DIÁLOGO CON ALANNA LOCKWARD SOBRE UN LIBRO YA ESENCIAL: "APREMIO"
Miguel D. Mena
Quienes la conocen personalmente saben de
su energía, de sus conceptos muchas veces incómodos, de su
vocación extra-insular, de textos que fluyen, dosificados, entre
lo cristalino y la hondura. Escribo sobre Alanna Lockward,
periodista, historiadora del arte, crítico, curadora, bailarina,
y tantas, tantísimas cosas más.
Ella podrá estar en la Bienal de Venecia, en la Documenta de
Kassel o en Arco, en Madrid, pero siempre habrá algo esencial en
ella, bien dominicano.
Con Alanna conversamos sobre un conjunto de textos largamente
trabajados, pensados, y ahora reunidos bajo el título de
"Apremio: Apuntes sobre el pensamiento y la creación
contemporánea desde el Caribe” (2006). La publicación fue
realizada bajo el sello del Centro de Documentación y Estudios
Avanzados de Arte Contemporáneo, de España, y presentado durante
la última exposición de Arco. Es la primera obra de una crítico
de arte nativa que se publica en Europa, y que abarca de tal
manera omnicomprensiva lo que hemos sido en esta último recta
del siglo XX.
Al avanzar en la lectura de este texto se nos viene encima todo
este conjunto de pininos que los dominicanos hemos hecho desde
mediados de los 90 en cuestión de creatividad. Hay un repaso de
la plástica, del cine, de la danza, del coleccionismo, de la
literatura. Lockward dialoga indistintamente con Pedro Mir, con
Oscar de la Renta, Jaime Piña, Chiqui Vicioso, y también con
otra voz bien representativa del gran coro caribeño: Edouard
Glissant, entre voces.
El ojo atento de Alanna nos hace viajar por las múltiples
esferas de un concepto tan caro como el de la “identidad”: Por
el arte haitiano, trascendiendo el clisé de sólo considerarlo
bajo la óptica del primitivismo, gracias a la obra de dos
autores: Mario Benjamín y Edouard Duval-Carrié; de las
corrientes de la negritud y la africanidad en el arte
contemporáneo, haciéndole un guiño, de paso, al tema del
judaísmo.
La lectura avanza considerablemente gracias a un estilo llano,
directo, que va al objeto, que sin hacer alardes de nombres se
fundamenta en el terreno sólido de los conceptos.
Al concluir la lectura de “Apremios” no puede uno más que
lamentarse, alegrarse y confirmar que sí, que se puede. Uno
lamenta que, aparte de las columnas de la crítica de arte
nacional -Jeannette Miller, Marianne de Tolentino y Danilo de
los Santos-, el resto de nuestros estudiosos no haya podido
ordenar y presentar sus ideas en libros. Uno se alegra de que
ahora sí, de que este texto plantee puntos para situar el arte
dominicano en el concierto contemporáneo y lo haga de una manera
multidisciplinaria.
Animado por la lectura de “Apremio” me dirigí a su autora para
seguir nadando en esas aguas. Esperemos que ustedes saquen sus
remos...
- Perteneces a una nueva generación de críticos, junto a Sarah
Hermann y Paula Gómez, sin embargo, no estudiaste en principio
historia del arte -aunque ahora estés en la Universidad del Arte
en Berlín. Hablemos de método y conceptos: Al enfrentarte a una
instalación o a un cuadro, ¿te has leído el catálogo
previamente?
Gracias por ponerme en la misma generación de Sara y Paula.
Ellas son mucho más jóvenes que yo. Publiqué mi primera reseña
de arte en 1995 en el Miami Herald. Más bien creo que pertenezco
a una generación intermedia, en todos los sentidos, un boco
brumosa, casi indetectable, que es la que he intentado delinear
en mi libro. Pero me resulta muy difícil identificarme con la
práctica de la crítica de las artes visuales en el país en
sentido generacional. Preferiría hablar de propósitos y
perspectivas; en ese caso sí podría considerarme como un
elemento complementario del binomio que has mencionado.
