
AWILDA POLANCO
LA ETERNA AVENTURA DE LA DANZA
Una luz intensa se derrama
sobe el cuerpo aparentemente desnudo de una mujer que comienza a
balancear el torso y a girar describiendo grandes círculos. Otra mujer
se acerca con pasos alados. Una música sacara evoca las sibilas
ejecutando ritos de una liturgia antigua y olvidada. Es el inicio del
Quinto encuentro de Coreógrafos Contemporáneos que se celebra en Bellas
Artes. Sobre la escena Ginny Ocaña y Awilda
Polanco en “la Historia de una mujer y un jardín una coreografía de
Andreína Jiménez. Al final se oye la voz envejecida de la poetisa
Dulce María Loynaz diciendo su famoso
poema del desamor.
Esa tónica de nostalgia y desamor flota, suspendida, y prevalece toda la
noche en una función de breves intensos arrebatos. Como los de
Esther Vogrig con su “Danza contra sí
misma”. Ella danza desbordada por un hervidero de pasiones en conflicto.
Ágil y arriesgada, Esther descarga su tremenda ferocidad, su angustia.
Un remolino de imágenes fugaces y gestos dolorosos evidencia esa guerra
absurda que la atormenta. La iluminación dispersa resta fuerza a esta
excelente coreografía. Esther Vogrig no se extravía. Su versatilidad y
su capacidad histriónica son notorias.´
Orestes Amador, coreógrafo ecléctico e
irreverente, interviene con una danza de lo absurdo: “Ausencias”. Él
conjuga recursos literarios, sensuales y sicológicos en un vendaval de
ideas escénicas que no siempre alcanzan su cabal desarrollo. Más teatro
que danza, “Ausencias”contiene un material tan basto que se podría
transforma en una obra de mayor envergadura. Orestes sabe labrar el
perfil escénico del personaje, pero quizás le traicione su suprema
independencia y se pierdan las líneas generales del conjunto.
“La lluvia” fue la gran sorpresa de la noche.
Elizabeth Crooke parte de una idea de Félix
German y de un trabajo acústico de Isidro Bobadilla. Tiene
diecinueve años y una cantera de ideas escénicas administradas
cautelosamente. Sorprende su economía de recursos: Luz tenue, un techo
de zinc y dentro de una malla transparente un cuerpo felino, flexible y
admirable.
Awilda Polanco debuta como coreógrafa en “Hallazgo Punto Cero”. La
excelente bailarina aparece suspendida, meciéndose entre oleadas de
placer. Desatada y libre, Awilda entiende la danza como una zona sagrada
de exploración intensa. Hurga los misterios de una gruta interior, le
intrigan las posibilidades de movimiento del cuerpo humano. No se
detiene, Descubre torbellinos. La búsqueda es expectante, incontenible.
Awilda no se repite. Parte de las ondulaciones del movimiento anterior y
reempieza con nuevos desdoblamientos.
Emundo Poy presentó “Después…Ahora” Tres
figuras desnudas se retuercen sobre un suelo de viruta. Se descubren, se
festejan y finalmente se rechazan. Poy es un coreógrafo conocedor de las
maniobras del bailarín y de los recursos visuales del teatro. Él se
coloca del lado del espectador y sin lisonjas propone danzas que son un
desenfadado ejercicio de meditación.
La danza es una disciplina que las autoridades abandonan a su suerte. Si
la danza ha crecido en República Dominicana se debe a la valentía de
gente como Nelia Barletta, y María Luisa
Valdez de la Fundación Rítmos (Ahora Ecos). Hay esperanza: Bellas
Artes, remozado estaba colmado de adolescentes que aplaudían las
ejecuciones con verdadero fervor.
Fernando Ureña Rib