JOSÉ
CLEMENTE OROZCO
FERNANDO UREÑA RIB
El
legado pictórico de José
Clemente Orozco
es
no sólo cuantioso, sino impresionante por sus dimensiones y su
magnitud: murales en la Escuela Preparatoria, frescos en el Templo
de Jesús de Nazareno, en el Palacio de Bellas Artes y en la
Suprema Corte de México; frescos en el Hospicio Cabañas, en el
Palacio de Gobierno y en la Cámara de Diputados de Guadalajara. En
diferentes ciudades norteamericanas, tanto en California
(en la
Biblioteca Baker) y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Trabajador incansable,
Orozco
hacía, además de murales, retratos, composiciones, bocetos,
dibujos y estudios para murales que luego ejecutaba en las grandes
capitales del mundo.
Orozco
realizaba sus pinturas a la manera antigua, con una mezcla de
temple y óleo, de la misma manera que los pintores medievales.
La
calidad de sus murales está ligada, según apunta Darío Suro, está
ligada a las técnicas florentinas de la pintura al fresco, de
menor transparencia que la que utilizara el otro gran muralista
mexicano, Diego Rivera.
José
Clemente Orozco
no
era ciertamente un gran colorista, probablemente porque su interés
fundamental era captar y plasmar en los muros del mundo las
agonías y angustias del hombre, del dolor humano. Grises, oscuras,
amargas son muchas de las imágenes de este mejicano universal
quien evita la sensualidad y en cambio nos muestra un mundo
oprimido y opresivo, denso, aguerrido y desgarrado.
Como muestra
de ello podríamos referirnos a un fragmento del mural al fresco en
el Templo de Jesús el Nazareno, llamado "La gran Meretriz". No hay
placer, sino amargura, en aquel rostro y la mueca que sugiere una
sonrisa no llega a ocultar la distorsión moral que en él se
abriga.
Las imágenes de José
Clemente Orozco
proclaman esa aturdidora verdad de la existencia en las que son
tan frecuentes la destrucción, la violencia, el caos, la
explotación y la anarquía. No es posible ver las pinturas de
Orozco con
indiferencia. Su obra sacude al espectador y más allá de las
técnicas o de las fidelidades al dibujo anatómico, en
Orozco
hemos de ver siempre el lado más doloroso de la existencia.