Con la apertura de la Escuela de Bellas Artes de
Bogotá en 1886, se iniciaron los estudios de escultura
en Colombia bajo la dirección del italiano Cesare
Sighinolfi [Modena, Italia; 1833-Suesca, Cundinamarca;
1902], sección que inició con 12 alumnos. Sighinolfi
había estudiado en su tierra natal y en Florencia,
además de haber sido escultor de la corona portuguesa
y realizado varias estatuas y bustos1.
A su llegada a Bogotá se incorporó al proyecto más
importante que se llevaba a cabo en ese momento: el
Teatro de Colón, para el que realizó las decoraciones
de la tercera línea de palcos y en 1893 el Monumento a
Cristóbal Colón e Isabel La Católica, una obra
modelada en Bogotá y fundida en Pistoia, Italia,
inaugurada en 1906. Sighinolfi fue el sucesor de
Alberto Urdaneta, fundador y director de la Escuela,
lo cual demuestra la importancia que tuvo.
Dionisio Cortés / Fotografía de Lino Lara Modelo
para escultura de Policarpa Salavarrieta1899, Copia en
gelatina, Registro 3718 En Bogotá, en la Plazuela de
Las Aguas (carrera 3a con calle 18), se encuentra una
escultura de Policarpa Salavarrieta realizada por
Dionisio Cortés. Fue instalada en 1910 con motivo del
primer centenario de la Independencia. A partir de
esta pieza, y de su proceso de selección, encargo y
realización, es posible vislumbrar la situación de la
escultura colombiana a fines del siglo XIX y
principios del XX, sobre todo en lo que se refiere a
los encargos para obras en espacio público.
El primer alumno colombiano de Sighinolfi, graduado
como maestro en escultura en 1894, fue Dionisio Cortés
[Chiquinquirá, Boyacá; 1863-Bogotá; 1934] quien para
1899, año en que presenta la Maqueta para el monumento
de Policarpa Salavarrieta en la Exposición de la
Escuela de Bellas Artes de Bogotá, contaba con una
buena trayectoria. Desde que era estudiante fue
secretario de la Escuela (1889-1892) y obtuvo premios
en diversas exposiciones y un viaje de estudios por
Francia, Italia y España que pudo realizar gracias a
la ayuda de sus familiares y amigos (1892). Ese mismo
año montó un taller de fundición en bronce, y en 1896
hizo un busto de Rafael Reyes -primera obra reseñada
por la prensa-, hecho que lo acredita como el
iniciador de esta técnica en Colombia2. «La Pola» de
CortésLa obra que presentó Cortés en la Exposición de
1899 era un modelo en arcilla en donde aparece la
heroína sentada en el banquillo, antes de ser
fusilada.
La procedencia iconográfica de «La Pola» de Cortés
no es muy clara, pues así como es posible que tomara
referencia de sus rasgos faciales a partir del óleo de
José María Espinosa de 1855, no se trata de una
referencia literal, pues la posición y el gesto de la
heroína son ideados por él3, seguramente basado en
retratos literarios de la época. En una reseña
publicada en El Heraldo, se describe así: “Sentada con
altivez en el banquillo, las manos atadas hacia atrás,
dirige con arrogancia la hermosa cabeza hacia las
fuerzas españolas, que estaban formadas, en su mayor
parte, de americanos, y con ceñudo semblante y mirada
retadora, parece decirles: ¡Viles americanos, volved
esas armas sobre los opresores de vuestra patria!”4.Al
analizar la propuesta de Cortés de presentar a La Pola
en el banquillo, se presenta una interesante
contradicción con la representación del héroe en la
tradición europea del monumento para figuras sedentes
que describe Carlos Reyero como una “variante
relativamente infrecuente como tipología en las
figuras principales de los monumentos.
Su aparición es
una consecuencia de las modas realistas, ya que la
postura sedente denota intrascendencia, ausencia de
acción e, incluso, de observador externo, salvo en
José María Espinosa Policarpa Salavarrieta1855 Óleo
sobre tela Registro 2094 el caso de los monarcas que
ocupan el trono. […] Se aplica a personajes en los que
la actitud sedente constituye una dimensión
representativa, como escritores y artistas, a quienes
se asocia con la tranquilidad y ensimismamiento del
gesto, con la reflexión interior y la creación”5. El
caso de los monumentos de personajes sedentes en
Bogotá, que siguen la tradición estatuaria europea se
puede ejemplificar en las obras de Charles Pourquet
(Miguel Antonio Caro, 1917) y Raoul Charles Verlet
(Rufino José Cuervo, 1914) en donde se aplica la
tipología de la estatua sedente para conmemorar a
personajes relacionados con la literatura.
