El
concepto aristotélico de abstracción se aplicaba, originalmente, a las
matemáticas y a la razón. En oposición al concepto de concreción (es
decir, lo perceptible) la abstracción no pertenecía al mundo de las
cosas físicas y sensibles.
El chileno Benito Rojo
parece resolver la oposición dialéctica y filosófica de Aristóteles en
sus pinturas abstractas más recientes.
Bien vistas, estas pinturas
son un minucioso y pormenorizado estudio de mapas geodésicos, de la
erosionada y cambiante anatomía del suelo, de las áreas mineras y de
las conspicuas planicies litorales de Chile.
Bastaría que hiciéramos un
vuelo de cóndor sobre el paisaje chileno o que nos adentráramos, al
Norte, en la abrupta orografía del desierto de Atacama o en los
escarpados montes desolados del altiplano Boliviano. La visión aérea
de la geografía de todo un continente parece entretejida en sus
lienzos, la urdimbre de caminos que señalan el paso del hombre en
medio de aquella inmensa soledad. Pero no se trata de una réplica
fotográfica de esa visión. Es la profunda visión del hombre sensible,
enriquecida, claro está por una imaginación apasionada y fértil.
Es por esto que un
sentimiento de silencio, de soledad y de grandeza crece en alguna
región abstracta e insondable dentro de nosotros, y nos sobrecoge
al contemplar estas pinturas, que nos inducen a reflexionar sobre la
absoluta indefensión del ser humano, frente a la inmensa pujanza de la
naturaleza y de las fuerzas que mueven su destino.
Fernando Ureña Rib
Ficha del Museo
Biografía

Benito Rojo, pintor chileno,
nació en Santiago el 26 de julio de 1950.
Estudió Derecho en la Universidad de Chile,
egresando el año 1973; siguió algunos cursos de plástica con
Adolfo Couve, pero no realizó mayores estudios formales de arte;
sin embargo, su condición de autodidacta no ha impedido que se le
incorpore en el grupo de la generación del ´70.
Ha sido profesor de arte en la Universidad
Privada Adolfo Ibáñez, en la Pontificia Universidad Católica, en
el Instituto de Arte Contemporáneo y en la Facultad de Ciencias de
la Educación de la Universidad de Chile.
En 1998 fue incorporado como Miembro de Número
de la
Academia Chilena de Bellas Artes.
Benito Rojo ha recibido, entre otros, el Primer
Premio de Pintura, Concurso de la Colocadora Nacional de Valores
(1976), el Premio Universidad de Valparaíso, Bienal Internacional
de Arte de Valparaíso (1981), Premio Suntory en la Trienal de
Osaka, Japón(1990), Primer Premio, Concurso de Pintura Chilena
'Las Tacas' (1993) Obtuvo la Beca Amigos del Arte (1978) y la Beca
Walter Lund y Cía., (1987) Ha realizado exposiciones individuales
en Chile, EE. UU y Japón, y sus obras "Topografía Cristiana" y
"Sin título", forman parte de la colección del MNBA.
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Benito Rojo aborda la pintura
desde el uso de las técnicas mixtas, integrando óleo, acrílico a
la pistola, carboncillo, arena o metal, en una misma obra.
El artista mantiene en su producción una constante reflexión sobre
los aspectos topográficos del paisaje, es decir, de las formas,
texturas y materias que conforman la representación de un espacio
geográfico, como, por ejemplo, el desierto.
Inspirándose, entonces, en el medio ambiente chileno, utiliza
tonos ocres y terrosos para elaborar los fondos, los que luego
interrumpe con mínimas estrategias de representación: formas
geométricas y ciertos toques de color, muy luminosos y llamativos,
que concentran la atención visual y dirigen la distribución del
espacio compositivo.
De este modo, se genera una tensión entre el plano y el volumen:
un contrapunto entre la ficticia representación del volumen y la
real representación del plano.
La factura de sus obras se instala, por lo tanto, en la estética
del Informalismo, ámbito plástico donde predomina la gestualidad
del autor y el uso espontáneo de la mancha.
Con estos medios, Rojo intenta expresar la condición humana,
revestida de cansancio y angustia, junto con cuestionar la
condición ilusionista de la pintura.
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