Hay
un problema fundamental, en el carácter mismo de los
concursos de arte, que debe ser analizado por
patrocinadores, artistas, críticos y curadores. Ese
problema es filosófico y estético y tiene que ver con la
representación a través del arte (en el tiempo, en el
espacio, en la materia) de las formas abstractas o
conceptuales propias de la razón y del lenguaje que
habitan la mente del artista.
Schopenhauer
afirmaba que “aunque los conceptos difieren totalmente
de las representaciones intuitivas, estos tienen con
ellas una relación necesaria, sin la cual no
existirían”. Sin embargo, a diferencia de la ciencia,
el arte permanece siempre bajo el dominio de la
intuición y no en los terrenos de la razón, de la
lógica, de la mecánica, de la palabra o del lenguaje.
La obra arte es la comunicación física y material de
imágenes mentales. El arte conceptual pretende negar
esa realidad y sustituir con simplísimos conceptos, con
frases acuñadas, lo grandioso de la expresión plástica.
Como el llamado
“arte conceptual” no puede prescindir ni del lenguaje ni
de la materia, utiliza el resultado de tecnologías, como
manifestación válida del espíritu humano de hoy. Así la
obra de arte se convierte en producto. La moda, la
publicidad, el video y la fotografía son productos. Tal
como lo son los demás productos de la industria y del
comercio. Por supuesto el conocimiento y la experiencia
artística del diseñador, del publicista y del fotógrafo
contribuyen a mejorar visualmente la estética del
producto final.
Pero el artista
verdadero no “produce” una obra de arte, sino la crea
con sus propias manos. Porque el arte no pertenece a la
ciencia, a la tecnología ni a los predios de la
mecánica, ni de la razón. Pertenece a la experiencia,
al imperio de los sentidos. El artista utiliza una
técnica (no necesariamente una tecnología) para
transformar la materia en obra de arte y la intención es
siempre tocar las emociones del espectador, moviéndole,
conmoviéndole, llevándole a tomar (luego de la
contemplación de la imagen) su propia opinión sobre el
tema plasmado. Ni la fotografía, ni el video, ni la
publicida, ni la moda, alcanzan los altos niveles de
goce estético que derivamos de las artes plásticas.
La diferencia es
(volvemos a Schopenhauer), que “la obra de arte es única
e irrepetible”. Ahí radica su esencia y
particularidad. Se puede copiar, pero no repetir. Hoy
no hay nada más repetible ni más "exactamente repetible"
que la tecnología digital. La fotografía y el video no
pertenecen a las artes plásticas, aunque ciertamente se
incluyan en ellos elementos estéticos tomados de la
plástica (el claroscuro, brillo, contraste, perspectiva,
etc.,). No me opongo a esas expresiones. Las considero
válidas y necesarias. Pero como pertenecen a otra
categoría (artes visuales) deben ser juzgados y
ponderados de forma separada, de acuerdo a otras reglas,
a otros cánones.
La ciencia y la
tecnología contribuyen, indudablemente, a la difusión
del arte. Podemos escuchar con deleite una reproducción
digital de Las cuatro estaciones de Vivaldi, pero nada
es comparable a estar ahí, en el teatro, cuando la
orquesta la ejecuta. Esa experiencia es única y no
volverá a ocurrir nunca más, aunque volvamos mil veces
al teatro a escuchar la misma pieza y a la misma
orquesta.
Ningún jurado (de
selección, de premiación) podrá jamás suprimir ni
amordazar la expresión de los artistas plásticos.
Porque mirar el arte es mirarnos a nosotros mismos.
Mientras más y mejor lo conocemos, mejor comprendemos
nuestra esencia y circunstancia. El arte permite
desempeñarnos con una mayor creatividad y libertad, en
cualquier área. Por eso debemos abrirnos a las múltiples
expresiones de las artes plásticas, ya que ayudan a
consolidar nuestra identidad, a conocernos como
individuos y como seres sociales, con aspectos
compartidos dentro de un núcleo o contexto económico,
social, cultural, político.
Tratar de eliminar
el arte de la pintura o de la escultura es comparable a
tratar de eliminar la música o la poesía. Las artes
plásticas siguen renovándose de manera viva y pujante en
República Dominicana y en todo el mundo. El arte de la
pintura en particular y las artes plásticas en general
tienden a ser negadas, eliminadas, o sustituidas, por
curadores de museos, de bienales y de concursos. En su
lugar se coloca la fotografía, el video, y el arte
manipulado digitalmente con ordenadores. Esa tendencia
fue favorecida nueva vez por los jurados del XX Concurso
de E. León Jimenes, y es una pena, porque el concurso se
ha convertido, en los últimos años, no en un concurso de
arte, sino de fotografía.