América Olivo regresa a República Dominicana, después de una estadía en
Boston, Mass. Estados Unidos, donde amplió su formación académica
recibida en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón. En esta ocasión
tenemos la oportunidad de contemplar sus obras más recientes en el
CENTRO CULTURAL ESPAÑOL, que una vez más permite a un joven talento
dominicano presentar al público el fruto de su trabajo; de sus
inquietudes plásticas y creativas. Lo primero que captamos en las
telas de América Olivo es la búsqueda de una luz íntima y simbólica
que le diera a la tela un espacio preciso de vida geológica, botánica
y natural.
Las reparticiones cromáticas, simbolizan bloques geográficos en
nuestro planeta, estamos intrínsecamente sobre la tierra pisándola con
la misma emoción y gravedad como lo hicieron los astronautas sobre la
luna, porque esa tierra de América Olivo, esta en proceso de
identificación, de descubrimiento, de surgimiento: no sabemos si las
masas ocres moradas son peñones agrestes, en un desierto por poblar, o
un paisaje perdido después de la retirada y sequía de un mar
imaginario y bíblico. Los volúmenes en el horizonte suelen juntarse en
una linea, con un color metálico, de gris estridente, lámina de acero
perfecta que nos recuerdan esos momentos cósmicos cuando la luna y el
sol se juntan en un beso de duelo. Indiscutiblemente estamos frente a
una obra simbólica, envuelta en la metáfora de las libertades de
lecturas e interpretaciones que ofrece el mensaje evocativo.
En estas telas, los colores verdes nos invitan a la vida vegetal y
marina también, puntos posibles de mundos contrarios que fecundan y
nutren la imaginación,la obra se mantiene sobre el hilo de la
abstracción simbólica y de la representación figurativa apenas
despierta: Queda claro que esta joven artista está investigando, y
explorando unas marcas formales que la lleven a una creación plástica
que se ajuste intelectualmente a sus capacidades técnicas
indiscutibles y a sus emociones, que hoy le permiten presentarnos una
obra conmovedora llena de poesía, como lo es ella misma. No obstante,
ya podemos afirmar que AMERICA OLIVO tiene un manejo formidable del
óleo, y una gran técnica en la distribución del espacio.
El color en esta obra nos parece sutil, es una fuerza espiritual
síquica que transmite paz, serenidad, e interioridad. Estamos ante una
obra totalmente terrestre, cuya geografía se hace con paisajes
intrínsecos, exclusivamente identificables a partir, de la ilusión
realista, pues, es pisando tierra que estamos todos; pero, la metáfora
cromática de América Olivo, nos propone volver al principio, de todos
nuestros sueños.
AMERICA OLIVO pertenece a una nueva generación de jóvenes artistas
dominicanos que con una formación segura y profunda, ya están
empezando a señalar en el medio artístico dominicano una renovación de
la imagen, y de las emociones estéticas, tendremos que contar con
ellos y ellas en este fin de milenio, no hay dudas.
DELIA BLANCO
CRITICO DE ARTE MIEMBRO DEL AICA
PRESIDENTA DE LA FUNDACION ART NOUVEAU PARIS CARIBE.