El caso de La Pola, entonces, no se identifica con
ninguno de los postulados ya expuestos, sino que
resulta de la interpretación del relato de su muerte y
muestra cómo, aunque educado por un artista italiano
de estilo neoclásico, Cortés hizo una propuesta de
monumento que no estaba sujeta a un canon establecido
y que asumía con autonomía la representación de la
heroína.La apreciación de la obra por parte de sus
contemporáneos resulta significativa: “Admírase en
esta obra la armonía en el conjunto, el movimiento
apropiado, la expresión adecuada, la plegadura blanda
y artísticamente dispuesta, desarrollado todo con una
ejecución franca y moderna… Temas nacionales como el
de Policarpa Salabarrieta (sic), son los que deben
desarrollar nuestros artistas, si quieren mostrarse
verdaderamente originales y evitar cualquier asomo de
plagio. La Biblia y la Mitología están demasiado
tratadas por las primeras eminencias del arte”6.
Uno de
los principales críticos de fines del siglo XIX,
Jacinto Albarracín «Albar» también se refiere a la
obra y a la situación de la escultura en el país, la
cual, dice “no tiene entre nosotros muchos adeptos,
que a la forma unan el estudio pasional ejecutado en
músculos o carne plástica, para que la Estética ahonde
realmente en las obras de Estatuaria. […] Por el mismo
escaso número de estatuarios se hace notar Dionisio
Cortés, mano segura en el modelado y penetración
artística en el remedo de la pasión, que quiere
desarrollar en sus estatuas. La de Policarpa
Salavarrieta es la única que desarrolla un episodio de
nuestra historia. La mitología, gastada ya, no es tema
para Cortés, cerebro empapado en las finalidades del
arte y modelador de páginas de nuestra epopeya que
habrá de inmortalizarlo”7.
En esta reseña «Albar»
señala la importancia de Cortés, aunque hace la
salvedad de que se destaca “por el mismo escaso número
de estatuarios”. Curiosamente en las dos reseñas se
señala el predominio de modelos mitológicos europeos
en la escultura, así como la relevancia y carácter
excepcional de trabajar personajes históricos. En la
Exposición de 1899 se otorgaron 35 premios en pintura
y 2 en escultura8, un fallo discutido por «Albar»,
quien cuestiona que el jurado presentara argumentos
tan débiles para no premiar la obra de Cortés como
éste: «Es de lamentarse que las obras ejecutadas por
los alumnos hayan sido efímeras por no haber aprendido
a esculpirlas en mármol o piedra o en cualquiera otra
sustancia que los haga perdurables»9, aludiendo a que
un jurado profesional no puede “confundir la idea con
el material”10. Sighinolfi y sus alumnos tuvieron que
adaptarse a la precariedad de materiales que estaban a
disposición de la Escuela para los estudios
escultóricos, que eran básicamente greda y yeso según
consta en un contrato de provisión de útiles para la
Escuela de 189311; razón por la cual los alumnos no
trabajaban en mármol o bronce como solicitaba el
jurado, con excepción de Cortés quien se empeñó en
montar el taller de fundición en Bogotá y, sin
embargo, la obra que presentó en la Exposición de 1899
era un modelo en barro.
La celebración del primer centenario de la
Independencia de ColombiaLa conmemoración del primer
centenario de la Independencia, fue la ocasión
propicia para que se llevaran a cabo iniciativas y se
destinaran recursos para el ornato de Bogotá. Con este
fin, se decretó el encargo de obras a escultores
extranjeros para ser inauguradas durante los festejos
programados para el mes de julio de 1910, se encargó
así la estatua ecuestre de Simón Bolívar a Emmanuel
Fremiet [París; 1824-1910] y una estatua de Antonio
Nariño a Henri Leon Gréber [Francia; 1855-1941].
