Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

 

MÚSICA TEATRO Y DANZA

 

AIDITA SELMAN

ANDREÍNA JIMENEZ

AWILDA POLANCO

BALLET ROTO

CASA DE LA TORRE

CLAUDIA PEÑA DAVID

CARLOS PIANTINI

CARLOS VEITIA

EDMUNDO POY

ELISABETH CROOKE

GINNY OCAÑA

JUAN FIDEL MIESES

JOSÉ ANTONIO MOLINA

JUAN LUÍS GUERRA

IÑAKI URLEZAGA

ESTHER VOGRIG

SORAYA FRANCO

MANUELA RODRÍGUEZ

MARÍA CASTILLO

MERCEDES MORALES

MICHAEL CAMILO

MILTON

MÓNIKA DESPRADEL

NATALIE CHOQUETTE

NANCY HERRERA

OBED UREÑA HAELEN

ORESTES AMADOR

PATSI ARIAS

PATRICIA PEREYRA

PATRICIA ASCUASIATI

VÍCTOR RAMÍREZ

ZOE SALDANA

 

 

 

 

DANZA DOMINICANA    BALLET ROTO

 

VÍCTOR RAMÍREZ Y MERCEDES MORALES

LA BODA, CELEBRACIÓN

DE LA DANZA Y DEL AMOR

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

Victor Ramirez y Mercedes Morales en Ballet Roto

Mercedes Morales y Victor Ramirez en Ballet Roto, danza contemporanea y fusiones alternativas

VÍCTOR RAMÍREZ Y MERCEDES MORALES

 

 

LA BODA, UNA CELEBRACIÓN DE LA DANZA Y DEL AMOR

 

La Boda, última coreografía presentada por el Ballet Roto de Santo Domingo en el Teatro Nacional es una formidable apología del amor. Tres parejas se adueñan del espacio escénico y transitan por los espacios interiores del espectador descubriendo en él los secretos de la pasión amorosa.  Los altibajos de ese sentimiento,  su lujuria, sus afectos, miedos, querellas, agravios y perdones se manifiestan con precisión en cada una de las secuencias narrativas de la historia. La plasticidad lograda por las parejas que se alternan abren la imaginación y la fecundan para intentar crear historias nuevas, de obsesión, de desamor, de celos, de confesión y culpas; de reconciliación y compromiso.

Sobresale la participación de Mercedes Morales y Víctor Ramírez, tanto por la magnífica coreografía, como por la ejecución y la dirección escénica. Mercedes y Víctor son pareja en la vida real. En la escena, esa pareja expresa de manera elocuente y a través del recurso poderoso del arte y de la danza, esa rica gama de emociones que vive normalmente una pareja. De modo que el gesto, el ademán, adquiere la dimensión de lo vivido, de lo real y verosímil. La gracia del conjunto se revitaliza en esta pareja que interactúa de manera sentida y entrañable.

En esta presentación de La Boda, se destaca  por muy buenas razones, la bailarina Elizabeth Crooke, quien ya había  conquistado al público en los Encuentros de Coreógrafos presentados en la Sala Manuel Rueda. Elizabeth es una bailarina en la plenitud de su juventud y belleza. Además de sus condiciones y atributos físicos, esta joven trabaja la danza con intensidad, como si cada movimiento surgiera espontáneamente desde lo más profundo de sus entrañas. Sin embargo, no hay brusquedad en la manera en que ella irradia esa fuerza interior. Note usted cómo la energía recorre todo su cuerpo, se extiende por los brazos hasta llegar a la yema de los dedos, desde donde ella parece retomarla y traerla en el puño de nuevo hacia sí misma en un  fluir que va creciendo y adueñándose de ese momento único e irrepetible de la contemplación escénica. 

Hubo otras sorpresas que el espectador acogió con júbilo. Los bailarines de Haití, Raphaelle Francois y Dayron Napoles Robeant despliegan energía y precisión, capacidad histriónica y gran versatilidad, tanto en la agilidad, como en la calidad y calidez de sus movimientos. Poseedor de una gran flexibilidad y de una capacidad acrobática, Dayron nos abre las puertas del sueño y nos hace pensar en la hábil ligereza de los felinos. Por un instante, él parece desprenderse del piso como por un mecanismo de resorte y vuelve a caer sobre el tabloncillo con un mullido y silencioso golpe que se convierte en un nuevo movimiento aéreo. De la misma manera, las parejas formadas por Pablo Manuel Perez y Raphaelle Francois se acoplan y se desdoblan, en fusiones efectivas de gran plasticidad.

