LA OBRA
PICTÓRICA DE PEDRO FIGARI
Por José Pedro Argul
La vida de este pintor como la de todo
creador genuino, tiene sus características singularísimas. Entre
las de Figari se destaca su radical cambio de ubicación social y
oficial, que constituye una excepción en la existencia de sus
notorios compatriotas.
Califica Ortega y Gasset al intelectual de hombre "preocupado",
para el pensador español el político es el hombre "ocupado".
Figari desempeñó las dos actividades, pero puede decirse, si nos
atenemos a la mas objetiva apreciacion de su quehacer, que ha
invertido los períodos tal como la lógica establece y la vida
ciudadana los suele ordenar.
Harto frecuente es el hombre inquieto de ideales o simplemente de
nombradía, en busca de vocación, comience por escarcear en las
letras o en labores artísticas para luego abandonarlas por la
prédica partidaria del político. La verdad es que el hombre opina
con mas facilidad cuando se encuentra requerido y movido por las
eventualidades de los sucesos públicos; mas difícil y de mayor
esfuerzo mental es la labor del artista sumido siempre en la
investigación de nuevas formas, unicamente incitado por sí mismo.
Figari describió la trayectoria opuesta.
Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía de
los triunfos. Primero fue profesional universitario, sobresaliente
en el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres
de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto
cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde
por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo
decorativo de los elementos de la fauna y flora nativas; político
que ocupara la banca de representante nacional. Toda esa actividad
social que cumplió tan destacadamente, llegando hasta abarcar la
diplomacia, fue vivida por Pedro Figari con un parejo interés por
las actividades intelectuales del puro y gratuito ejercicio.
Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal
publicado en 1912, testimonio de la inquietud de sus problemas
creativos mas generales. Autor de razonamientos sobre belleza o
manifestándose sensiblemente como los poemas "El arquitecto"
(1930), su pensamiento fijado en palabras forma una notable unidad
con su plástica, ya que sus libros pueden ser leídos en su
pintura. Los escenarios de largos horizontes en los que los seres
se integran en el paisaje señalan el credo panteísta como el
mensaje último de un artista filósofo.
Comprendiendo como pocos en que grado las
artes representan la sabiduría del pensamiento humano, supo
compendiar todas sus ideas fragmentadas en actividades múltiples
en la unidad visual del cuadro pintado. En su ecuación personal,
la pintura iguala la suma de numerosas experiencias en el trabajo
constante y variado de persona culta. Confiarse así como lo
cumplió, con entrega total a las artes, tan llenas de
incertidumbre, tan difíciles para los juicios definitivos, tan
proclives al descontento íntimo de quienes las ejercen; darse
enteramente a soltar sus preocupaciones después de haber realizado
un acto heroico.
Porque este inteligente personaje que conformaba muchos adeptos a
su derredor sabía que por ese tránsito se ubicaba en cierto modo
frente a esa sociedad en el lugar incómodo del inconformista. Al
iniciar decididamente su entrega a la pintura, la conciencia debió
serle clara sobre el destino futuro, pues no podía ignorar su
inmersión voluntaria en el descrédito ante los círculos y mundo
oficial en que actuaba, el abandono total de los halagos fugaces y
de la suspensión en su país por un largo lapso de su condición
popular de prohombre, todo lo cual sucedió.
Por otra parte, hasta el momento de su decisión hacia la pintura,
los círculos artísticos a los cuales iría a integrar no le
estimaban mas que como aficionado, como persona destacada,
brillante que amaba la pintura.
En consecuencia, era un aficionado, un "amateur" distinguido. En
general el artísta plástico profesional es condescendiente con el
hombre ilustrado; mas aún con el universitario que le muestra sus
obras. Tiene para él palabras de estímulo, le concede fácil halago
y ha de reparar en menos defectos que el crítico, pero siempre y
cuando no pretenda salir de esa categoría del pintar como
entretenimiento.
En una correspondencia del año 1919 enviada al pintor José Cúneo
para felicitarlo por unos recientes cuadros expuestos, Figari se
coloca en una situación de "dilettante". Comprensivo admirador de
otros pintores, declarándose en categoría neófita no reciben sus
pinturas combativas negaciones, como tampoco se divulgan sus
méritos. El estigma del aficionado le acompañó en la consideracion
ajena mas de lo debido; su título universitario molestaba la
estimación profesional de su pintura. Se llamó repetidamente
ingenuo a el! el mas docto y culto de la pintura rioplatense, el
artista que trabajo sobre una organizada visión intelectual -por
comprensiva- de su medio, a la vez que altamente artística.
Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte tras larga
meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir. Allí
vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio salió su
incomparable estilo, porque en la pintura también la mano piensa.
Figari desde Montevideo parte con su vocación ya marcada y al
instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en Paris
(1925-1933) mas que buscar el sustento de ideas procura aspirar al
aire inteligente de la comprensión. Creación y producción. Figari
separó perfectamente estos dos tiempos de la obra de los artistas,
que establecen distinciones definitivas y que en el presente
tienen a confundir por el apresurado deseo de uniformidad de
expresiones, considerada como conquista del artista moderno. Todo
horizonte que presenta un pintor señero es recorrido
inmediatamente por multitud de colegas de todos los países sin
conciencia de temores.
"El patio o Patio Unitario", óleo sobre cartón.
Es verdad que el tiempo universal del arte moderno permite que hoy
se mire a esos soles de frente no bien amanecen, como es cierto
que en otros momentos anteriores se contentaban los pintores
colectivistas con dibujar las espaldas de los astros en
declinación. En una rápida actitud para la liberación de dudas y
eliminación de las angustias y tedio de las esperas por las nuevas
expresiones del devenir, se consume con apresuramiento en una hora
de entusiasmo lo que debería ser producto de mas larga convicción.
Apenas capacitados para la identidad en la apariencia creativa -
desde luego inédita, brusca, llamativa, poderosamente diferenciada
como ocurre con los cambios evolutivos en las artes actuales - con
urgencia que sobrepasa todos los asombros, el artista produce. Su
adhesión es tan total que es imposible detenerlo en sus ansias. Ya
no investiga: produce en esa nueva devoción, nada aporta ni matiza
a la expresión que lo imanta; su pasado, su ayer inmediato, otro
culto anterior lo retiene: produce en la nueva manera y repite 20
0 30 veces un mismo ejercicio para cumplir la exposición personal
solicitada y responder a las invitaciones de los cada vez mas
numerosos certámenes nacionales e internacionales con rostro
diferente.
El igualismo expositor que hoy vemos en las
exhibiciones personales y aún colectivas, estuvo en épocas
transcurridas en le producir del pintor mercader sin sabia ni
ingenio y es hoy algo curioso, y a nuestra manera de ver bastante
lamentable que se constituye en práctica de artistas inquietos,
algunos ciertamente valiosos. Diríamos que de los "especialistas
en temas" se ha pasado al "especialista en expresiones", cambio
muy peligroso porque entraña confusión en valores mas altos.
Cuando el arte moderno aún no había cosechado consideración mas
que de una minoría de vigorosos sostenedores de sus necesarias
virtudes de renovación, el proceso de arribo al momento de la
producción, cuando el artista suelta el discurso en la
improvisacion absoluta pero eficaz, era mas lento.
Conciente de sus posibilidades formativas de expresión, le será
así permitido al artista una producción sin límites que
participara toda ella de la comunicación auténtica, sin caer en la
repetición o plagio de sí mismo. Si la creación requiere una
concentración y aislamiento del artista, la producción se
condiciona y facilita por una incitación externa o, mejor aún, por
la toma de conciencia de que existe un interés de verdadera
comprensión por lo que expresa. Figari en tren de divulgarse, de
apoyar el factor extensivo de su mensaje, de ejecutar las
necesarias aplicaciones de sus descubrimientos, de abrir la
riqueza de sus variantes, se dirige a Buenos Aires y allí se
instala.
Va en búsqueda de un ámbito propicio que le permita producir, sin
rebajar la condición de libertad en el arte. Es difícil que una
expresión inédita como la suya, especialmente si es cosmópolis
importante, ciudad acústica, se sabrá comprobar sus resultados
expresivos como autónomos y también advertir la verdad de la forma
nueva, sin que le perjudique el achaque de extravagancia con que
puede juzgarlo la opinión de su comarca. Querer encontrar en ese
mismo ámbito un apoyo para seguir expresándose, pronto hubiera
sido caer en un conformismo y resignación de sus mas bellas
condiciones de creador...
