LITERATURA DOMINICANA
REVISTA VETAS

 

SÉLVIDO CANDELARIA

 

 

LITERATURA LATINOAMERICANA

 

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OBRA PICTÓRICA

 

 

 

 

 

 

CUENTOS

 

LIBROS DE UREÑA RIB

MONOGRAFÍA DE MARIANNE DE TOLENTINO(aGOTADO)

Decir la Piel o las discretas orgías del Silencio

Fábulas Urbanas

El olor de las Yeguas

Las cuatro patas del Diablo

Vida y Obra de Manolo Pascual (Conjuntamente con Ariadne Pascual, aun no publicado)

 
 

Sélvido Candelaria, uno de los escritores del sello Vetas Editoriales, accedió a escribir el presente trabajo a petición de la dirección de esta revista, lo que sucedió antes de que nuestro Junot Díaz recibiera el Premio Pulitzer por su novela The brief wondrows life of Oscar Wao. Como saben los lectores y coleccionistas de esta revista, Sélvido es autor de novelas y varios libros de cuentos.

 Por Sélvido Candelaria

 

Casi cuatro años atrás, en su modesto despacho de la Biblioteca República Dominicana, sostuve una conversación con Juan Freddy Armando en que, con una serie de argumentos bien razonados, me convenció de que la gran novela dominicana aún no se había escrito. A partir de ese momento comencé a leer con un criterio más analítico las narraciones de nuestros autores para ver si podía descubrir la que viniera a llenar ese vacío. Desde entonces, entre todas las que han pasado por mis manos -recalco, las que han pasado por mis manos-, dos me causaron la sensación de haber terminado la búsqueda: La mosca soldado, del maestro Marcio Veloz Maggiolo y Carnaval de Sodoma, del insuficientemente reconocido Pedro Antonio Valdez.
 

La primera es una de las mejores novelas “minimalistas” (llamo así a aquellas que aunque su trama no es muy complicada, el manejo de ella y los recursos del escritor para maximizar su impacto, las hacen excepcionales) que podría producirse en cualquier literatura, pareja, en mi personal apreciación, con obras clásicas como “Desayuno en Tiffany’s” de Truman Capote, “La paloma” de Patrick Süskin y “Hombre lento”, de J. M. Coetzee. La segunda la incluyo dentro de lo que, yo, también defino como novelas por antonomasia (reúnen los más diversos elementos técnicos del género, manejados con la mayor destreza por parte del autor y te permiten encontrarle nuevos significados cada vez que las lees) en cuyo tope ubico los clásicos Crimen y castigo, Cien años de soledad y El proceso.
 

Si hasta noviembre del año pasado (2007) hubiera tenido la oportunidad de sentarme de nuevo a tomar un baño de ilustración en esa fuente de erudición que es Juan Freddy Armando, le hubiese propuesto, usando sus mismos argumentos, “candidatear” esas dos novelas a ocupar el desierto nicho de nuestra narrativa. Pero he aquí que el hoyo que no se pudo llenar en 150 años, de pronto parece constreñirse, pues en más o menos un lustro aparece una explosión de obras sobresalientes, entre las cuales viene a ponerle la tapa al pomo The brief wondrows life of Oscar Wao.
 