La
elección de escultores franceses o italianos era ya
tradicional, como se evidencia al hacer una breve
enumeración de los principales monumentos instalados
en Bogotá hasta 1910: Simón Bolívar de Pietro Tenerani
(1846), Francisco de Paula Santander de Pietro Costa
(1876), Monumento a los Mártires de Mario Lambardi
(1880), Templete y estatua de Bolívar de Antoine
Desprey (estatua), Pietro Cantini (templete) y Luigi
Ramelli (ornamentación) en 1883, Tomás Cipriano de
Mosquera de Ferdinand von Müller (1883) y Cristóbal
Colón e Isabel de Castilla de Cesare Sighinolfi
(1893-1906). Emmanuel FremietEstatua ecuestre de Simón
Bolívar 1910 Bronce Parque de la Independencia,
actualmente en la plaza deLos Héroes,Bogotá
Dionisio Cortés preparó varios proyectos pensando
en la posibilidad de obtener contratos para las obras
que se proyectaba realizar con motivo de la
celebración del centenario, para ese fin realizó
maquetas de monumentos a Bolívar y los héroes de
Boyacá, a Sucre y Córdova y un busto de José Acevedo y
Gómez12, ninguno de los cuales le fue asignado. Así
mismo, solicitó en noviembre de 190913a la Junta
organizadora que le permitieran fundir la estatua de
Antonio Nariño modelada en yeso en 1886 por su maestro
Cesare Sighinolfi14. La propuesta fue aceptada y la
Junta le asignó $5.000 para la fundición de la pieza y
el zócalo (pedestal)15. Sorpresivamente un mes
después, en el acta de la reunión de la
Junta se
anuncia que “se comisionó al señor [Lorenzo] Marroquín
para que ordene a Europa la hechura de las estatuas de
Nariño y Sucre”16, sin hacer referencia a la estatua
que había sido aprobada a Cortés. Para este nuevo
proyecto asignaron la suma de veinte mil francos17. El
hecho de haber cambiado de decisión es muy revelador
porque es evidente que Gréber, a quien hicieron el
encargo, se basó en el proyecto de Sighinolfi para
producir la estatua
de Nariño que se colocó en 1910 en la Plaza de San
Victorino18. Esto permite inferir que si Sighinolfi no
hubiese muerto en 1902, se le habría dado el encargo a
él, así como evidencia que la junta descalificó a
Cortés como fundidor del proyecto. Cesare Sighinolfi /
grabado de Antonio Rodríguez Proyecto de estatua de
Nariño1886 Papel Periódico Ilustrado, tomo V, núm. 97,
6 de agosto de 1886Henri Leon Gréber Antonio
Nariño1910 BronceCasa de Nariño, Bogotá
Debido a la precariedad de recursos del gobierno,
la Junta del Centenario exhortó a los ciudadanos para
que hicieran aportes a la celebración. Es así como se
realizaron estatuas y bustos auspiciados por centros
sociales como el Polo Club, que donó a la ciudad la
estatua de Francisco José de Caldas encargada al
escultor francés Charles Raoul Verlet [Angulema,
Francia; 1823-París, 1923] y ubicado en la Plaza de
las Nieves; el Jockey Club el busto de Camilo Torres
de Verlet, ubicado en la plazoleta de La Capuchina; el
Gun Club un busto de Antonio Ricaurte (no mencionan el
artista, pero afirman que es “hijo de una nación
areópago de las más elevadas manifestaciones del
espíritu”, es decir Francia) ubicado en el Parque del
Centenario, entre otras.«El más pobre barrio de Bogotá
le ha dado con esta fiesta un provechoso ejemplo a la
nación entera»19La Asociación de Vecinos de Las Aguas,
a diferencia de las anteriores, tenía la
particularidad de ser la asociación “del barrio más
pobre de Bogotá”, como se menciona en la reseña de la
inauguración publicada en la Revista de Colombia20.
Además, en el libro conmemorativo del centenario se
señala que el gobierno solicitó a los vecinos de cada
barrio que arreglaran sus fachadas e iluminaran las
casas en los días principales de las fiestas. Sin
embargo, los vecinos del barrio Las Aguas, fueron más
allá de esta solicitud y por iniciativa del cura Darío
Galindo y “por cotización de sus feligreses”,
encargaron a Dionisio Cortés el modelado de la estatua
de La Pola para ser instalada en la Plazoleta de
Policarpa Salavarrieta21. El origen del proyecto de
Dionisio Cortés pudo haber sido que el artista propuso
la realización de la obra a los vecinos, pues él vivía
en el barrio Las Aguas, en donde se encontraba la
plazoleta Policarpa Salavarrieta desde 1894.