En la actualidad escribo mi tesis de posgrado en la Universidad
de las Artes de Berlín, que como sabes es la mayor y más antigua
de Europa, y compruebo para mi absoluta sorpresa que los
referentes teóricos siguen siendo los mismos de los ochenta,
cuando estudié en México, Ciencias de la Comunicación. Léase,
Baudrillard, Fouccault, Barthes y compañía. Nunca leo un
catálogo antes de ver una exposición. Siempre las “leo” con mis
sentidos, la intuición. Luego interpreto mis sensaciones dentro
de un marco referencial académico y con una perspectiva
histórica. Me formé en una universidad “gramsciana”, la UAM-Xochimilco;
una parte irremplazable de mi análisis de la producción
artística proviene de esta escuela de pensamiento, el
intelectual orgánico y demás. Cuando leo un catálogo soy mucho
más exigente, me fijo en las fuentes, en las cuotas de género y
diversidad cultural, entre otras cosas. Pero también leo los
catálogos con una sana dosis de envidia porque a mí me ha
costado mucho cada publicación que he podido realizar sobre las
exposiciones que he organizado.
La escritura periodística, ¿influye en la narración del hecho
artístico?
Sólo puedo hablarte desde mi experiencia personal. En mi caso,
sí, absolutamente. Pero más allá de la narrativa sobre la
creación, el estilo y los parámetros del periodismo impregnan
todo lo que escribo. Te cito a uno de mis maestros, Octavio Paz
en un artículo de la Revista Vuelta titulado Poesía y
Periodismo: “Todo escritor tiene un ideal de escritura. A mí me
gustaría dejar unos pocos poemas con la ligereza, el magnetismo
y el poder de convicción de un buen artículo periodístico... y
un puñado de artículos con la espontaneidad, la concisión y la
transparencia de un poema”. Lo escribió en Madrid, el 14 de
junio de 1995.
- Se habla de arte dominicano, pero, en el contexto caribeño,
¿qué nos diferencia?
Me has lanzado una pregunta muy dura. La trataré de responder
desde el arte de hoy, el actual, que es el que me concierne.
Creo que al arte dominicano lo ha caracterizado hasta el momento
su vocación de inaprensible e invisible internacionalmente como
un “conjunto”. Tal vez ello se deba a que no tenemos una agenda
internacional que nos legitime, como los cubanos con su
“bloqueo” (y por favor, déjale las comillas), o los boricuas con
su movimiento independentista y Vieques, o los haitianos con sus
crisis perennes.
O para citar a un curador internacional de cuyo nombre me
acuerdo perfectamente pero tengo miedo de citar, al arte de
nuestro país le faltan “issues” que interesen a la comunidad
internacional. Somos una democracia aburridísima. De hecho, el
único “issue” que tendría el potencial de colocarnos en el marco
legitimador de alguna curaduría de peso pesado es el hecho de
que somos la única isla del Caribe con una frontera territorial
que divide dos naciones. Resulta muy sintomático que no se haya
dado en la isla una reflexión en torno a los discursos visuales
sobre el tema domínico-haitiano, planteando las partículas
elementales del periodisimo más convencional: quiénes, cuándo,
cómo y por qué han abordado este tema.
Gozamos entonces todavía del enorme privilegio de vivir en
absoluta libertad en nuestro limbo. No esperan un discurso tal o
cual de nosotros porque no saben de qué vamos. El artista actual
dominicano, serio, es un héroe. Ellos saben quiénes son. Me
gustaría hacer hincapié en que una parte importante de ese
heroísmo consiste en resistir la tentación de alinearse en
cualquier “movimiento” local, que haría su obra mucho más
comercial en un medio que de por sí ignora por completo la
noción de lo marginal. En República Dominicana cualquiera es
artista, se inauguran docenas de exposiciones por mes, con sus
correspondientes catálogos a full-color. El artista del que
hablo produce obra en la que cree, picotea, trata de vender,
trata de exhibir internacionalmente, y también en el país, lo
logra, tiene muchas desventajas y poquísimos aunque valiosos
aliados.