Desde el tiempo transcurrido entre mi primera lectura y este momento (unos seis meses), no he escuchado de alguien que abiertamente le haya dado la preponderancia que se merece esta obra en la literatura dominicana, quizás porque su autor nos la ha presentado disfrazada, como con vergüenza de que alguien le reproche que viviendo ausente de este encajonado país, pueda ser un exponente, al más alto nivel, de nuestra literatura. Y es que en eso aquí nos las traemos. Somos tan  enfermizamente celosos en esos menesteres, que le regateamos a cualquiera la validez de su dominicanidad por cosas tan sencillas como un pronunciamiento tomado fuera de contexto. Pero el caso de Junot Díaz debe ser analizado y aceptado  por nosotros sin prejuicios. Ningún otro escritor ha logrado impactar la sociedad mundial usando la literatura, en lo referente a nuestras costumbres, a nuestra historia, como lo hace este narrador a través de su recién publicada novela. Con esta obra, el excelente artista del lenguaje, logra trascender en dos vertientes colaterales: se catapulta hacia el pináculo de la literatura de un país en el que no ha vivido (pero que paradójicamente conoce y expresa desde el fondo de su alma) y establece un precedente de emancipación cultural de un grupo subordinado. Sin guerrillas ni golpes de estado. Y es que The  brief wondrows life of Oscar Wao, es una novela que aunque escrita en inglés, transpira dominicanidad -más bien latinidad- por todas sus expresiones, textuales e intratextuales. No tengo conocimiento de otra obra de escritores latinos o de raíces latinas que viviendo en EEUU hayan podido revertir el orden de influencia cultural como lo ha logrado Yunot -ni siquiera en la literatura chicana- pero si la hubiera, ello no denostaría la enorme contribución que está haciendo este autor a la propagación universal de cómo somos y por qué somos así los dominicanos. Prescindiendo de  aspavientos esnobistas y  abjurando de sumisas genuflexiones.
 

Yo no sé si el autor lo hizo conscientemente o es una jugada del subconsciente ancestral, pero esta gran novela, todavía  escrita en su idioma original, puede ser comprendida por cualquier dominicano con conocimientos mínimos de inglés y cierto grado de intuición. No es necesario haber terminado ni siquiera una preparatoria para asimilar esa carga de símbolos culturales expresada en un código nuevo, estrenado para la ocasión. Nuestra idiosincrasia se siente flotar sobre las páginas de este libro. Y es que ya, Paterson, Elizabeth, Newark, Perth Amboy, la Bergenline, Kennedy Bulevard, y otras ciudades y avenidas del noreste de los Estados Unidos representan desprendimientos de nuestra epidermis nacional, con un imborrable sello de identidad y una apreciable capacidad de influencia en todo el desenvolvimiento de nuestra vida cotidiana.
 

La jalea de batata que vendía la tía Zula (por allá por los ‘80) en Amsterdam Ave., o el jengibre que se vende en un carrito de mano por la 187 durante el invierno, o los chicharrones de la antigua Cabaña, o las empanadas de yuca que hace mi mamá en Jersey City, son tan representativos de la dominicanidad actual como La Inca, su hija y sus nietos que, aunque aparezcan disfrazados en un inglés creado a propósito para resaltar su identidad, son pedazos extirpados de las entrañas nacionales, con profundas raíces en el doloroso pasado reciente que nos ha inducido al amalgamamiento (¿globalización?) de que hoy hacemos gala.
 

Sobre las sobresalientes cualidades técnicas y artísticas de la obra ya se han pronunciado calificados críticos. De lo que he leído muy poco, es del jalón que ella representa para nuestra literatura, en la consecución del reconocimiento que toda cultura debe procurarse por medio de sus manifestaciones. Es bueno hacer notar aquí que los escritores latinos que han tenido relevancia en USA, aunque traten temas de sus países de origen, han tenido que subordinar la forma de presentación a los patrones de la sociedad norteamericana para conseguir el éxito. Y hay que reconocer que han hecho buenas obras. Lo que yo veo como fuera de lo común, en el caso de Yunot, es que tratando un tema extraño a dicha sociedad, ha sido capaz de trastocar los tradicionales papeles; es decir, en vez de “acomodar” el tema extranjero a los patrones de la cultura dominante, predispone a sus lectores de esa cultura para que tengan que adaptarse tanto al tema como a la esencia social que lo produce dejándole de paso un único elemento de conexión: su lenguaje. Y hasta en esto los manipula para trasportarlos, imperceptiblemente, al ambiente que quiere trasmitirles. Veamos:
“In the DR during summer visits to his family digs in Bani he was the worst, would stand in front Nena Inca’s house and call out to passing women –Tu eres guapa! Tu eres guapa!- until a Seventh-day Adventist complained to his grandmother and she shot down the hit parade lickety-split. Muchacho del Diablo! This is not a cabaret!” (Pág. 13)