Por otra parte, hay una confusión debido a un
documento publicado en la Revista del Centenario en la
sesión del 11 de junio de 1910 de la Junta
organizadora del Centenario en la que se consigna que:
“Habiéndose presentado el señor Silvano Cuéllar con un
modelo de estatua de Policarpa Salavarrieta, que dicho
artista ha modelado, y sobre el cual quiere hacer una
estatua de cemento para inaugurar el 20 de julio en la
plazuela de Las Aguas, la Comisión decidió facilitarle
los materiales necesarios para dicha obra, y al efecto
le dio una orden contra la empresa de cemento de los
señores Samper para que le entreguen veinticinco
arrobas de cemento y veinte arrobas de arena”22. Allí
se señala que se aprueba el proyecto a Silvano Cuéllar
y no a Cortés, lo cual puede ser un error en la
publicación o un dato no revelado antes, y es que
Cuéllar quería instalar su proyecto en Las Aguas que,
por lo demás, coincide con el hecho de que la obra se
planeó en cemento. Lo más posible es que fuera un
error en la publicación puesto que la obra de Silvano
Cuéllar fue instalada en la plaza principal de Guaduas
y, aunque fue inaugurada en enero de 1911, ya en mayo
de 1910, en una solicitud de fondos por parte de la
junta del centenario de Guaduas para poder erigir la
estatua se informa que “ya esta hecho el contrato y
que sólo falta completar los fondos necesarios para el
pago de la obra”23.
Quedaría la opción de que Cuéllar hubiese hecho
otro proyecto para el monumento de La Pola, al igual
que Cortés y que a última hora se decidiera darle el
encargo a este último. Silvano CuéllarPolicarpa
Salavarrieta1911BroncePlaza de Guaduas, CundinamarcaLo
que queda en duda es por qué si Dionisio Cortés ganó
el primer premio en el concurso para la estatua de La
Pola organizado por el Ministerio de Instrucción
Pública, realizó el proyecto que había presentado en
la Exposición de 1899. La respuesta parece estar en la
finalidad del concurso: “premiar con diploma de
primera clase y medalla de oro al mejor esbozo de un
monumento a Policarpa Salavarrieta”24, es decir, que
el Ministerio organizó el concurso para destacar el
mejor proyecto, pero no destinó recursos para la
realización de la obra ni los solicitó al gobierno.
Por ello en el acta de la Junta del centenario el 6 de
agosto de 1910 se reciben: “las dos medallas de oro y
plata respectivas, mandadas a fabricar al efecto por
el mismo Ministerio”25, y hasta ahí llegaron estos
proyectos.
«La Pola» de cementoFinalmente la estatua de La Pola
en la plazuela de Las Aguas fue realizada por Dionisio
Cortés en cemento, aunque no se conocen documentos que
prueben la entrega del material por parte de la Junta
del Centenario (asunto que no sorprende, después de
los casos ya descritos sobre la volubilidad de las
decisiones de la junta). Además, en las reseñas de la
inauguración, en donde se dan todos los créditos de
comitentes y autores de las obras, no se menciona a
los señores Samper, tan interesados en promocionar su
cemento, el mismo que se utilizó para hacer el Quiosco
de la Luz.
Es decir, la estatua de La Pola fue realizada
enteramente por la Asociación de vecinos de Las Aguas.
Resulta significativo que en el libro conmemorativo
del centenario se afirme que “se modeló en cemento una
estatua de esta heroína, monumento que debe
remplazarse más tarde por uno de bronce”26, afirmación
planteada como una necesidad que no había sido
expresada por los comitentes. Se podría pensar que
esta intención no era pasar el mismo monumento a
bronce sino “remplazarlo por uno de bronce”, como lo
hicieran en el caso de la estatua de Sucre que iba a
instalarse en la plazuela Inauguración de la estatua
de Policarpa Salavarrieta en la antigua Plazuela de
Las Aguas el 29 de julio de 1910de San Agustín y
encargada a Raoul Charles Verlet, obra que no alcanzó
a llegar para las fechas planeadas en la celebración
del centenario, por lo cual la Comisión decidió
encargar a la Escuela de Bellas Artes de Bogotá una
estatua de Sucre para ser inaugurada el día previsto
en el centenario con carácter temporal, ésta fue
realizada por Eugenio Zerda también en cemento. Dos
años después fue remplazada por la estatua de Sucre
hecha por Verlet en Francia.