Pero es la misma historia en todas partes, no sé cómo pueden los
artistas en Nueva York producir su obra, o reflexionar; tienen
que trabajar en un trabajo “normal”, y enviar su currículum y
portafolio a diestra y siniestra. Menos mal que existe el
Internet. Recuerda que cuando hablo de “artista dominicano” me
refiero tanto al que vive en la isla como al de la Diáspora.
Desde esta perspectiva he tratado siempre “lo dominicano” tanto
en mis escritos como en mis proyectos.
Como me toca ser testigo de algunas cosas que se cocinan en la
ya ajadísima plataforma legitimadora del “campo del arte”, Nueva
York, puedo adelantarte que parece que finalmente los
dominicanos nos pondremos de moda. Varias instituciones
importantes tienen dentro de su programación muestras colectivas
de arte dominicano y/o caribeño para los próximos 3 años. Por lo
tanto, el panorama cambiará muy pronto y radicalmente.
Espero haber respondido a tu pregunta.
- En tu libro "Apremio" hay un recorrido por muchos mares. En
este lado insular, ¿cómo andan nuestros vínculos con Haití, con
Cuba, con Puerto Rico? ¿Somos las alas de cantidad de pájaros?
Siempre ha habido sólidos vínculos culturales entre las Antillas
del Caribe hispánico. Siempre. Eso tú como historiador lo sabe
mejor que nadie. Nuestro Pedro Mir, de padre cubano y madre
portorriqueña, se describió a sí mismo como hijo de dos antillas
nacido en una tercera. Gracias a la benemérita y mil veces
heroica Bienal del Caribe, este intercambio se ha cristalizado
en las artes visuales. La labor visionaria de Doña Marianne (de
Tolentino), en Cariforum y antes de Cariforum, creando el
network entre artistas y gestores culturales en el Caribe
francófono y anglófono, ha sido fundamental. También la Bienal
de La Habana y la de Grabado de San Juan, que ahora es de
gráfica, forman parte del patrimonio caribeño actual en materia
de trasiego de experiencias y voluntades. Personalmente me
mantengo en constante intercambio de ideas con colegas y
artistas de Haití, Cuba y Puerto Rico. De hecho he sido nombrada
por el Ministerio de Cultura de Haití como miembro del equipo
curatorial de PAPART, la Primera Bienal Internacional de
Puerto-Príncipe, como especialista en imagen en movimiento.
- ¿Por qué pusiste una foto de una artista europea en la portada
de "Apremio"?
¿Por qué no? El subtítulo de Apremio es: apuntes sobre el
pensamiento y la creación contemporánea desde el Caribe. En el
índice el desde está en itálica, (desde Santo Domingo, desde el
Caribe, desde otro lado) para enfatizar la diferencia entre esta
preposición y la más común. Esta puntualización cita
indirectamente un ensayo de Gerardo Mosquera sobre la cuestión
de las procedencias, las perspectivas y las identidades. Para mí
era muy importante que la imagen del libro fuera en sí una
propuesta artística, algo abierto a la interpretación, no una
imagen fija que definiera o identificara el contenido del libro,
que como sabes es muy diverso. En primer lugar, está la
intención de dejar señaladas las pistas de los creadores de “mi
generación”, o cercanos a ella, o que le fueron de inspiración,
que sirvan de motor de búsqueda para futuras documentaciones.
Porque estoy segura de que este es el principio de una
recuperación fundamental, necesaria, que inspirará académicos y
curiosos en diferentes latitudes a indagar sobre la riqueza
extradordinaria del quehacer cultural en nuestro país.
En la segunda parte incluí artículos de reflexión sobre artistas
y pensadores caribeños. Y por último lo que en el presente ocupa
mi trabajo crítico y curatorial. Vivo en Europa, en Berlín, esta
es mi realidad actual, es fascinante y estoy muy agradecida de
poder interactuar con artistas como Nadja Schöllhammer que es la
autora de la obra que he usado en la portada.
- ¿Si te tocara ser la curadora de la Documenta que 10 artistas
no podrían faltar y por qué?
