Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

ESCRITORES DOMINICANOS

 

PINTORES DOMINICANOS

ADA BALCÁCER

IVAN TOVAR

DOMINGO LIZ

DARÍO SURO

FERNANDO UREÑA RIB

ELIGIO PICHARDO

MARTÍNEZ RICHIEZ

SILVANO LORA

JOSÉ CESTERO

JOSÉ PERDOMO

MANOLO PASCUAL

IVAN TOVAR
JAIME COLSON
JOAQUÍN CIPRIAN
JOHNY BONELLY
JOSÉ CESTERO
JOSÉ FELIX MOYA
JOSÉ GARCÍA CORDERO
JOSÉ PERDOMO
JOSÉ RAMÍREZ CONDE
JOSÉ RINCÓN MORA
JOSEP GAUSACHS
JOSÉ SEJO
JOSÉ VELA ZANETTI
JORGE PINEDA
JORGE SEVERINO
JUAN MEDINA
JUAN MAYI
JULIO VALDEZ
KUMA
LEOPOLDO MALER
LEOPOLDO NAVARRO
LEÓN BOSCH
LEO NÚÑEZ
LEPE
LUIS MARTÍNEZ RICHIEZ
MANOLO PASCUAL
MANUEL MONTILLA
MARIANELA JIMÉNEZ
MARCOS LORA READ
MAYOBANEX
NIDIA SERRA
ORLANDO MENICUCCI
PAUL GIUDICELLI
QUISQUEYA HENRÍQUEZ
RAHDAMÉS MEJÍA
RAMÓN OVIEDO
RAQUEL PAYEWONSKY
RAÚL RECIO
ROSA TAVAREZ
SILVANO LORA
SOUCY DE PELLERANO
TETÉ MARELLA
THIMO PIMENTEL
TIMOTEO SANTOS (VINAGRE)
TONY CAPELLAN
VICENTE PIMENTEL
YORYI MOREL
 

ARTE DOMINICANO

 

LA PINTURA DEL DOMINICANO

ALONSO CUEVAS

FERNANDO UREÑA RIB

 
 

En Alonso Cuevas se dan los signos del paisaje como un dato visual, como una estructura horizontal básica sobre la que aparecen detalles geológicos, restos de civilizaciones antiguas y olvidadas, o simplemente accidentes del terreno. No es por tanto el paisaje tradicional, sino el informalista, cargado de elementos premonitorios. El color confiere a estos paisajes una dimensión insospechada.

 

La pintura del dominicano Alonso Cuevas se hizo notoria a mediado de los años setenta y continuó siendo un puntal de referencia para críticos y artistas durante toda la década siguiente cuando el artista residía en Madrid. Cuevas pertenecía al llamado Grupo de los 7, junto a Alberto Ulloa, Manuel Montilla, Kuma, y otros de su generación que no alcanzaron igual brillo.

De espíritu apacible y reflexivo, la pintura de Alonso Cuevas es una que busca la magia y el origen en la materia misma de las cosas, como si de esa materia fuera posible extraer las energías secretas que mueven el mundo. Desde este presente temporal y desde ese silencioso ángulo, el objeto ejerce su autoridad, su dominio, e influye poderosamente en la vida. Esta visión particular de la pintura de Cuevas le ganó una merecida atención y prestigio, porque además, Cuevas nunca comercializó excesivamente su trabajo ni lo hizo descender a los niveles de la decoración agradable y esteticista predominantes en el medio.

Pero plásticamente, la pintura de Cuevas tiene valores inestimables. En Cuevas se dan los signos del paisaje como un dato visual, como una estructura horizontal básica sobre la que aparecen detalles geológicos, restos de civilizaciones antiguas y olvidadas, o simplemente accidentes del terreno. No es por tanto el paisaje tradicional, sino el informalista, cargado de elementos premonitorios. El color confiere a estos paisajes una dimensión insospechada.

Tan cercano a la abstracción como a la figuración, no sabemos si un promontorio nos conduce a la llanura de un mapa geodésico o si se trata de alguna forma visceral que surge de pronto, como resultado de una visión microscópica de la vida y del mundo.

Cuevas celebra esa ambivalencia, esa ambigüedad, esa dislocación ese ilogismo de la existencia. A veces, Alonso Cuevas permite que un empaste grueso y rico se superponga a otros de tonalidades semejantes, y convierta sus lienzos en una intrincada urdimbre visual que es preciso destejer y desenmarañar para adentrarse poco a poco en su mundo que señala, con indicios y pequeños signos, el destino del hombre.

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: May 01, 2013

 

 

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