el mundo en tener dos colores, por un lado es plateada y el otro cuando está en el árbol es verde y al secarse marrón. La dualidad del yagrumo ha sido comparada con la ambigüedad cultural puertorriqueña. En esta fotografía, tiene un importante significado, en ella Mercado se convierte en reflejo de la dualidad que nos ha llevado de la búsqueda de la identidad al travestismo.

AYDEE VENEGAS





1. Deseo agradecer a Lolita González Quilan que fue la primera persona que me habló del travestismo como una solución para la supervivencia. Agradezco también a Marimar Benítez, Antonio Martorell y a Rubén Ríos Avila por sus aportaciones y correcciones al texto.

2. Consigna política acuñada por el Partido Popular Democrático. Surge de un intento de evitar la anexión a los Estados Unidos lo que eliminaría nuestras participaciones olímpicas.

3. Traba, Marta. Propuesta polémica sobre arte puertorriqueño. San Juan: Ediciones Librería Internacional, 1971. P 11

4. Lucie-Smith, Edward. Latin American Art of the 20th Century. Londres: Thames & Hudson, 1993. P. 8.

5. Spanglish, palabras mezcladas del inglés y el español, principalmente inventadas por los puertorriqueños que viven en Nueva York y que se infiltraron en Puerto Rico durante los 70 cuando los hijos de estos inmigrantes empezaran a regresar a la isla en busca de sus raíces.

6. Este fenómeno lo ha venido recogiendo la literatura. En su última colección de ensayos No llores por nosotros Puerto Rico, Luis Rafael Sánchez incluye, siempre en itálicas, palabras, frases, oraciones y hasta títulos en inglés. Por otra parte Rosario Ferré escribe su última novela, The House in the lagoon, totalmente en inglés.

7. El 16 de junio de 1983 un grupo de militantes de la cultura tocaron las campanas de la Iglesia San José y celebraron la destitución de la directora del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Desde ese momento al día de hoy se han nombrado cinco personas a este puesto.

8. Todas estas agrupaciones fueron capitaneadas por nuestros mejores artistas, Myrna Báez, Antonio Torres Martinó, la EAG, Luis Hernández Cruz, organizó varias exposiciones de los abstractos, Pablo Rubio asumió la presidencia de los escultores y un nutrido grupo de mujeres comenzó la labor de organizarse.

9. En enero de 1980 hasta enero del 1988, Haydee Venegas se convierte en Directora Auxiliar/Curadora del Museo de Arte de Ponce, en 1982 trae a Marimar Benítez de Curadora invitada, ambas crean un activo programa de exhibiciones.

10. De 1983 al 1989 Maricarmen Ramírez dirige el Museo activando un importante programa de exhibiciones muchas de ellas viajaron a museo en el exterior.

11. La Liga de Estudiantes de Arte bajo la administración de Delta Picó, y la presidencia de Jorge Rigau entre otros muchos, organizan un activo programa de conciertos de música contemporánea, exhiben abren sus salas para instalaciones de Martorell, Dhara Rivera, Antonio Navia y Charles Juhasz. También amplían la revista Plástica, que a principio tubo editores invitados y luego la editó Ruth Vasallo.

12. Casa Candina un centro de educación y promoción de la cerámica fue organizado por Jaime Suarez, Susana Espinosa, Bernardo Hogan y Tony Hambleton.

13. El Museo de Arte Contemporáneo fue un sueño de varios artistas, galeristas e historiadores que por cuatro años trabajaron para que al fin se abriera en la Universidad del Sagrado Corazón. Este esfuerzo fue capitaneado y actualmente lo dirige Miyuca Somoza.

14. Este museo es el más joven proyecto del creador del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Don Ricardo Alegría. Ha obtenido premio de AICA-PR como la institución cultural del año durante los últimos dos años, por la maravillosa serie de exhibiciones de maestros latinoamericanos que ha presentado.

15. En 1985 la EAP se convierte en un ente autónomo bajo la dirección de Margarita Fernández, actualmente tiene como rectora a Marimar Benítez.

16. Término acuñado por el crítico de arte Manuel Alvarez Lezama.

17. La guagua aérea se le ha llamado a los aviones que en la década del 50 transportaron a miles de trabajadores puertorriqueños a Nueva York en búsqueda de una mejor vida y que en los 70 comenzó a traer muchos de ellos y o a sus hijos que vinieron en búsqueda de sus raíces. Gracias a la ciudadanía americana el puertorriqueño ha tenido una gran movilidad.

18.
El niño Pantaleón Avilés (1808), una de las últimas pinturas de José Campeche (1751-1809), muestra a un niño que nació sin brazos.

19. Quenepa es una fruta tropical. La dirección del Internet el http://www.cuarto.quenepon.org

20. Texto que acompaña un escrito inédito de Santiago Flores

21. La posición del avión es inconsistente con las posibilidades reales de maniobra del avión alemán.

22. Burundanga, palabra de extracción africana que significa un gran lío o embrollo.

23. Borinquén era el nombre que le daban los indios a la isla de Puerto Rico

24. Basa esta teoría en una cita del libro Seduction de Jean Baudrilliard , St. Martin's Press: New York, 1990: "la habilidad de la carne para interpretar dos personajes al mismo tiempo sin ofrecer una identidad sexual biológica, para entonces ofrecer teatro y maquillaje con la obra en sí mima".


 

 

 

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Revisado: January 10, 2009
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