No podrían faltar los artistas que me emocionan. En un
mega-exposición como la Documenta lo que cuentan son más bien
los excluidos. Tengo mucho más clara la lista de los que no
estarían en mi curaduría por ningún motivo, y el primer nombre
es el de uno de los curadores de la actual Bienal de Berlín,
Maurizio Cattelán. Por rigor habría en mi curaduría artistas de
toda índole y procedencia, y digo por rigor porque no creo
exagerar cuando digo que mi práctica profesional se ha
distinguido por desafiar constantemente las etiquetas y los
encasillamientos. Toda decisión es primero emocional, por lo
menos en mi caso, y luego, si lo consigo, racional. Esta es mi
lista del día de hoy, que puede ser otra mañana y así
sucesivamente:
1. Mario Benjamin
Entré en su instalación del Frost Museum de Miami en 2004,
dentro de una colectiva de escultura haitiana, y literalmente
brinqué del susto. Era espeluznante. La obra de Mario me
impresiona tanto que intento recuperarme lo más pronto posible y
asumirla desde lo cartesiano. Inutilmente, por supuesto.
2. Nicolás Dumit Estévez
Es un trabajo que sale muy de adentro, una obra estrictamene
dialógica y permeada por el humor más fino del mundo. Orgánica,
literalmente, y donde convergen las más circunspectas
disonancias de la crítica cultural contemporánea, léase Deleuze
y Guattari.
3. Nadja Schöllhammer
Obsesiva, grandiosa e íntima. Nadja estudió Literatura Alemana y
su obra es sumamente compleja e informada tanto por la historia
del arte como por la filosofía. Aprendo muchísimo cuando
interactúo con su trabajo
4. Andrea Lehmann
Es una pintora fuera de serie. Como nadie transmite las imágenes
de sus sueños a la realidad del cuadro con una facilidad
impresionante. Es jovencísima y guapísima. Cada cuadro suyo es
una revelación. No le teme a nada.
5. Marina Abramovic
La invitaría más que nada para poder hacerme amiga suya. Admiro
tanto su obra que no sabría por dónde empezar a contarte...
6. Cindy Sherman
Leí hace poquísimo que le parecía increíble que la gente
comprara tan cara una obra que ella hacía sólo para divertirse.
Siempre me ha gustado pero ahora con más fe. Sobre todo porque
ha llevado hasta sus últimas consecuencias “la eficacia
productora de subjetividad de los actos visuales”, que es un
componente vital de lo que José Luis Brea llama las retóricas
del autorretrato.
7. Pipilotti Rist
Lo que hizo en la última Bienal de Venecia fue alucinante. Una
proyección erótica-edonista en el techo de una iglesia. Ha
perfeccionado hasta tal punto su habilidad para articular las
técnicas de producción y presentación del soporte vídeo, con un
discurso de género plenamente coherente, que sería una
infaltable en mi selección.
8. Wendy Wischer
Vive fascinada por el pálpito de lo natural. La luz. Reconstruye
lo que nos regala constantemete la naturaleza con una humildad
serena y poderosa. Investiga materiales supersónicos y los pone
a cantar dentro de su burbuja de luz; crea planetas.
9. Alejandro Jodorowsky
No hay que cambiar al mundo sino empezar a cambiarlo, dice el
maestro Jodorowsky. Lo invitaría a hacer un performance de
lectura del Tarot durante la Documenta, porque además lo hace
gratis.
10. Juan Manuel Echavarría
En Bocas de Ceniza filmó las historias trágicas de los
desarraigados por la guerra civil en Colombia, que cantan a
capella y sin ningún resentimiento sus infiernos cotidianos. Es
imposible ver ese trabajo sin llorar. Además Echavarría también
es escritor, como Jodorowsky. Como sabes soy una abanderada de
la todología.
La conversación con Alanna Lockward concluye como siempre, con
la sensación de que habrán muchos peces, muchas azoteas, todo un
herbaria por conservar, sentir, vivir. Su obra de curadora
continua en Berlín y se extiende por España, los Estados Unidos,
y naturalmente, la República. Dominicana. Ojalá y con "Apremio"
nos siga trasportando a ese mundo de las más atrevidas apuestas
del/al pensamiento contemporáneo.
MIGUEL DE MENA