De pasajes como este se encuentra llena la novela. Es fácil percibir aquí lo que he querido decir en párrafos anteriores. El lector anglosajón, engarzado ya en la apasionante trama, y anonadado por la inusual forma de conducirla, comienza a ser escalonadamente metido en el ambiente de nuestro país, primero con el nombre de un pueblo (algo que puede parecer neutral), segundo con el emblemático Nena (en este caso nombre de persona, no el tradicional “nena” puertorriqueño) y después con una expresión hispana ya muy reconocida en inglés (¡tú eres guapa!) para pasar, finalmente, a una dorsal y folclórica frase de nuestra rutinaria expresividad. Podemos notar también que para cualquier dominicano con algo de intuición y conocimientos básicos de inglés, aunque no pueda entender literalmente todo el párrafo, su sentido (ubicación de la escena, contenido, actores, etcétera) no pasará desapercibido. Asimismo, nos llama mucho la atención el uso de palabras o expresiones (cabaret, hit parade) que son indistintamente usadas en ambos idiomas, o la expresión lickety-split (algo así como “más rápido que inmediatamente”) por la lectura intratextual que de ellas puede hacerse.
 

Y es aquí donde yo aprecio la mayor trascendencia de esta obra para nuestra cultura. Los casos de intercalar frases textuales en idiomas diferentes al que está usando de base el escritor dentro de un texto narrativo, no son raros ni nuevos. Ahí están Julio Cortázar y Henry  Miller; ahí está Borges. Lo novedoso, lo trascendental en Junot es la aleación que hace entre el tema, los protagonistas –yo infiero que hay un colectivo social protagonizando la novela- y las frases que de ellos se intercalan en el idioma de sus orígenes, para darle una relevancia única dentro del entramado conceptual de la obra literaria.
 

Como si esto fuera poco, el novelista consigue con un mínimo esfuerzo escritural, pero con un despliegue magistral del sentido de la oportunidad, darle al mundo una lección sobre nuestro comportamiento como grupo social, en lo que concierne a la solidaridad familiar, cuando –entre otras ocasiones- narra la escena (página 210) del regreso de madre e hija a los Estados Unidos, después que la madre ha pasado por todas las “vergüenzas” que una hija puede hacer pasar a una madre que encima de todo lo que ha luchado para criarla sola, a ella y a su hermano, dotándola de las comodidades asequibles a su nivel social, sufre de cáncer, y ha tenido que venir ahora a buscarla a casa de su madre, en Baní -después de “la última” que le ha hecho- donde había sido enviada como castigo por una de sus “metidas de pata”.  Se entenderá mejor el recurso si anotamos que la hija no quiere regresar a su otro país, porque ya le había cogido “el pasto” a su nueva patria, por lo que ha montado una escena de histeria al subir al avión.

“She put her hand on mine and left it there. When the woman in front turned around and said: Tell that girl of yours to be quiet, she said, Tell that culo of yours to stop stinking”. (“Ella puso su mano sobre la mía y la dejó allí. Cuando la mujer en frente se dio la vuelta y le dijo: dígale a su hija que se esté tranquila, ella le dijo, dígale al culo suyo que deje de jeder”. Modesta interpretación del autor de esta crónica sobre el párrafo original).

Hay una serie de elementos a destacar en esta magnífica obra literaria (que de no ser por algunos gafos sobre la verdad ficticia y algunas digresiones en el tiempo narratorio yo la encontraría perfecta), los cuales podríamos seguir abordando en otras oportunidades, pero por ahora sólo quiero aventurarme a pronosticar que este autor nos pondrá los bonos muy altos como grupo cultural contribuyente, cuando se revise desapasionadamente la historia de la narrativa en Estados Unidos y se tenga que concluir en que una novela dominicana escrita básicamente en inglés, cambió el estereotipo de comodines que aplican los grupos culturales dominantes (en cualquier sociedad) a los subordinados, estableciendo de ahí en adelante un nuevo enfoque de esa literatura hacia los personajes o temas dominicanos.

SELVIDO CANDELARIA. De la Revista Vetas. Revista literaria dominicana dirigida por el buen amigo Clodomiro Moquete