PINTURAS Y ESCULTURAS

UREÑA RIB

 

 

 

ARTE DOMINICANO

 

DINÁMICA DE LOS CUERPOS DANZANTES

FERNANDO UREÑA RIB

ALBERTO BASS

 

 

IMÁGENES DE CIRCO

pintura al óleo de fernando ureña rib

 

 

Aunque en las Ninfas (la obra pictórica más reciente de Fernando Ureña Rib) existen algunos rasgos que la emparentan discretamente con el rico pasado del futurismo europeo de principios de siglo (Bolla, Boccioni, Duchamps) y con aquella incontenible pasión por atrapar el fenómeno de la figura en movimiento; el desnudo en la pintura de Ureña Rib se aleja hoy formalmente, de aquellos modelos o patrones y reúne características muy propias que reafirman con solidez la individualidad de su expresión plástica.

Una de esas características es la inclusión, en la dinámica de los cuerpos danzantes, de numerosos rastros cromáticos del pincel que son los que conforman el conjunto de imágenes que se funden y se traslapan vertiginosamente en una celebración incesante de la belleza y la gracia del desnudo femenino. Con esta muestra, en el Museo de Arte Moderno, parecería que la pintura de Ureña Rib buscara la exaltación y la euforia, que se alejara definitivamente de la pesada congoja de aquellos maestros futuristas que creían ciegamente, según su manifiesto, en la superioridad de las máquinas sobre el hombre.

La pintura cinética de Ureña Rib es, por el contrario, humanista. La figura humana, y de manera particularmente obsesiva, la de la mujer, es la protagonista en esta nueva serie. Aladas, esbeltas, levitantes, contemplándose a sí mismas en un juego circular, las Ninfas desnudas de Ureña Rib participan en los bailes de algún rito ancestral. Las mueve un exquisito erotismo, una sublimación del deseo. Los cuerpos se rozan sutilmente, se trasparentan, se funden sin dejar de ser ellos mismos, como si se tratara de las estelas o celajes de una ronda perpetua, o de las míticas danzas de la fertilidad.

Y es precisamente aquí donde encontramos otro de los rasgos que caracterizan la formidable obra pictórica de Ureña Rib: En su manifiesto deseo de recuperar para el arte la gracia y la belleza (negada por los futuristas, ) y que el arte de principios del siglo veinte parecía haber excomulgado para siempre. Aunque nunca renunció a ella; Ureña Rib siempre creyó que era posible hacer pintura de envergadura, sin abandonar la belleza. Era preciso proceder con cautela, sin embargo. Había que huir del kitsch y de esa belleza superficial, complaciente y decorativa que había agotado todos sus recursos frente a los flancos de una estética contemporánea que daba énfasis a los aspectos intelectuales de la obra de arte.

Gracias a su conocimiento del cuerpo humano y a sus difíciles juegos visuales con la anatomía en movimiento, la obra de Ureña Rib evita esos pecados de ligereza. Por otro lado, el aura de los rostros y la innegable energía de los cuerpos en transición no dan lugar a complacencia alguna. La vorágine es envolvente y nos atrapa con contundencia, de modo que no podemos menos que sucumbir ante la dramática fuerza de estas imágenes que se quedan durante mucho tiempo danzando en el trasfondo de la memoria.

Aquí hay aún otro rasgo que distingue su obra de aquella sensiblera y banal: La excelente e incuestionable calidad en la ejecución, demostrada en un oficio de untura certera y limpieza de color. La madurez, la técnica, el tema y la expresión se conjugan. Ureña Rib nos vuelve pues a una pintura vital, radiante y "hecha con las manos." Porque el pintor cree en un arte hecho por y para el hondo regocijo de los sentidos.

ALBERTO BASS

EX DIRECTOR DEL MUSEO DE ARTE MODERNO

 

 

 

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

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Revisado: May 28, 2013

 

 

Orfica

 
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