El paso a bronce de La Pola no se consideró en los
años siguientes a la instalación de la obra. En 1938,
Roberto Cortázar recuerda la necesidad de hacer este
cambio: “No estará lejano el día en que la
municipalidad cambie la actual estatua por otra de
metal menos perecedero”27. El día llegó en 1967,
cuando por iniciativa de la Junta de festejos patrios
de la Academia Colombiana de Historia y con motivo del
sesquicentenario de la muerte de Policarpa
Salavarrieta, se hizo un contrato con el escultor
peruano radicado en Colombia, Gerardo Benítez
(Arequipa, 1933). Según Alfredo Bateman, miembro de
dicha Junta “el paso de los años, las pedradas, el
estacionamiento de zorreros cerca había desfigurado la
estatua a la cual le faltaban ya narices, un pie,
etc.”28. Benítez desmontó la obra de cemento, sacó el
molde de la obra y restituyó las partes faltantes29.
Por otra parte, la Junta decidió sustituir el pedestal
original cuya única inscripción era el famoso anagrama
“Yace por salvar la patria”, por tres placas de piedra
grabada, la frontal dice: “Policarpa Salavarrieta
Ríos/“La Pola”/Nació en Guaduas/el 26 de enero/de
1795/Fusilada en Bogotá/el 14 de noviembre de
1817/Homenaje de el/Colegio Militar Antonio Ricaurte”.
La placa lateral izquierda: “Aunque mujer y joven/me
sobra valor para/sufrir la muerte/y mil muertes
más/viva la libertad” y la placa lateral derecha:
“Antes de morir dijo/pueblo indolente/distinta sería
vuestra/suerte si conocieras/el precio de la
libertad”. ConclusiónEntonces, ¿cuál era la posición
del gobierno y de la Junta del centenario ante los
artistas colombianos?, pues si bien se evitan sus
obras para el espacio público con motivo del
centenario, también se plantea un concurso de
escultura “para premiar los mejores bustos, relieves o
bocetos de varones ilustres de Colombia, así como las
mejores alegorías, obras igualmente de artistas
nacionales”30. Esto es, se pretendía apoyar a los
artistas nacionales mediante concursos, pero con el
prejuicio de que sus obras no eran suficientemente
buenas para recibir un contrato del gobierno y ser
instaladas en la ciudad con carácter permanente. Estas
consideraciones llevan a señalar el Monumento a
Policarpa Salavarrieta como excepcional debido a las
condiciones especiales en que surgió y por ser una
obra concebida por un artista que combatió fuertemente
con el medio cultural bogotano que insistió durante
largo tiempo en encargar las esculturas conmemorativas
a escultores extranjeros que, como anotaba años
después Francisco Antonio Cano sobre las obras de
Verlet, “¡por mucho que haga, no es natural o común
que llegue a pensar con la intensidad de un
compatriota un personaje patrio de nuestra
historia!”31, pues Verlet, artista a quien se
encargaron cuatro obras para Bogotá, Popayán y varios
bustos entre 1910 y 1916, nunca estuvo en Colombia y
para realizar sus obras, debía contar como materia
prima con una serie de grabados y retratos literarios
de los héroes, con el fin de realizar las obras que
aún hoy permanecen.