No es posible dejar de mencionar la ambientación escénica de José Miura. Minimalista, sin estridencias y sin embargo, con detalles de gran riqueza cromática, la obra escenográfica de Miura se convierte en el soporte ideal para esta pieza. Miura impone a sus creaciones escenográficas un tono sacro, ritual. Inclinado por naturaleza a lo ceremonioso, Miura no abruma ni entorpece el desarrollo escénico, sino que lo deja fluir guiándose, advierto yo,  por ciertos principios del Feng Shui y creando balances entre los espacios negativos, vacíos y los positivos de modo que contribuyan a la energía espiritual del transcurrir danzario. 

La Boda, de Ballet Roto fue la pieza invitada que se presentó en el Teatro Nacional el día 4 de Marzo del 2006 como contraparte de la presentación de Iñaki Urlezaga en una exitosa producción de Carmen María Grullón.

 

FERNANDO UREÑA RIB
 

____________

LAS FUSIONES ALTERNATIVAS DEL BALLET ROTO

 

Anoche fui a Casa de Teatro. Temprano en la tarde había llamado Claudia Peña David,  una de las bailarinas, diciendo que la presentación empezaba a las nueve.  Al llegar noté que la fila era poco menos que interminable.  Un público joven y nutrido asistía a la presentación con la que  Ballet Roto celebra sus diez años en el mundo de la danza.  Víctor Ramírez y Mercedes Morales son los fundadores y las figuras estelares de ese ballet que intenta hacer una fusión entre la danza clásica y la contemporánea.  De ahí el nombre. A pesar de la multitud, logré sentarme en la primera fila.

Diez años, en cualquier actividad, merece ciertamente ser celebrados con entusiasmo. Y así se notaba el público, entusiasmado y expectante.  Al entrar en la pequeña sala yacían sobre el tabloncillo los cuerpos de unas cuatro o cinco bailarinas.  Entre ellas, Claudia Peña.  A Claudia la conozco desde hace tres años.  Ella es versátil, muy flexible, baila con intensidad y se apodera de sus personajes, de sus características histriónicas. 

Languidez, es el título de la primera coreografía de Mercedes Morales.  Siguiendo la tendencia de muchas piezas en la danza contemporánea, se manifiesta aquí una especie de exorcismo, de catarsis.  Hay algo dentro de estas mujeres que las tortura y las daña, algo en sus entrañas que anhela eliminarse, salir o expandirse, pero no puede.  Entonces las bailarinas se socorren unas a otras mientras una vorágine de torturas continúa por un espacio de tiempo interminable, en el que las muchachas se alzan, se arrastran y se desploman sobre el tabloncillo como si un veneno les perforara el vientre.  La calidad y hondura de esta pieza ganaría si su extensión fuera reducida a la mitad, porque luego de los primeros cinco minutos, el público pierde interés y la encuentra reiterativa y vacua.  El arte consiste (al igual que la música) en crear y eliminar tensiones.  Una cierta dosis de humor enriquecería la pieza y la haría más deleitable.

En la segunda pieza aparecen Víctor y Mercedes.  Víctor Ramírez es un bailarín consagrado, de atlética figura y excelente manejo escénico.  Él y Mercedes hacen una de las mejores parejas de la danza dominicana actual.  Se conocen y reparten su peso con magníficos saltos y contrabalances. Mercedes conserva la gracia y donaire de una bailarina clásica y, sin dificultad, logra trasladar a la danza contemporánea una hermosa reminiscencia de sus mejores dotes como bailarina clásica. Con todo, y a pesar del breve desnudo, no apreciamos en esta pieza la sensualidad, ni la carga de energía y vitalidad manifestada en otras ocasiones. Quizás porque se va de un extremo a otro sin las sutiles gradaciones que determinan la expectación que conduce a un clímax. .

Marylin Gallardo, cuyas dotes histriónicas se ponen de manifiesto,  hizo de la coreografía que protagonizó un cuadro escénico que no era, en el sentido estricto, ni una coreografía ni un entremés.  La confusión ocurre porque ella trata de aglomerar una multiplicidad de mensajes, de la más diversa índole,  en el transcurso de unos minutos. Y nada queda claro en la mente del espectador  que no sabe si estamos frente a publicidad política, a crítica social, a folklore africano o a qué.  En la danza siempre es preferible ceñirse a un asunto único y desarrollarlo con profundidad en todas las posibles vertientes de ese asunto. Ella, quien es tan buena en lo que sabe hacer mejor  (la danza afro antillana) se diluye en extravagancias que dejan al espectador perplejo y preguntándose ¿Por qué no aprovechó la ocasión para demuestrar en una pieza toda esa fuerza maravillosa de la danza africana?

