Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

 

ARTE SALVADOREÑO

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UREÑA RIB

OBRA PICTÓRICA

 

 

 

 

 

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ARTE SALVADOREÑO

 

DENUNCIAS Y ALEGRÍAS EN LAS PINTURAS DE

ROBERTO HUEZO

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

Dibujo del maestro salvadoreño Roberto  Huezo

 

Rib.

 

ROBERTO HUEZO

A veces es imposible separar al hombre del artista. Es el caso de Roberto Huezo. Su obra mantiene con su vida una relación simbiótica. En los tiempos de guerra de su país, El Salvador, Huezo fue un ardiente defensor de los derechos humanos y de la libertad y batalló junto a los jesuitas y a organismos internacionales a fin de que se dejara sentir la voz de los pobres, de los marginados y de los humillados por un sistema que les exprime y suelta el bagazo como se hace con cualquier objeto desechable.

Entonces produjo Huezo unos dibujos apasionados y enérgicos, desgarradores, sobre la impotencia del ser humano frente a la barbarie y la violencia cuando esta proviene de las instituciones que se suponen han de cuidar y salvaguardar la vida de sus súbditos. Hombres y mujeres desnudos, abandonados al destino de las metralletas y de los látigos, a la sórdida tenacidad de los verdugos.

Pero esos tiempos se disiparon y El Salvador recuperó su marcha, como un pueblo que vence sobre el  infortunio creado por sus propios gobernantes. Y en los tiempos de paz, Roberto Huezo tiende una flor de esperanza, incuba los huevos de la germinación simbólica y los hace levitar en un espacio abierto y libre. Son tiempos de sembrar, de cultivar de volver la vista hacia la sorprendente y sorprendida vegetación subtropical de esta tierra de lagos y volcanes. El también detiene su mirada en el cuerpo de una mujer o en un poblado que se alza en la ladera de algún valle y su corazón entonces se regocija con el del campesino, con el obrero que ve que su hijo alcanza la educación soñada.

La pintura de Roberto Huezo es siempre una huella, un andar, un recorrido del ojo silencioso y anhelante, minucioso, acucioso o intemperante o impaciente ante el dolor y el grito de su pueblo. Así la pintura de Roberto Huezo contiene las vibraciones del momento en que las produce y están marcadas por el mito. Solo una mano entrenada y un espíritu sabio y hondo hacen posible estas pinturas.

 

Fernando Ureña Rib

 

Roberto Huezo experimenta un profundo respeto y admiración por los pintores de otras generaciones. Reconoce en ellos su preocupación por buscar la identidad pictórica salvadoreña y es también en esta búsqueda en la que se envuelve el pintor. "Estoy en el proceso de creación mítica. Los hombres peciben y se entienden por medio de los mitos. Su estar en el mundo, su salir del mundo. Mis cuadros son lugares de encuentro para personas. Quiero que lo sean. Una forma de comunicación, de enseñanza: Una manifestación artística.  Me contentaría con que los hombres se asomaran a este lago y viesen reflejada su imagen en mi mundo. Lo que intento hacer es invitar al contemplador, al hombre a que se encauce en la meditación. En una meditación a temas que son anteriores al hombre. El artista-hombre que es en esta trilogía y en esta búsqueda e invitación al mundo espiritual en la que Roberto Huezo, creador de los seres paisajes, seres-casa,  seres-gota, expresa su condición humana.

El tema de los huevos tiene para el pintor la intención de reiterar la pureza de ese mundo creado alrededor de ellos. Persigue intensificar la atmósfera anterior al hombre. Huezo afirma que "estos elementos vivos pertenecen al mundo subyacente de mi lenguaje pictórico, de mi alma, de mi postura como hombre del siglo XX: con guerras, cibernéticas, hombres en la luna y la pobreza más grande jamás vista. Pero con un Dios. Con un dios que toma mis manos, mi mente y mi cuerpo y se expresa como El quiere, porque yo soy su instrumento". Esta toma de conciencia, una parte de esa ya mencionada trilogía le ha dado el uso de la razón pictórica. Esto debido a que en las vivencias dentro de esa trilogía nada es inmutable. Todo es progreso- afirma- todo es evolución. Su transmutación proviene desde el centro del ser mismo, de las formas. Sin embargo, nada puede ser fortuito, todo obedece a un orden. De esta manera, continúa Huezo, "el silencio interior del cuadro, su pausada lectura llevará al espectador hacia la salida de una puerta abierta donde, cansado del mundo artificial y asfixiante, que él mismo ha construido, pueda reencontrarse.."

 

Tomado del libro Encuentro con la pintura del El Salvador. Pinacoteca Banco Cuscatlán.

 

 

 

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