ARTE CUBANO

 

LA CONSAGRACIÓN DE

ALEJO CARPENTIER

Fernando Ureña Rib

 

 

 

Las pinturas orficas de Fernando Urena Rib

 

 

Una profusa vegetación tropical se apodera de los espacios pictóricos del cubano Wilfredo Lam y va devorándolo todo en su implacable paso.  Palmas delirantes, cocoteros ansiosos y una hojarasca estilizada se adueñan de los objetos y de los hombres sin que sea posible escapar de sus redes, de su madeja de signos, de sus tótem, de sus pájaros sagrados de picos puntiagudos y que de pronto son pájaros transformados en en galipotes, en fantasmas asustados de su propia sombra delirante.

El universo de Wilfredo Lam transcurre en estas querellas del hombre con la naturaleza, del hombre con lo desconocido, de la magia ineludible de la selva y de los sexos atávicos o impúdicos del Caribe. Un Caribe ancestral, primigenio y un Caribe que descubre a cada paso, no sin nostalgia, los caprichos de la civilización. Wilfredo Lam es sin dudas uno de los pintores cubanos de mayor fuerza dramática y de más peso, tanto en el fondo, como en la forma exuberante y poderosa de los trópicos.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

ALEJO CARPENTIER

 

Nació el 26 de diciembre de 1904, en La Habana (Cuba). Cursó parte de sus estudios iniciales en su ciudad natal, y con doce años, se trasladó a París donde asistió al liceo de Jeanson de Sailly, y se inició en los estudios musicales con su madre, desarrollando una intensa vocación musical. Al regrear a su país, inició los estudios de arquitectura, ya que su padre era arquitecto, pero no finalizaría la carrera.

Comenzó a trabajar como periodista y a participar en movimientos políticos izquierdistas. Fue encarcelado y con su puesta en libertad se exilió en Francia. Regresó a Cuba donde trabajó en la radio y llevó a cabo importantes investigaciones sobre la música popular cubana. Visitó México y Haití donde se interesó por las revueltas de los esclavos del siglo XVIII. Se trasladó a Caracas en 1945 y no regresó a Cuba hasta 1956, año en el que se produjo el triunfo de la Revolución Castrista. Trabajó en varios cargos diplomáticos para el gobierno revolucionario. Falleció el 25 de abril de 1980 en París.

Entre sus novelas hay que destacar El reino de este mundo (1949), que tiene como tema central la revolución haitiana y el tirano del siglo XIX Henri Christophe, y Los pasos perdidos (1953), el diario ficticio de un músico cubano en el Amazonas, que intenta definir la relación real entre España y América siguiendo la conquista española. Ésta ha sido calificada como su obra maestra. Guerra del tiempo (1958) trata la violencia y la naturaleza represiva del gobierno cubano durante la década de 1950. En 1962 se publicó El siglo de las luces, en la que narra la vida de tres personajes arrastrados por el vendaval de la Revolución Francesa. Concierto Barroco (1974) es una novela en la que muestra sus visiones acerca de la mezcla de culturas en Hispanoamérica. El recurso del método (1974) y La consagración de la primavera (1978); la primera suele "considerarse como la historia de la destrucción de un mundo", la caída del mito del hombre de orden, mientras que la segunda representa la larga crónica del triunfo en Cuba de un nuevo mito, que Carpentier trata de explicar desde su imposible papel de espectador: el autor trata de explicar el inconciliable desajuste entre el tiempo del hombre y el tiempo de la historia.

El término "lo real maravilloso" inventado por Carpentier y divulgado en el prólogo a su novela El reino de este mundo ha servido para tipificar su propia novelistica. Es un simil del llamado "realismo mitico" incorporado a la descripción de la realidad hispanoamericana. La realidad y el sueño, la razón y la imaginación, la historia y la fábula, la vida y la muerte, entretejen sus lazos narrativos hasta llegar a conformar una especie de tapiz suntuoso, mágico y alegórico, conceptual y, por momentos, culterano.

 

 

 

 

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