El panorama presentado hasta ahora no tuvo mayores
cambios durante las siguientes décadas. El limitado
número de obras conocidas de Dionisio Cortés muestran
que a pesar de haber sido el primero en montar un
taller de fundición de bronce en Colombia, no recibió
nunca un encargo oficial, como tampoco lo recibieron
sus alumnos de la Escuela de Artes Decorativas que
funcionaba desde 1905 en Bogotá en donde trabajó como
profesor de fundición en bronce hasta 1918, fecha en
que fue cerrada dicha Escuela. Es decir, que si bien
se contaba con una incipiente infraestructura para la
realización de monumentos, el gobierno nunca la apoyó
con otra cosa que no fueran medallas y diplomas. Los
productos del taller de fundición eran placas o
figuras subsidiarias como sucedió en 1915 con el
encargo que recibió Cortés para hacer el águila y el
escudo del mausoleo de Rafael Uribe Uribe en el
Cementerio Central de Bogotá. Encargo que con
seguridad recibió contra su voluntad o movido por su
difícil situación económica, no sólo por tratarse de
figuras subsidiarias, sino porque además estaban
sujetas a la aprobación y modificaciones que hiciera
el director del monumento Gastón Lelarge. Las grandes
sumas de dinero que se destinaron para encargar las
obras en Europa y la confianza que se tuvo en artistas
extranjeros, se habría podido depositar en un taller
de fundición en Bogotá para beneficio de los
escultores nacionales o mejorar el que existía en la
Escuela de Artes Decorativas. Notas1Dentro de sus
obras se destacan la estatua del Cardenal Fortegueri
en la Plaza de la Catedral de Pistoia (1863) y la de
Ciro Menotti en Modena (1879) y algunas obras en el
palacio Real de Roma. En Brasil, el busto del
Emperador Pedro II y en Portugal los bustos de la
reina María de Saboya, del príncipe Carlos y del
príncipe don Alfonso.2Catálogo. Dionisio Cortés M.
Escultor. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1982, s.p.
[Textos de Aída Martínez, Ana Roda y Margarita
Monsalve].3En la iconografía de Policarpa Salavarrieta
se clasifica esta obra dentro de la sección
“iconografía sin referentes”. Ver Beatriz González,
Marta Segura. La Pola 200. Cuadernos Iconográficos del
Museo Nacional de Colombia, Nº 1. Bogotá: Museo
Nacional de Colombia, Litografía Arco, 1996, p. 31.4El
Heraldo, 17 y 22 de agosto de 1899. Citado por Víctor
Alberto Quinche en “Los orígenes de la crítica de arte
en Colombia”, Universidad del Rosario, s.f., tomado de
www.urosario.edu.co/FASE1/ciencias_humanas/
documentos/facultades/pdf/R66.pdf5Carlos Reyero, La
escultura conmemorativa en España. Madrid: Editorial
Cátedra, 1999.6El Heraldo, 17 y 22 de agosto de 1899.
Citado por V. Quinche, Ob. cit.7J. Albarracín (Albar),
Ob. cit., pp. 41 y 42.8Los premios fueron otorgados a
Joaquín María Páez por la obra Prometeo (arcilla) y a
un busto de señorita de Pedro L. Martín, y una medalla
a Eladio Montoya por “sus trabajos tallados en
madera”. Jurados: Pedro Carlos Manrique, Otto
Schroeder, León Villaveces y Luigi Ramelli.9Del fallo
del jurado, citado por Albar, Ob. cit., p. 42.10J.
Albarracín (Albar), Ob. cit., pp. 52 y 53.11Diario
Oficial, año XXIX, núm. 9279, Bogotá, miércoles 4 de
octubre de 1893, p. 1.12Catálogo. Dionisio Cortés M.
Escultor, Ob. cit., s.p.
13Sesión del 7 de septiembre de 1909, publicada en
la Revista del Centenario, no. 1, Bogotá, 14 de
febrero de 1910, p. 3.14La estatua de yeso estuvo en
la Escuela de Bellas Artes hasta 1895, cuando fue
destruida durante la guerra civil cuando “la
soldadesca se apropió del edificio y estableció sus
cuarteles en él”. Carmen Ortega Ricaurte, Diccionario
de artistas en Colombia. Bogotá: Plaza y Janés,
1979.15Sesión del 7 de noviembre de 1909, publicada en
la Revista del Centenario, núm. 1, Bogotá, 14 de
febrero de 1910, p. 5.16Sesión del 3 de diciembre de
1909, publicada en la Revista del Centenario, núm. 2,
Bogotá, 18 de febrero de 1910, p. 13.17Sesión del 10
de diciembre de 1909, publicada en la Revista del
Centenario, núm. 3, Bogotá, 23 de febrero de 1910, p.
18.18La obra fue trasladada en 1948 al Palacio de
Nariño, donde se encuentra actualmente.19Lorenzo
Marroquín y Emiliano Isaza, Primer centenario de la
independencia de Colombia. 1810-1910. Bogotá: Escuela
Tipográfica Salesiana, 1911, p. 354.20Ibid.21Acuerdo
30 del Concejo Municipal de Bogotá, expedido el 30 de
noviembre de 1894. 22Revista del Centenario, núm. 20,
Bogotá, julio 8 de 1910, pp. 154 y 155.23Sección
documentos, en Revista del Centenario, núm. 17,
Bogotá, mayo 25 de 1910, p. 129.24L. Marroquín y E.