Los temas de Figari - no el tiempo expresivo - eran ciertamente
afines a los usados por artistas argentinos, y allí completa su
repertorio con interpretaciones de motivos propios del país, como
el episodio de "Barranca Yaco", del retrato del personaje
literario "Don Segundo Sombra" y las danzas provincianas. Encontró
en Buenos Aires un medio, una "elite" culta, acogedora, pero lo
suficientemente reciente en el contacto del artista para
apreciarlo como versión totalmente inédita y respetarlo en su
virginidad interpretativa. Una "elite" de alta napa de la sociedad
bonaerense lo sostiene y alienta. Algunos literatos intuyen su
gran aporte a la cultura ciudadana.
Un crítico amigo de los pintores de vanguardia, mas brillante
panfletista que certero de juicio, lo niega y lo befa por su
"doctorado", pero el saldo entre estímulos y rechazos,
afirmaciones y negaciones, es totalmente favorable, porque no son
pocas las inteligencias que llegan al meollo mismo de la intención
del creador y le es suficiente a cualquier artista comprobar que
se advierte como cumplida la que fue su intención inicial. Se
reconocía la veracidad de su nuevo estilo, lo que aportaba como
renovación expresiva para una temática cuyo objetivo documental
comenzaba a fatigar. Su primera exposición en Buenos Aires en 1921
marca una fecha en la misma evolución de la cultura argentina,
considerándosele como precursor evidente del movimiento "Martinfierrista".
Asegurado el interés del hombre culto de Buenos Aires, Figari fue
a afirmar sus propósitos expresivos en Paris. Esos mismos
argentinos y el uruguayo Julio Supervielle le han de ayudar para
ubicarse en la capital de Francia. A la "Escuela de Paris"
perteneció y dentro de ellas al neoimpresionismo...Su pintura
ciertamente influída por Vuillard y Bonnard, marca aportes a esa
tendencia de los "intimistas" franceses no solo en el
incuestionable interés de sus nuevos motivos, sino también en la
presencia de esa citada síntesis que es traducción válida hasta
hoy, de la mayor sencillez y juventud continentales. Figari es uno
de los iniciales y mas conspicuos representantes de un momento de
la pintura de Latinoamérica, después del período documental, que
le reconocemos como la etapa de investigación de un contenido
local.
En lo colectivo, es un momento en que el arte de América del Sur
se ve invadido por los pintoresquistas y los cultores del tipismo.
Figari se aisló en su posición; nada reprodujo, nada subrayó: todo
en su pintura fue un comentario. El comentario de Figari, lejos de
ser pirotecnia propagandista del folklores era solera y prosapia
rioplatense; una historia usada, sabia e íntima.
En Buenos Aires, Paris y un último año, en 1934 en Montevideo,
cuando cesa de pintar dejando amontonados a su muerte dos mil
quinientos cartones pintados, es que se realiza su largo relato.
Cada cartón suyo es una palabra de ese enorme mundo experimentado
por este, sin duda, insolitamente culto pintor. Ese hombre
universitario y de letras, redactor de ensayos filosóficos, se
convierte en el visualizador por excelencia. Visualizador es el
acto sicológico de pensar en imágenes. Es el gran visualizador.
En el apurado dibujar de sus cartones, los
arabescos están facilitados por los movimientos de su mano, cuya
muñeca gira como "pivot" de increíble huelgo que va describiendo
sus invenciones incesantes.
El iniciador de la pintura uruguaya Juan Manuel Blanes, discípulo
de la Academia Florentina, formula enteramente su arte; antes de
transcurrir un siglo, Figari se presenta como la antítesis del
viejo pintor, con la desformulación mas total.
En menos de un siglo de existencia, el dibujo uruguayo recorre
desde los vasos de los caballos de la "La escolta del General
Maximo Santos" de Juan Manuel Blanes, todos iguales, hasta las
cuatro patas de cualquier potro clinudo de Pedro Figari, todas
diferentes.
"Potros en la Pampa", óleo sobre cartón, colección Eduardo
Constantini.
Como dibujo Figari creó el suyo, tal los armonistas de su época,
aquellos impresionables ya citados que fijaban resoluciones
sorpresivas, solo atentos a sus ocurrencias. No tenía este dibujo,
resabio alguno de la noción académica del acabado perfecto. Es el
dibujo de Figari individualista en grado sumo, desformulado al
extremo, pero el mas convincente para su propósito, el mas preciso
para imprecisar formas y detalles en su deseo de recordación
poética del pasado sin caer en las anacrónicas reconstrucciones,
para poder fundir cualquier relato suyo en el plano de la leyenda
que es la que hace cierta la relación de las cosas del pasado. De
aquí asemejándose los cuadros de los últimos años por temas,
armonías, señalización de horizontales o disposición de las
figuras en friso, siempre se ha de notar en la interpretación
pictórica de su mundo figurativo una nueva ocurrencia o metáfora
de su pincel, que le quita o le anula la posibilidad de ser calco
o repetición.