Aunque la maternidad transformó la anatomía de  Mónika Despradel, ella sigue siendo una de nuestras bailarinas más hermosas, versátiles y de mejor presencia escénica.  Conocedora de sus recursos, Mónika Despradel los utiliza en su favor y hace un generoso aporte a la producción con la pieza de las lavanderas.  Una acertada mezcla de sensualidad y crítica social se apodera de los personajes, quienes salpican a todo el mundo mientras tratan de lavar, en bateas de zinc  la corrupción y la guerra.  Aquí, de nuevo, es preciso revisar el elemento dosis.  En un espectáculo es preciso dosificar los elementos que lo componen y evitar la reiteración.  Por otra, el  arte comunica siempre un mensaje.  Y el mensaje ulterior no tiene por qué estar escrito con tinta sobre un lienzo, sino que debe ser una sensación que se produzca en el espectador como resultado de la acción presentada.   Así,  la palabra PAZ en los cordeles, debía ser el estado general a que llega el auditorio, luego de atravesar los álgidos estados emotivos previos.  Por supuesto, la obvia manipulación de la botellita de agua abarata el conjunto y lo convierte en un afiche publicitario, en un utilitario comercial ampliado.

El afán por la novedad, por lo inusitado, hizo que la pieza final se convirtiera en una sesión de incómodas piruetas y peripecias.  Incómodas, supongo, tanto para el público como para el elenco, porque los bailarines, siendo simultáneamente actores y espectadores, hacen ciertas acrobacias sin sentido entre las butacas mientras el público observa de pie sobre el tabloncillo, luego de una evacuación dirigida e interminable.  La expectación superó los resultados, porque la iluminación era pobre o sobreabundante y porque no se sabía si se trataba de danza, de peligrosos ejercicios, o de una desabrida aventura escénica. 

Yo aplaudí con furor, sin embargo.  Primero por el éxito de Víctor y Mercedes.  Segundo, porque la danza requiere de mucho más apoyo del que cuenta y porque los bailarines dominicanos son unos visionarios, unos héroes sociales, unos quijotes.  Y llenar el teatro con un público ávido y joven es, mucho más que una proeza. Así que ¡Felicidades Víctor y Mercedes! ¡ Y sigan cosechando triunfos luego de estos primeros diez años en Ballet Roto!

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

ARTE, TEATRO, DANZA, LITERATURA Y MÚSICA

REPÚBLICA DOMINICANA



Los bailarines Mercedes Morales y Víctor Ramírez han convertido el concepto de insularidad en un espectáculo postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía y técnicas multimedia.


El Teatro Nacional será escenario de ‘‘Rodeados-Surrounded-Entourés’’, la décima propuesta de Ballet Roto que reunirá artistas nacionales y extranjeros.
Los bailarines Mercedes Morales y Víctor Ramírez han convertido el concepto de insularidad en un espectáculo postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía y técnicas multimedia.
Según ellos, ‘Rodeados-Surrounded-Entourés’’, se trata de ‘‘proyectar a los dominicanos como entes del mundo y ante éste’’, correspondiéndole a él mismo junto a Morales, el músico Ésar Simó, la actriz Loraine Ferrand, el actor Orestes Amador, de origen cubano, y al escenógrafo José Miura, proyectar la insularidad en sus respectivas vertientes artísticas. Las presentaciones serán los días 2 y 3 de noviembre.

‘‘Rodeados”: la insularidad hecha danza y movimientos

Santo Domingo.- Los primeros bailarines Mercedes Morales y Víctor Ramírez, fundadores y directores de la compañía de danza Ballet Roto, han convertido el concepto de insularidad en un espectáculo postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía y técnicas multimedia, listo para presentarse el dos y tres de noviembre próximo, en la sala Eduardo Brito del Teatro Nacional.
Según sus promotores, “Rodeados-Surrounded-Entourés’’ no es sólo novedoso en su concepto, pues también posee el mérito de reunir en escena y ‘‘tras bambalinas’’ a artistas que abarcan desde la literatura hasta la luminotécnica; de nacionalidades dominicana, norteamericana, belga, cubana y venezolana.