Isaza, Primer centenario […], Ob. cit., p.
351.25Sección documentos, en Revista del Centenario,
núm. 23, Bogotá, 13 de septiembre de 1910, p. 177.26L.
Marroquín y E. Isaza, Primer centenario […], Ob. cit.,
p. 353.27Roberto Cortázar, Monumentos, estatuas,
bustos, medallones e inscripciones existentes en
Bogotá en 1938. Bogotá: Editorial Selecta, 1938, p.
323. Al parecer esta afirmación dio origen a una
confusión constante en el siglo XX en donde se afirma
que la estatua fue originalmente fundida en cobre. Ver
Germán Rubiano, Escultura colombiana del siglo XX.
Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1983.; C. Ortega, Ob.
cit.; Catálogo. Dionisio Cortés Mesa, Ob. cit., entre
otros.28Alfredo Bateman, Estatuas y monumentos de
Bogotá. Anécdotas. Bogotá: Sociedad Colombiana de
Ingenieros, 2002, p. 40.29Según el análisis químico
realizado por Darío Rodríguez y presentado en el
informe de conservación, la obra esta fundida en latón
(aleación de cobre con cinc) y no en bronce (aleación
de cobre con estaño). Temístocles Suárez, Memoria
técnica Policarpa Salavarrieta Ríos. Bogotá, julio de
2005. Archivo IDU.30Revista del Centenario, Sección
documentos, núm. 5, Bogotá: marzo 2 de 1910, p.
37.31Francisco Antonio Cano, en El Gráfico. Bogotá:
marzo 10 de 1917. Publicado en Miguel Escobar Calle
(comp.) Francisco Antonio Cano. Notas artísticas.
Medellín: Extensión Cultural Departamental, 1987.32Hay
una reseña de la primera exposición realizada en este
taller, por los alumnos de Dionisio Cortés en El Nuevo
Tiempo, en julio de 1906, en donde se destaca “el
adelanto obtenido en esta materia, hasta ayer
desconocida e irrealizable entre nosotros”. Citado en
Catálogo. Dionisio Cortés […], Ob. cit.,
s.p.BibliografíaAlbarracín, Jacinto (Albar).
Exposición Nacional de Bellas Artes, 1899. Los
artistas y sus críticos. Bogotá: Imprenta y Librería
de Medardo Rivas, 1899.Catálogo. Dionisio Cortés M.
Escultor. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1982.
[Textos de Aída Martínez, Ana Roda y Margarita
Monsalve].
Bateman, Alfredo. Estatuas y monumentos de Bogotá.
Anécdotas. Bogotá: Sociedad Colombiana de Ingenieros,
2002.Cortázar, Roberto. Monumentos, estatuas, bustos,
medallones e inscripciones existentes en Bogotá en
1938. Bogotá: Editorial Selecta, 1938.González,
Beatriz; Segura, Martha. La Pola 200. Cuadernos
Iconográficos del Museo Nacional de Colombia, Nº 1.
Bogotá: Museo Nacional de Colombia, Litografía Arco,
1996.Escobar Calle, Miguel (compilador). Francisco
Antonio Cano. Notas artísticas. Medellín: Extensión
Cultural Departamental, 1987.Marroquín, Lorenzo e
Isaza, Emiliano. Primer centenario de la independencia
de Colombia. 1810-1910. Bogotá: Escuela Tipográfica
Salesiana, 1911.Ortega Ricaurte, Carmen. Diccionario
de artistas en Colombia. Bogotá: Plaza y Janés,
1979.Revista del Centenario, Bogotá, 1909-1910.Reyero,
Carlos. La escultura conmemorativa en España. Madrid:
Editorial Cátedra, 1999.Rubiano Caballero, Germán.
Escultura colombiana del siglo XX. Bogotá: Fondo
Cultural Cafetero, 1983.Suárez, Temístocles. Memoria
técnica Policarpa Salavarrieta Ríos. Bogotá: julio de
2005. Archivo Instituto de desarrollo urbano (IDU).
MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA.
http://www.museonacional.gov.co/cmpola.pdf