...Figari - bien lo afirmaba el artista en todas sus
conversaciones- tuvo su tema, cuyos motivos son todos
innegablemente parecidos al escenario del Río de la Plata.
Bastante fácil es comprender que en este aspecto solo puede
interesar al uruguayo o al argentino, pero los temas en pintura
empiezan a ser válidos desde las mismas creaciones de los artistas
y no por méritos referenciales que solo atraen a la gente local;
lo que importa afirmar es que Figari creó su tema: "El país del
Doctor Figari" (nombre que dimos a un film sobre su obra) y que la
narración de ese folklore íntimo del artista interesa a todo el
mundo porque se le comprende como extraído desde dentro del pintor
y no como captación externa o pintoresca de las cosas reales.
Falleció en 1938 el mismo día que el escritor Carlos Reyles.
Pedro Figari
(1861-1938) |
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Nace en Montevideo el 29 de julio de 1861. Su inclinación
artística se manifiesta tempranamente combinándose con múltiples
actividades. Es abogado desde 1886, nombrado Defensor de Pobres en
lo Civil y Criminal, periodista y codirector de un periódico,
impulsor de la creación de la Escuela de Bellas Artes, diputado,
miembro del Consejo de Estado, elegido presidente del Ateneo de
Montevideo, director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios,
miembro honorario de la Sociedad de Artistas Uruguayos, Asesor
Letrado de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay. Entre estas
múltiples actividades se destaca su creación de ensayos
filosóficos, crítica artística y poesía. Participa en numerosas
tertulias junto a artistas como Sáez y Blanes Viale.
En 1921 se radica en Buenos Aires dedicándose a la tarea
pictórica y recibiendo del medio una crítica elogiosa. En 1925 se
traslada a París donde permanece nueve años y obtiene la
consagración como artista plástico. Desde allí proyecta y organiza
exposiciones en Europa y América. Regresa al Uruguay en 1933 y es
nombrado Asesor Artístico del Ministerio de Instrucción Pública.
Pedro Figari es un pintor de manchas y no de líneas. Pinta el
pasado sin documentarse, lo hace de memoria; con una memoria
afectiva. Puebla sus espacios inconmensurables con gauchos, negros
y criollos como metáforas de un presunto ser nacional.
Pedro Figari nació en 1861. Era hijo de genoveses venidos el
siglo pasado al Uruguay. Se recibió de abogado en 1886 cuando sólo
tenía 25 años. Al año se casó con María de Castro y viajó a Europa
donde permanece hasta 1895. Al volver al país funda el diario "El
Deber" y protagoniza el famoso "Caso Almeida" logrando la
absolución del acusado, en un juicio que dura 13 años.
En su vida política es diputado y forma parte del Consejo de
Estado.
Al comenzar el 900 propicia la creación de la Escuela de Bellas
Artes, proyecto al cual dedica 3 años.
Sus actividades culturales lo llevan a ser presidente del Ateneo
de Montevideo.
Terminado su mandato integra el Patronato de la Escuela de Artes y
Oficios cuando ya es el año 1910. A fines de ese año publica
diversas notas periodísticas políticas en "La Razón".
Un año después escribe su ensayo estético filosófico "Arte,
Estética, Ideal" que aparece en 1912.
En 1915 se ocupa de la orientación de la Escuela Nacional de Arte
y Oficios y ocupa la dirección de la entidad hasta 1917.
Posteriormente produce trabajos y conferencias sobre temas
estéticos con una perspectiva americana.
En 1921 se radica en Buenos Aires y recién entonces da a conocer
sus cuadros, vinculándose con los intelectuales argentinos, entre
ellos los de orientación latinoamericanista.
En 1925 se radica en París donde permanece 8 años. En el período
expone en Londres, Bruselas y París y obtiene éxito y
reconocimiento internacionales.
En 1927 es nombrado embajador en Londres donde reside brevemente y
escribe "El Arquitecto" que publica en 1928 en París.
En 1930 recibe el Gran Premio de Pintura del Centenario y publica
sus relatos "Historia Kiria". En 1933 es nombrado Asesor Artístico
del Ministerio de Instrucción Pública y vuelve al Uruguay. Realiza
exposiciones aquí y en Buenos Aires.
Muere en Montevideo, el 24 de junio de 1938.
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