Lo que se proyecta

De acuerdo a Ramírez se trata de ‘‘proyectar a los dominicanos como entes del mundo y ante este’’, correspondiéndole a él mismo junto a Morales, el músico Esar Simó, la actriz Loraine Ferrand, el actor Orestes Amador, de origen cubano, y al escenógrafo José Miura, proyectar la insularidad en sus respectivas vertientes artísticas.
Por igual, en el espectáculo que cuenta con la dirección artística de Morales y Ramírez, con producción de Ballet Roto, han contribuido: Martín López, en fotos, afiches, postales y portada del programa; Alex Otero, fotos prensa, y Oscar Grullón, con el video para la pieza “Rodeados-Surrounded-Entourés”.
Mientras que el coreógrafo norteamericano residente en Bruselas, Ted Stoffer; su asistente Pieter Jam Berbondel, y la luminotécnica venezolana Carolina Puig añadirán su visión a través de piezas que han sido creadas en el país, tras semanas de intercambio de ideas con sus homólogos dominicanos.
—“Rodeados-Surrounded-Entourés” es una metáfora de la geografía repartida (Santo Domingo-Nueva York-el batey y el mundo), aunque unida virtualmente por el alma, la música y el arte’’, destaca la crítica de arte Mónika Volunteri.
Al crear la idea del espectáculo, Ramírez se enriqueció con uno de los poemas de la escritora dominicana Soledad Álvarez, titulado Vouyeaur, siendo uno de sus versos: ‘‘Los amantes en la playa no saben que miro/ el encuentro de sus cuerpos a la/ sombra del atardecer’’. La presentación de ‘Rodeados-Surrounded-Entourés’ representará el décimo espectáculo preparado por la compañía, que también forma nuevos talentos para la danza dominicana. Ballet Roto ha llevado a la escena ‘Paréntesis’, ‘Una Isla’, ‘Pasos’, ‘8 Pies’, ‘Cancionero’, ’Concierto para dos’, ‘Repertorio’, ‘Juana la Loca’ y ‘Repertorio II’.

 

 

 

FICHA DEL MUSEO

 

MERCEDES MORALES

Miembro fundadora del Ballet Clásico Dominicano, hoy día Ballet Nacional Dominicano. se destacó en roles principales del repertorio clásico, tales como: El Lago de los Cisnes y Carmen. Formó parte del Ballet Concierto Dominicano que dirige Carlos Veitía como primera bailarina, ganando para éste, junto a Víctor Ramírez, medalla de bronce para la República Domnicana en el Festival Competencia en ciudad Trujillo, Perú. Escuelas, profesores y coreógrafos: Finis Jhung, Alvin Alley, American Dance Center, Merce Cunnigham Studio, Michel Bruel director del Ballet de la Opera de Avignon 85/90, Francisco Monción, Escuela Nacional de Cuba, Nelly Golovina (Kirov), Alexandra Wells (Boston Ballet), Jean-guy Saintus (Haití), Carlos Veitía, Juan Fidel Mieses, Clara Elena Ramírez, Eduardo Villanueva, Marilí Gallardo, dramaturgo español Guillermo Heras. Vicente Nebrada (Venezuela), Luz Urdaneta (Venezuela), Jacques Broquet (Venezuela), Alberto Méndez (Cuba), Antonio Gómez (Brasil). Participación con el rol principal en Ballet Teatro “Los Siete Sueños de Meuda-San”. Asistente de coreografía de la película Bitter Sugar. Coreógrafa e intérprete en los encuentros de Danza Contemporánea realizados por RITMOS. Participación en el espectáculo “Cartas” de Monika Despradel como coreógrafa y bailarina. Gira por EE.UU. con el ballet Hispánico de New York. En 1993 crea junto a Víctor Ramírez la Compañía-Escuela “Ballet Roto”, presentándose en España, Perú, Puerto Rico, Brasil, Guadalupe, Martinica, Panamá, México, Atlanta, EEUU y Haití. Ganadora de numerosos galardones nacionales “Casandra” e internacionales como el II Festival Bento em Dança Do Mercosur, Brasil con la pieza de su autoría “La Tirana”.

VÍCTOR RAMÍREZ

Formó parte del Ballet Nacional Dominicano, destacándose en roles principales del repertorio clásico, recibiendo la beca de ballet (estilo balanchine) y coreografía con Betsy Shoumber en “Jacob’s Pillow”, Massachussets, 1989. Graduado en Arte Escénico (actor) en la escuela Nacional de Bellas Artes y Cultos, R.D. Escuelas y Profesores: Miriam Bello, Luz Urdaneta, Jacques Broquet, Carlos Veitía, Marilí Gallardo, Antonio Gómez, José Parés, María Carrera, Betsy Shoumber y Edward Villela, “Jacob’s Pillow”, Finis Jhung, New York, Paulina Ozona, Argentina, Escuela Nacional de Cuba, Xenia Chilostowa, USA. Fue escogido junto a Mercedes Morales para la Gala Iberoamericana de Ballet, para la pieza “Muñecos” en Cuba. Ganador de numerosos premios nacionales “Casandra” como mejor bailarín y coreógrafo. Invitado al Centro de Bellas Artes junto al Ballet Concierto de Puerto Rico para alternar en el rol principal en el Ballet :”El Fantasma de la Opera” con el Primer Bailarín Fernando Bujones y la coreografía de Alberto Méndez (Cuba). Coreógrafo, Profesor y Director Artístico de “Ballet Roto”. Coreógrafo de la película Bitter Sugar de León Ichaso. Uno de los actores principales de la película “Cuatro Hombres y un Ataud” de Pericles Mejía.

 

 

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

CONTACT INFORMATION

  

Revisado: May 18, 2013

 

 

 

 

 

Home Contact us Search for Artists profiles Latin Artists Directory