Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

Fernando
UREÑA RIB

 

 

 

TRES MISTERIOS SALINOS
PEDRO MIR
EUROPA
EL DIBUJO Y LA PINTURA DE UREÑA RIB
DANZAS BAJO LA LLUVIA
UNIDAD Y METAMORFOSIS
LA ÚLTIMA METAMORFOSIS
ETAPAS NECESARIAS DE UNA TRANSICIÓN PICTÓRICA
EL DESNUDO DE FERNANDO UREÑA RIB
DESNUDOS ESTILIZADOS
DECIR LA PIEL
FÁBULAS URBANAS
LAS DADORAS
LAS NINFAS
IMÁGENES FULGURANTES
ONIRISMO

OBRAS

OTOÑO

INDISCRECIONES CELULARES
LOS SUEÑOS DE OTOÑO

 

 

LIBROS DOMINICANOS

 

Decir la piel  

O las discretas orgías del Silencio

UN LIBRO DE FERNANDO UREÑA RIB

Por Enriquillo Sánchez

 

 

RONDA. PINTURA AL ÓLEO DE FERNANDO UREÑA RIB. COLECCIÓN DEL ARTISTA

 

Para leer a Fernando Ureña Rib

Decir la piel, decir que la piel, decir que la piel es marina o que el piélago marino…

Las cinco, acaso de la tarde. El mar muere. Es un cementerio, el cementerio que dictó detenidamente Valéry. Brillan, invictos, sus oros. Fernando reúne los atabales, que callan. Congrega siringas y jabalíes, cítaras, tamboriles. Sin hablar, entrega las máscaras a los deliciosos cuerpos desnudos. Nadie dice una palabra, nadie toca el rumor de golondrina y estrella que allí hoza, nadie adivina la liturgia ni sus lenguas de miel y maravilla. No es un jardín. Es el sueño demorado de un jardín. Como será sueño, luego, la memoria del placer.

Ha comenzado la fiesta. Ureña Rib lanza los cuerpos al viento, a la luz, a la música. Danzan. Los lanza al deseo, al juego, a la mentira. Emigran. Los lanza al polvo, a la eternidad, a la lluvia. Gozan.

Ha concluido la travesía. De las vanguardias de principios de siglo, que enmascararon a seres pormenorizadamente desintergrados pasamos a estos íntegros enmascarados de la dicha, que Fernando Ureña Rib reúne en un carnaval postrimero. Son carnestolendas finiseculares. Fue el periplo de una centuria, que cesa.

Bojear es ahora una ceremonia, una procelosa ceremonia de tiempo y mesura. El bojea una mujer, que bojea una mujer, que bojea una isla. Nadie habla. Sólo dicen los cuerpos. Dicen muescas de luz, y papiros, y músicas, porque son lienzos sonoros, como las divinidades solitarias de Juan de la Cruz, el santo. Los cuerpos desaparecen. Navegan, dóciles, de regreso de la vendimia, del mar, de la fiesta. Cazan tanto la perversidad como la inocencia, tanto los fulgores como la rotunda, pero ágil, pesantez del placer. Viven en aquella isla feliz que entrevió Pedro Martir de Anglería, cuando barruntaba un paraíso que no le fue permitido.

Mientras el erotismo es una sintaxis, una cierta sintaxis, la de Fernando Ureña Rib es la aventura esplendorosa y dorada de los gestos y de las formas. Eros baila. Saborea una flauta de agua. Viajan los cuerpos en el aire. Serpentean y claman, silentes. Estallan vítores callados. Aquí, en estos ámbitos serenos la sabiduría del silencio es la sapiencia oculta de placeres que apenas se nombras o apenas se dibujan o se rozan. El placer discurre enmascarado, desde luego, porque apetece más. Apetece siempre más. Las máscaras son eternas.

Undosas, las auras corren tras los cuerpos. Buscan, en secreto, sus ríos y sus bronces. Un antifaz las esconde de sí mismas.

A un cuerpo sólo lo dice otro cuerpo. Y a la luz, la luz. Y al mar, el mar.

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

 

 

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

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Revisado: May 27, 2013
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